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viernes, 11 de enero de 2008

Evangelizadores

He de reconocer que mi sorpresa con la querida Iglesia católica va en aumento ultimamente. Primero tenemos que aguantar la "mala baba" y los mensajes apocalípticos de los queridos obispos por las medidas "antidemocráticas" y "contra la familia" que está tomando el actual gobierno, medidas tan "antidemocráticas" como el matrimonio homosexual, antidemocrático para estas santas personas es otorgar derechos a algunos ciudadanos para equipararlos con el resto sin menoscabo de los derechos de los demás. Antidemocrático también parece ser el divorcio "express", que no es ni más ni menos que la capacidad otorgada a cualquier ciudadano de acabar con una situación que le sea negativa de manera rápida, es decir, ejercer la libertad individual es también antidemocrático para sus santidades. Y como no, la joya de la corona en las críticas eclesiásticas es la asigntatura de "educación para la ciudadanía", porque según estos dignísimos prelados el estado no tiene derecho a educar moralmente a los ciudadanos, !que antidemocrático!, para eso ya están ellos, que llevan siglos inoculando sus prejuicios y dogmas en las mentes ignorantes para mayor gloria (y lucro) de la iglesia católica.
Pero como era de esperar, aquí no terminan las cosas, además de vociferar mentiras parece ser que quieren dar un paso más, y volviendo a antiguas tácticas van a lanzar a la calle en Murcia legiones de jovenes evangelizadores. Y no me extraña que lo hagan porque la historia ha demostrado sobradamente el maravilloso efecto que las misiones evangelizadoras cristianas han tenido sobre las poblaciones conquistadas en los siglos precedentes. Maravilloso efecto sobre todo para la iglesia, que ha gozado de un poder casi incontestable en muchísimos países de los llamados subdesarrollados y lo ha utilizado para apoyar dictadores y engordar sus arcas. Eso sí, siglos después pide perdón y aquí paz y después gloria.
Estoy deseando que uno de estos "santos evangelizadores" venga a ilustrarme con sus grandes verdades y sacarme de mi autoengaño de "rojo" para reconducirme al camino correcto y poder hacer las cosas como decía mi padre, "como Dios manda".
Así podría decirle con educación y respeto que por mi Dios puede irse a mandar a las tierras de la Atlántida, que en estas tierras los seres humanos tenemos suficiente cerebro para pensar solos, y no necesitamos "pastores" que nos guien en el camino.
!Por un país verdaderamente laico!, libre de caciques medievales. Apostasía ya.

De niño no me gustaban los libros ni las sotanas
si salir en procesión,
eran tan desobediente como el viento de poniente,
revoltoso y juguetón,

en vez de mirar pal cielo
me puse a medir el suelo que me tocaba de andar,
y nunca seguí el rebaño,
porque ni el pastor ni el amo eran gente de fiar,

como aquel que calla, otorga,
y aunque la ignorancia es sorda,
pude levantar la voz,
más fuerte que los ladríos de los perros consentíos
y que la voz del pastor.

empecé haciendo carreras
por atajos y veredas muy estrechas para mí,
y decían mis vecinos
que llevaba mal camino apartado del redil,

siempre fui esa oveja negra
que supo esquivar las piedras que le tiraban a dar,
y entre más pasan los años
más me aparto del rebaño porque no sé a donde va.


MAREA - COMO EL VIENTO DE PONIENTE



jueves, 12 de julio de 2007

Infelicidad

Gracias a esas maravillosas casualidades que se generan en internet, (no existen las casualidades) he llegado al blog de Eduard Punset, y curioseando en él he encontrado este post, las raíces de la infelicidad.Durante mucho tiempo busqué de manera consciente o inconsciente sentirme desdichado, sentirme víctima de no se muy bien qué,.. por suerte ese tiempo pasó, pero recuerdo vivamente la sensación, y puedo intuir, que no explicar, de donde venía, y hasta incluso como se fué, ... no se si temporal o definitivamente.
Ahora veo a personas muy cercanas, muy queridas para mí recorrer ese mismo camino, y desde la cuneta agito violentamente mis brazos para intentar advertirles, para que no sigan ese camino de infelicidad que no lleva a ningún sitio, y que pese a que no puedan verlo no es el único, no, no lo es,... nunca.
Cuando superé ese ansía desaforada por el lado negro de las cosas se instauró en mí una especie de estoicismo, es decir, acepté que la vida tiene sus momentos buenos y malos, y que si bien los buenos nunca son eternos los malos tampoco, y si los asumes como parte de la vida te das cuenta que ni siquiera son tan malos, que no son para tanto, en esa línea estoy de acuerdo con la opinión de uno de los que comentan el post de Punset, Ibn Luanda:
La gente puede ser infeliz de dos formas muy distintas. Una porque esté en una situación realmente difícil y otra “porque sí”. A la primera yo la llamo infelicidad animal y la equiparo a la infelicidad que puede sentir una cebra cuando es perseguida por un león. Tiene causas reales y, sobre todo, actuales para sentirse mal. La segunda es a la que solemos llamar infelicidad. Y la solución está en cada uno. No hay remedios mágicos ni libros maravillosos que nos digan cómo evitarla. Todo consiste en ser consciente de uno mismo y de lo que pasa alrededor. De mirar las cosas con objetividad, evaluar cada situación a la que nos enfrentemos y de no preocuparse innecesariamente por nada que no signifique un daño físico (que provocaría una infelicidad del primer tipo).

Como en todos los enigmas no hay una respuesta concreta, pero si al menos una intuición, para ser más feliz un buen comienzo es... no empeñarse en ser infeliz.

Algo que me pone la piel de gallina, un poema de Lorca cantado por Marea.
Ciudad de los Gitanos