Mostrando entradas con la etiqueta tren. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tren. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de marzo de 2009

De Regreso (II)

Sábado por la mañana, son las 11:25 y me queda poco más de quince minutos para llegar a Valladolid. Ya he probado a leerme un libro de actitud en el trabajo y un boletín de novedades tecnológicas para no quedarme dormido. Mientras pienso que seguramente no sean las mejores elecciones, Muchachito retumba a través de los cascos que llevo enganchados al portátil, "un día soñando en un sueño soñé que estaba soñando contigo". Me quito las gafas, giro la cabeza hacia la ventanilla en disposición de dormirme y entonces me viene a la memoria el post de Daviz de hace unos días, una imagen de la Castilla plana y amarilla que tan buen cobijo me ofrece cuando lo necesito y que ahora se asoma a través de la ventana del tren (impresionante por cierto la definición de trenes de Joaquín Sabína: animales mitológicos que simbolizaban la huída).
Me reactivo, pienso que tengo mucho por hacer en mi ciudad, el sol resplandeciente me ayuda a recuperar energías, hoy es uno de esos días de invierno en los que el cielo parece ser la continuación perfecta de un mar tranquilo y cristalino.
Estamos en las afueras de Valladolid, y veo zonas de chalets y obras de carreteras que apenas logro situar, la vida fluye aunque tú no estés presente en ese lugar. Paso al lado de la casa de mis tíos, al lado de la casa de un buen amigo, y por fin se pasa el Arco Ladrillo, punto que años atrás marcaba el inicio de la ciudad y que hoy no es más que un adorno cercano a la estación.
Comienza la segunda etapa de mi viaje, después de unos días en Madrid insuperables, así de mal acostumbrado me tienen mis amigos.


jueves, 26 de febrero de 2009

De regreso

Qué sensación, montado en el tren. Regreso a casa, días de encierro que se acaban. Hace sol, un día luminoso, dorado. Por un rato, dejo de mirar el portátil y miro por la ventana. Para descansar la vista, y la mente. Veo los campos de Castilla fluir por la ventana: el verde, el amarillo, oro, se diluyen en una corriente borrosa que se difumina, viscosa, por el borde del vidrio. Muchas veces me imagino cómo se debe ver, como se debe sentir, estar al otro lado, a pie de via en ese momento en que miro por la ventana.
Oyes de lejos el sonido creciente del doppler, desde el punto de fuga allá, casi hacia al infinito; y unos segundos más tarde, pasa la lanzadera a mas de doscientos kilometros por hora, miras en la ventana y descubres, deshilachándose, la forma del viajero observando el fluido paisaje. Y él te mira a ti. Y en ese momento, un solo instante, en que la vista de los dos se cruza - el yo del vagón, y el yo a pie de vía- el tiempo se para y algo debe crujir en el tejido del universo; una percepción de la realidad que se debe de curvar en algún sitio, ¿en todos?. En tu cabeza, en la mía.

No sé porqué pero desde pequeño imaginé así la relatividad.

¡qué bien llegar a casa!