Sábado por la mañana, son las 11:25 y me queda poco más de quince minutos para llegar a Valladolid. Ya he probado a leerme un libro de actitud en el trabajo y un boletín de novedades tecnológicas para no quedarme dormido. Mientras pienso que seguramente no sean las mejores elecciones, Muchachito retumba a través de los cascos que llevo enganchados al portátil, "un día soñando en un sueño soñé que estaba soñando contigo". Me quito las gafas, giro la cabeza hacia la ventanilla en disposición de dormirme y entonces me viene a la memoria el post de Daviz de hace unos días, una imagen de la Castilla plana y amarilla que tan buen cobijo me ofrece cuando lo necesito y que ahora se asoma a través de la ventana del tren (impresionante por cierto la definición de trenes de Joaquín Sabína: animales mitológicos que simbolizaban la huída). Me reactivo, pienso que tengo mucho por hacer en mi ciudad, el sol resplandeciente me ayuda a recuperar energías, hoy es uno de esos días de invierno en los que el cielo parece ser la continuación perfecta de un mar tranquilo y cristalino. Estamos en las afueras de Valladolid, y veo zonas de chalets y obras de carreteras que apenas logro situar, la vida fluye aunque tú no estés presente en ese lugar. Paso al lado de la casa de mis tíos, al lado de la casa de un buen amigo, y por fin se pasa el Arco Ladrillo, punto que años atrás marcaba el inicio de la ciudad y que hoy no es más que un adorno cercano a la estación. Comienza la segunda etapa de mi viaje, después de unos días en Madrid insuperables, así de mal acostumbrado me tienen mis amigos.
Qué sensación, montado en el tren. Regreso a casa, días de encierro que se acaban. Hace sol, un día luminoso, dorado. Por un rato, dejo de mirar el portátil y miro por la ventana. Para descansar la vista, y la mente. Veo los campos de Castilla fluir por la ventana: el verde, el amarillo, oro, se diluyen en una corriente borrosa que se difumina, viscosa, por el borde del vidrio. Muchas veces me imagino cómo se debe ver, como se debe sentir, estar al otro lado, a pie de via en ese momento en que miro por la ventana. Oyes de lejos el sonido creciente del doppler, desde el punto de fuga allá, casi hacia al infinito; y unos segundos más tarde, pasa la lanzadera a mas de doscientos kilometros por hora, miras en la ventana y descubres, deshilachándose, la forma del viajero observando el fluido paisaje. Y él te mira a ti. Y en ese momento, un solo instante, en que la vista de los dos se cruza - el yo del vagón, y el yo a pie de vía- el tiempo se para y algo debe crujir en el tejido del universo; una percepción de la realidad que se debe de curvar en algún sitio, ¿en todos?. En tu cabeza, en la mía.
No sé porqué pero desde pequeño imaginé así la relatividad.
Coincidencia, que Henry y yo fueramos a decidirnos por la siguiente estación el mismo día, para la misma época! Mientras él reservaba billete para pampa y tango, yo lo hacía para café y cumbia. ¡Litoral caribe, allá voy...!
Ya se ha terminado mi viaje mejicano, y con él, las vacaciones. Vuelta a la realidad, como en los viajes ricos en experiencias, la vuelta es un punto de inflexión con la añoranza de lo pasado en la lengua, y la intriga y curiosidad por lo que está por venir. Ahora, sentado en el salón de mi casa, mientras escucho el infinito disco de Café Tacvba que Jesús compró en San Juan Chamula, estaba intentado, mientras la memoria aun esté fresca, recordar qué ha sido lo mejor del viaje.
No es la primera vez que lo pienso en los últimos días; se convierte una especie de letanía para recordar, para fijar y no olvidar. Pues bien, lo mejor del viaje no ha sido la comida, desde luego, ni las carreteras, detalles sin importancia. Los sitios han sido increíbles. En mi memoria, queda bien impreso Bonampak y la cascada, el sonido de la selva, las noches de San Cristobal de las Casas y la acrópolis estelar de Toniná. Sin embargo, creo que lo mejor del viaje fue, como casi siempre, la gente que te encuentras y con la que interactúas.
Ahora viene a mi cabeza Barbarella, locuaz diseñadora gráfica y amante del manga y de la serie Aida. Cómo me gusta la gente que siempre habla sonriendo, que se preocupa por que te encuentres agusto. Me encanta la gente cuya pasión es leer y es capaz de inculcar éso en los demás. Ella vive con su madre y su familia en medio del zoológico de Tuxtla que lleva el nombre de su ilustre padre, Miguel Álvarez del Toro, responsable de que hoy en Chiapas existan reservas de la biosfera. Su madre me mostró las hojas del magueicito que podrían haber sanado mi mal de estómago ¡que pena que su consejo, Doña Clementina, llegara tarde!
Luego me acuerdo de la "diosa de blanco", nuestro guiño particular hacia una viejecita ausente que nos sacó a bailar con la marimba en la plaza mayor, por turno, a Jesús y a mi en las fiestas de Comitán de Dominguez. A Jesús le hicieron un corro los demás bailarines, y a mi me sacó entre aplausos del (poco, afortunadamente) público congregado. Y todo para bailar con nosotros con aquel rictus de indiferencia y aburrimiento en la cara de la anciana, que lucía de blanco impecable. ¿Le estaría pagando el ayuntamiento para hacernos pasar vergüenza en público?
El viaje estuvo lleno de más gente, como las maestras brasileñas pre-jubiladas buscando desesperadamente el iPhone en Ciudad de Mexico a las que me encontraba recurrentemente; o los italo-americanos con los que visité Teotihuacán que me hablaron de una posible Unión NorteAmericana; o aquel chavalin de Xochimilco que jugaba a la pelota vasca (!!) que me encontré en el cercanías en Ciudad de Mexico.
Quizás por ser el recuerdo más reciente, me estaba acordando del barquero de Boca del Cielo, que nos pasó desde la orilla de la tierra a la isla-brazo de tierra, que por apenas 15 euros nos cruzó el mar tranquilo, nos enseñó los manglares, nos mostró el criadero de tortugas y los pescadores de mojarra, y nos dejó conducir su barca-motor por aquella especie de lago. Carlos Manuel, un chamaco de unos 18 años, sorprendido de que no estuvierámos ya casados como él lo estaba. Aburrido de su paz, no se separó de nosotros en toda la estancia. La novedad de los visitantes. El chaval barquero me preguntó en un momento dado:
"¿... a España ...qué se va, en avión o en autobús? ".
Jesús y yo nos cruzamos miradas. Sonrisa cómplice y sorpresa en silencio. Jesús me contó después, cuando el barquero se alejó un momento, que estos chiapanecos no salen nunca de su poblado, muchas veces se van muy lejos a trabajar, pero vuelven enseguida sin experiencias nuevas, sin conocer aquella ciudad lejana, añorando el poblado patrio. También la influencia de su familia pesa "ay pa'que te vas a ir m'hijito tan lejos.. si te puedes quedar aqui con nosotros". El efecto boca del cielo: la gente no sale de su micro-cosmos, sus miedos y las costumbres le eliminan inquietudes y deseos de volar. En la despedida, el joven barquero nos pidió nuestros números de teléfono, para seguir en contacto desde la cabina del poblado. Como me explicó Jesús, esta gente podrá ser cómo es y tener sus limitaciones, pueden no desear salir de su calle durante en toda su vida, pero puede que sean las personas más leales y de corazón amplio que se puedan encontrar.
Y de todas las personas del viaje: Jesús. Él hereda lo mejor de dos mundos: el corazón de los chiapanecos sencillos; y el afán de volar, de conocer, de superarse, más propio quizás de los norteños y cosmopolitas.
Hace unos días estaba en el Corte Inglés, creo que comprando alguna cosilla que todavía me hacía falta para el viaje. Siempre me gusta pasarme por la sección de libros, aunque no vaya a comprar ninguno. Esta vez, me fije en que cerca de la caja habia una cubeta con restos de agua, y unos cuantos libros metidos, con un cartel que rezaba "libros acuáticos". ¡qué curioso! Pues comprobé que efectivamente los libros ahi metidos estaban húmedos, pero sus hojas no se habían deshecho ni borrado, tan sólo se habían vuelto...algo así como moldeables. Pensé que podría ser un regalo curioso para alguien que le gustara leer y que le gustara la piscina. Así no se le estropearían los libros con el agua. La verdad que no se me ocurrió nadie en ese momento que le pudiera gustar ambas cosas, más que yo mismo. Aquí seguramente nuestra querida Riconcito es donde nos achacaría el consumismo y esas cosas, pero no pude evitar querer comprar un libro de verano. En fin, no sabía cuál llevarme y entonces lo vi: Malinche, de Laura Esquivel. Al leer la contraportada, vi que era la autora de "Cómo agua para chocolate", podría estar bien. Recordé además que ya antes había oido ese término, Malinche. Mi amigo chiapaneco me había hablado del "malinchismo": en México, la preferencia de lo foráneo respecto a lo propio. La mal llamada Malinche fue la indígena que actúo como traductora de castellano a nahuatl para el conquistador Hernán Cortés, además de amante, y de la que se piensa tuvo un papel fundamental en la caida del imperio Azteca. Pues os podéis imaginar, olvidé completamente la chorrada de los libros acuáticos y pregunté si lo tenían en una edición en papel normal, pero sólo lo tenían en aquel raro papel. ¡Y menudo papel ha jugado el libro! Empecé a leerlo mientras sobrevolabamos el Atlántico, y he seguido leyéndolo en cada rincón de la Ciudad de Mexico donde hubiera oportunidad: en el Bosque de Chapultepec, en el Zócalo, en la cafetería-pórtico del palacio de Bellas Artes, sentado en uno de esos bancos estrámboticos del Paseo de la Reforma, en un Sanborns después de desayunar, en un Starbucks de la Zona Rosa para merendar, en la ciudad de los dioses de Teotihuacan mientras esperaba al resto del grupo, incluso en el metro camino de la particular venecia defeña, Xochimilco. ¡Y cómo me ha servido leerlo! Con una sensibilidad y magia increible, la autora narra la visión de la india Malinalli sobre los acontecimientos que tienen lugar en torno a 1521 desde la llegada de Cortés a tierra Mexica hasta la conquista casi completa del norte de Mesoamérica, incluyendo la caida del centro de los Azteca, la gran ciudad de Tenochtitlan.Todo ello mezclando datos históricos con la magia de los dioses prehispánicos y las costumbres propias de los pueblos mesoamericanos. La indigena Malinalli, pensando que si bien Cortés y los españoles puede que no sean los enviados del dios Quetzalcoatl como el emperador Azteca piensa, sí que pueden servir como instrumento para que los Azteca abandonen los sacrificios humanos. En fin, toda la mitología que se incluye en ese argumento la he podido ir comprobando poco a poco en los diversos museos, y rincones de la ciudad que he visitado. Ahora conozco un poquitín más de la historia de los Mexica (los Azteca) y alguno de los pueblos que les rendían pleitesía y pagaban tributo.
La siguiente etapa del viaje, hacia el sur, hacia los dominios de los Maya. Aquí termina mi experiencia capitalina. Me voy contento de esta vez, haber tener tenido la oportunidad de visitar y conocer todos los sitios que la última vez no pude y quise. Y algunos más. Siguiente parada, Villahermosa en Tabasco.
Como suele despedirse Martanauta: son las 22:15 de la noche. La temperatura exterior es de unos quince grados y sigue lloviendo en Ciudad de Mexico.
Hoy empieza mi viaje. Las próximas tres semanas me mudo de continente. ¡Las ansiadas vacaciones! ¿Qué me deparará el futuro? No lo sé, pero es bastante excitante. Estoy intrigado, emocionado y expectante. Cómo ya os he contado miles de veces, mi plan es pasar unos días en la Ciudad de Mexico para ver aquello que no pude ver la última vez, en especial la ciudad de Teotihuacán. Luego la ruta sigue por el sureste del país:
El mapa no es más que una aproximación. No sé si será posible hacer esa ruta, pero da una idea. Hay una cosa en los viajes de este tipo: siempre hay cambios. La persona que se va no es la misma que se viene. Al menos en mi caso es lo que ha pasado en los dos últimos viajes, este invierno y el verano pasado. Supusieron grandes pequeños cambios, enormes para mi y quizás minucias para los demás. Hay un probervio que sólo he oido en inglés, aunque creo que es de origen francés: "the more things change, the more they stay the same". Nada cambia demasiado. Quizás quiera decir, aplicado a esto, que los cambios no hacen más que revelar y acercar a uno mismo a su esencia, que es inmutable.
En fin, no divago más. Mucha suerte a todos. Aunque los planes se hayan torcido, y las cosas no estén saliendo como desearíais, al final siempre hay una ventanita para disfrutar en las adversidades. Puede que sea palabrería, pero dejemos pasar el tiempo.
Esta mañana mientras iba al trabajo estaba inmerso en ensoñaciones y recordando mi primera estancia, hace unos meses, en la Ciudad de Mexico. Recuerdo la vista desde el avión, de madrugada, un campo de luces infinito. Había sido un viaje largo y pesado, sin poder apenas dormir desde el despegue de Perú a la una de la madrugada hasta ese momento en el que la nave de Aeromexico empezaba a planear sobre la ciudad, aún de noche. La melancolía me había invadido, mezclada con la pesadez típica de mis despertares. Tenía el cuerpo cansado y el ánimo sin fuerza, y sólo sentía pesar por la marcha, por lo que dejaba atrás.
El otro mundo. Sudámerica, Perú, Lima, el Cuzco de los Inca, los Andes, la ciudad perdida de Machu Picchu, Hiram Birgham. Todo eso es lo que dejaba atrás, y me pesaba. Ya nunca más pasarearía por el Malecom de la Reserva al atardecer, adiós a Barranco, nunca más habría puestas de sol sobre el Pacífico, ni aquel cielo violeta y fuego. Ya no volvería a apoyarme en una barandilla del LarcoMar oyendo sin más como las olas iban y venían. Dejar los pensamientos flotar mientras escuchaba cómo se agitaban las piedras de la orilla setenta metros abajo, en picado. Nunca más los viajes del infierno al cielo, del centro, del Tablero a Miraflores. Nunca más travesías en taxis destartalados, diminutos, cajas de cerillas, por los que un indio al que apenas entendía su castellano me cobraría ni dos euros por 20 minutos de carrera "Son seis soles, señor". Nunca más tomaría el helado de lúcuma al salir de trabajar "son cinco soles, señor", ni el pisco souer antes de cenar, se acabó el manjarblanco "señor, aquí tiene sus tortitas", el suspiro de Limeña, el ceviche ni tantas otras cosas. Fin de la dicotomía entre la repulsa que sentía por el acentuado clasismo peruano "Por aquí, señor, yo le ayudo, señor", y la privilegiada posición del europeo caucásico. Recién salido de Perú, ya añoraba la Lima gris, los días allí, el claroscuro y a su gente.
No quería estar en Mexico, no quería que el avión aterrizara en el Juarez internacional. Date media vuelta, vámonos otra vez al sur. O simplemente gira hacia España y ¡volvamos ya! Me daba ánimos a mí mismo pensando en que tan sólo serían cuatro días en aquella ciudad bestialmente grande, de la que tan mal había oido hablar, y que tan peligrosa me parecía. Desde que me comunicaron que tendría que ir a América, México siempre habría representado la parte fea del viaje, el escollo a salvar. Está bien, sólo trabajaré y me quedaré en el hotel sin hacer nada. No tengo porqué salir a nada. Recuerdo el taxi que me llevó desde el aeropuerto al hotel. Una hora de espera para cruzar la aduana, y una hora más en el coche que me habían reservado, sumergidos en tráfico, y atravesando barrios desvencijados. Tampoco diferente a Lima, pero allí no encontraría mar, ni Pacífico, ni paisajes. ¡Qué ciudad tan fea!
Esos fueron mis pensamientos al llegar a Mexico, la segunda ciudad más grande del mundo. En el avión de regreso a España, mismos sentimientos de pena y añoranza. De tristeza. Pero esta vez no eran por Perú, si no por dejar atrás una ciudad apasionante, llena de historia e historias, moderna- con demasiado tráfico sí, pero bulliciosa, viva, inabarcable. Reforma, el Zócalo y la catedral, Coyoacan ,el parque de Chapultepec, las civilizaciones Mayas, Olmecas, Chichimecas, Aztecas, Teotihuacanos,... la noche del Parque Hundido.
Hoy estuve leyendo sobre la fundación de Tenochtitlan, la actual ciudad de Mexico, y su etimología. "Los aztecas arribaron al lago de la Luna, donde al centro del mismo había una isla cuyo nombre era México, de Metztli (luna), xictli (ombligo) y co, (lugar): El centro del lago de la Luna". La ciudad de los Azteca o Mexica fue fundado en un islote en el centro del enorme lago de Mexhico.
Amigos, en apenas dos meses vuelvo de vacaciones a Mexico, esta vez voluntariamente y con mucho gusto.
Me he pasado un rato trasteando con Google Maps, y el resultado es el mapa que veis a continuación. Además, si todo funciona como debería al pulsar sobre los puntos del mapa aparecerá una breve descripción sobre lo más curioso o bonito que nos ha pasado en el viaje.
Como resumen, ha sido una gran experiencia. Hemos hablado con bastante gente y me traigo la sensación de que todos somos diferentes, pero todos somos iguales. Que las diferencias entre pueblos que muchas veces oimos en la televisión no son tales, y que puedes encontrarte gente maravillosa en cualquier parte del mundo. Mis dos momentos del viaje fueron:
- pasar la noche en una tienda de campaña de bereberes. Repentinamente nos hizo compañía durante una hora un anciano, que nos dio té, pan y nociones básicas de bereber que usamos con más o menos destreza el resto del viaje.
- dar una camiseta a una niña de la calle en Marrakech. Iba con su madre pidiendo limosna, y al darle una camiseta cambió su cara, me regaló una sonrisa tremenda, incluso la madre sonrió. Moraleja, nuestra labor como turistas debe ir más allá de ofrecer una limosna a la gente que encontramos por la calle, principalmente a los niños, no debemos dar la educación de que pueden pasar la vida viviendo de la limosna. Luego como de costumbre mi mente me martirizaba por no haber llevado más camisetas para dar a los niños, pero como de todo se aprende, espero que la próxima vez lleve más cosas de las que me traje de vuelta.
Ya estamos de vuelta, no por decisión propia sino por imperativo del guión, se acabaron las vacaciones y teníamos cita con el patíbulo de nuevo. Bueno, no el patíbulo, que ya va siendo hora de dejar de exagerar con este tema, como el buen Daviz me ha hecho ver en estos días. Digamos mejor que volvemos a las obligaciones del día a día, y a sus alegrías, y a sus agradables encuentros, y a sus enriquecedoras sorpresas. Pero no vuelvo igual, no vuelvo al mismo punto, sino a uno paralelo pero no el mismo, estos dias de soledad compartida, de descubrimientos y de purga de estúpidos complejos deben servir para comenzar un nuevo camino tantas veces postergado, basta de quejas sin acción, basta de protestas sin acción, basta de melancolía sin acción. Llegó el momento, el fin de la primera parte, el comienzo de una segunda en que los méritos contraidos marcarán los premios conseguidos, no hay premio sin esfuerzo, así que aquí estamos dispuestos a merecer lo que soñamos en nuestro interior, para ello lo primero como he escuchado, no sin rabia e inútiles defensas, es creerme yo mismo lo que intento que crean los demás. No más palabras vacías, no mas esfuerzos por encima del cuello, ahora les toca a las piernas y los brazos, como dijo Machado, "caminante no hay camino, se hace camino al andar, caminante no hay camino, sino estelas en el mar.." Estoy profundamente agradecido a lo vivido, al maravilloso lugar que hemos conocido, a las hospitalarias gentes que hemos encontrado, que nos han hecho ver que el mundo está plagado de buena gente y no es solo lo que los telediarios se esfuerzan en vendernos, y a mi compañero de aventuras, grande, muy grande, (eso sí solo hasta las 12 de la noche, antes del ataque de la narcolepsia), me alegro de que nuestros caminos se cruzaran algún día.
Hoy hemos pasado el dia navegando por el delta del Danubio, un espectaculo precioso, y eso que al no tener tiempo suficiente ni contactos adecuados hemos tenido que conformarnos con hacer un recorrido tipico, seguro que los lugarenos habran visto maravillas que han quedado ocultas a nuestros ojos. Aun asi, ha sido suficiente para apreciar la efervescencia de la naturaleza en este lugar, la inmensidad de agua, tierra y fauna, apenas colonizada por el hombre, sin carreteras que la mancillen y la limiten en su magnitud. Y en medio de este mundo acuatico, que pensabamos prohibido para los hombres hemos encontrado algunos aventureros, que desafian las duras condiciones para vivir lejos de lo que nosotros hemos acostumbrado a llamar hogar, las ciudades. Por supuesto la vida aqui no sera facil, plagada de trabajo, esfuerzo y dificultades, pero uno no puede evitar preguntarse viendo a esta gente, como hemos llegado a vivir millones de personas juntas en una ciudad hecha de hormigon, ladrillo y cemento y carente cada vez mas del contacto con la naturaleza. Estamos en el tramo final de nuestro viaje, hemos recorrido la Transilvania medieval, los impresionantes Carpatos, y la sorprendente Moldavia, con un contraste absoluto entre la noche y el dia, en este ultimo se palpa la vida y el ajetreo, pero al ocultarse el sol, como si de una maldicion se tratara se esconde todo rastro de vida, y los pueblos quedan envueltos en un impenetrable manto de silencio. Lo mas interesante de este viaje no han sido los maravillosos paisajes, ni tampoco los admirables contrastes en una pais tan rico por lo variado, sino el comun denominador de la gente, su hospitalidad, su amabilidad. Dado que no hablamos su idioma y que mi ingles deja bastante que desear y el suyo en muchos casos tambien, la comunicacion requeria un extra de esfuerzo, que no estaban para nada obligados a hacer. Pero aunque no tuvieran porque hacerlo, toda la gente que hemos encontrado lo ha hecho. Todos se han esforzado en hacernos sentir comodos, en ayudarnos en lo posible, y nos han dado una leccion de cuan estupidos pueden ser los juicios a priori, y las opiniones trasladadas de boca en boca sin ningun fundamento. Hoy hablamos con una pareja de rumanos que nos han estado contando mil cosas sobre la situacion de Rumania y la historia que arrastra, y nos han trasladado lo molestos que se sienten con la opinion que de Rumania se tiene en otros paises supuestamente mas avanzados, opinion llena de prejuicios y vacia de realidades. No podremos cambiar la opinion del mundo, ni tan siquiera lo pretendemos, solo puedo decir que yo he aprendido mucho del ser humano y de mi mismo gracias a su actitud.
Hoy estamos en Sibiu, capital europea de la cultura en este ano, como el resto de ciudades de los Carpatos meridionales que hemos visitado esta cargada de historia, su parte historica esta repleta de iglesias y museos. Las iglesias rumanas pertenecen en su mayoria a la confesion ortodoxa, en ellas se respira una paz absoluta y mecido en ella uno puede contemplar sus preciosas pinturas y sus majestuosas formas. Desde hace algun tiempo me siento conpletamente alejado de las iglesias como estamentos, sea cual sea la confesion que prediquen, pero continuo sintiendome atraido por la serenidad que se respira en sus templos, ya sea una mezquita, una iglesia cristiana, una iglesia ortodoxa o cualquier otro templo. Se percibe incluso mas en esta region del mundo, ubicada entre las altas montanas de los Carpatos, en ella el tiempo parece haberse detenido, los campesinos realizan sus tareas ayudados por carros tirados por caballos y los habitantes de las ciudades se desplazan en coches viejos y destartalados, como sacados de una pelicula de Jose Luis Lopez Vazquez. No puedo evitar preguntarme que cambios producira la inclusion de Rumania en la Union Europea, por un lado la economia crecera, y eso espero que pueda paliar la inmensa pobreza que una parte de la poblacion soporta, pero por otro lado su riqueza cultural y su riqueza espiritual se veran tambaleadas por el frenesi que acompana como el zumbido de las moscas a los animales en verano al progreso. Habra opiniones para todo, pero a mi me da un poco de pena, en no demasiado tiempo el estres y la ansiedad coparan este tranquilo lugar, espero que al menos el otro efecto tambien se note. En lo que a mi respecta, este viaje esta siendo como esperaba un descubrir continuo, de nuevos lugares, de nueva gente, de la vieja gente, de mi mismo. Es agradable comprobar que el tiempo ha hecho su trabajo y donde antes habia miedo y nerviosismo ante lo desconocido, ahora hay curiosidad y tranquilidad. Siempre he pensado que nuestro interior se proyecta como los rayos del sol hacia el exterior, y este reacciona a nosotros como las plantas a la luz del sol. Cuando uno siente miedo e inseguridad los demas devuelven incomunicacion, en cambio cuando proyectamos tranquilidad y deseo de conocer los demas nos devuelven amistad y conversacion, y es aqui donde empezamos a vivir, donde empezamos a hacernos como personas. Y una vez empezado es un camino que no termina, que nos lleva hasta Itaca. Ayer subi andando hasta una montana, solo para caminar un rato, y descubri un magnifico atardecer, el sol color rojo fuego ocultandose tras los Carpatos y banando con su luz las blancas nubes de algodon, y una sonrisa subio a mis labios, sin motivo , sin porque,.... sin porque no. Manana tomaremos rumbo al norte, hacia los Carpatos Orientales, hacia Moldavia, .... hacia Itaca.
Por fin llegó el día, mañana Daviz y yo salimos a las 10 de la mañana de Madrid con rumbo a Bucarest, nuestra pequeña aventura se inicia en esta ciudad, nos esperan 10 días de viaje por Rumanía, por sus literarios Cárpatos, sus ciudades medievales y sus antiguos monasterios, vigías impertérritos, guardianos arcanos de las enseñanzas de nuestros antecesores y testigos impávidos de nuestro devenir actual, ¿cuántas historias podrían contarnos sus grises piedras?. Cuando algo se planea con demasiada antelación, (más de un día es demasiada antelación para mi atolondrada cabeza) se corre el riesgo de esperar demasiado de las cosas, de imaginar en tu cabeza lo que vas a encontrar y sentirte decepcionado después cuando la tozuda realidad decida mostrarse según sus designios y no tus invenciones. Es por eso que he intentado bloquear toda imagen en mi cabeza que tenga que ver con el viaje, llegar allí lo mas inocente posible, dispusto a empaparme de lo que ocurra y a sumergirme sin miedo en la aventura del viaje, que como todos será hacia fuera y hacia dentro, y nunca sabes cuál de los dos es más importante, en cual descubres cosas más interesantes. Mi mochila guarda todo lo necesario, el libro que me acompaña en este momento, el cuaderno donde volcar todas mis ensoñaciones y la ilusión, esta todo a punto... que comience la aventura....