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sábado, 4 de agosto de 2012

Luz de luna

Hace poco que murió Carlos Fuentes, y parece otro pedacito de la leyenda de Mexico esta agonizando hoy. Siento mucho, Chavela, que el viaje a España te haya costado esto.
Me gustó lo que dijiste sobre la vida.

«Ni yo a ella, ni ella a mí, no nos debemos nada, estamos muy bien. Voy a detener mis pasos una mañana temprano, o un atardecer, como quiera, no me cuesta»

miércoles, 13 de agosto de 2008

Wake up! Llaman a la puerta

Estoy lo que se dice comiendo techo, tirada en un colchón de migas de chocolate y galletas. El silencio invade la habitación y su recuerdo mi mente. Llaman con unos golpecitos a la puerta. Sé que no puede ser él pero el “y si fuera” me hace levantarme de un salto desparramando el café por el suelo. Con el corazón a mil abro la puerta. Un encapuchado con las manos agarrándose los codos está al otro lado.

- Lucas? Eres tú?

El encapuchado no me responde y desesperada por la intriga le echo la capucha hacia atrás. Unos ojos negros, puede que los más bonitos que haya visto nunca, me miran fijamente. Sus labios pálidos me dicen:

- Pero no decías que Lucas no merecía ni tu desprecio? Qué no querías ni que se enterase de tu muerte!

-Sí, bueno, ya se sabe como va esto del amor...le odio pero le quiero.

-Así no va el amor.

No puedo dejar de pensar que quizás sea la mirada más interesante que me he cruzado en mi vida. Me hundo en su inmensidad sin poder apartar los ojos. Mareada por el vértigo le respondo vagamente.

-Sí, supongo...pero a falta de amor verdadero bienvenidos estos entretenimientos, si no sería todo muy aburrido...o no...yo que sé.

- Bueno, he venido a buscarte, estás lista?

Atónita le miro inquisitivamente, quién es éste peregrino con el que estoy hablando en el rellano? Tiene la piel color canela, barba de tres días, es alto y adivino unos pectorales cubiertos de bello. Mi mente le proyecta sin el hábito y sonrío tontamente.

- Oye, no sé quién eres...

- Ya lo creo que sí, me acabas de llamar.

Intento recordar...si hubiera visto antes esos ojos no se me hubieran olvidado.

- Perdona, no estarás buscando a Diana, la vecina de arriba.

Mientras se lo pregunto me proyecto también en su contestación: “No, te busco a tí”.

-No, vengo a por tí.

No puedo contener ahora una gran sonrisa de alegría y curiosidad.

-A mí? Qué vendes?

-Más bien qué compro.

-Qué compras?

Me imagino que me quiere comprar a mí.

-Digamos que vengo a comprarte a tí.

Mis ojos si que son expresivos ahora. Compruebo que no haya ningún error.

-Vaya...a la mejor me confundes entonces con la de abajo...se gana una pasta extra acostándose con tíos de vez en cuando...

-Mira, nunca ando bien de tiempo, si me invitas a pasar hablamos claro.

Y cómo le voy a decir que no? Nos sentamos en el colchón que está en el suelo del comedor, muy juntos porque no es muy grande. Respiro su cuerpo pero no huele a nada.

-Hace un rato me llamaste, querías venirte conmigo porque ya no aguantabas más aquí, recuerdas? Querías desaparecer y morirte...no sabes vivir sin amor.

Este tío me descoloca y me encanta esa sensación cuando conozco a alguien.

-En tal caso debes de ser el Amor o la Muerte.

Ahora es él quién se baña en mi mirada, me penetra hasta dentro y puedo sentir una oleada de frío dentro de mí, seguida otra de intenso calor, otra de frío. Me pregunto cómo sabe lo de Lucas.

-Prefiero que seas el Amor, porque para la Muerte siempre hay tiempo.

-Pues entonces deberías pensar antes de pensar qué deseas. Me has hecho venir para nada...Quiero decir que encantado de conocerte en persona, pero triste de que me no me quieras tanto como yo pensaba.

Qué sonrisa tan bonita, mezcla de serenidad y satisfacción. Le ofrezco un té pero no quiere nada.

- No me irás a decir que eres la Muerte...no esperaba verte tan pronto.

- Algo así... soy lo que aquí no se llama vida...lo que no se llama realidad pero que es mucho más real que esto...

-Pareces un flipaó de Matrix.

- Buena aproximación...Sólo que tú ya te has tomado la pastilla roja y sin embargo sigues aquí, en este colchón, lamentándote porque no tienes alguien a quién abrazar. Yo hace tiempo que estoy allí, quizás esperándote.

- Sí, tienes razón, intento que las emociones no me dominen...pero es que a veces me parece que todo es una broma...que hay alguien ahí que nos ha puesto a Lucas y a mi delante para que no nos gustemos como pequeños seres humanos pero nos amemos espiritualmente...

Me mira muy fijamente, su mano se ha apoyado en mi rodilla.

- Otra vez una buena aproximación. Verás, la energía que tenéis Lucas y tú en el universo, antes de que el random cósmico os utilizara como energía interna de dos personas, estaba en perfecto equilibrio cuando estabais juntas...Pero encerrados en vuestros cuerpos no podéis reconoceros, apenas intuiros, tendríais que desapegaros de vuestra vida aquí para daros cuenta de lo que está pasando en realidad...vuestras energías se atraen pero vuestros cuerpos hacen de muro...me entiendes?

Joder, cómo me pone la Muerte, un compañero único de tertulia.

- Sí, descubrir el truco y jugar con el mago. Romper los hilos y dejar de ser marionetas, conseguir la libertad del espíritu.

-Los personajes que representáis aquí no debería impedir el Amor...pero lo hace, no?

Me quedo pensativa un rato.

-Sí, supongo que ninguno hemos descubierto aún el truco, aunque yo cada vez observo más atentamente los movimientos de cada mano, de cada carta...Cada vez veo más que todo encaja como un puzzle sideral. Pero si es que le gusta Rocky 6!!

Nos echamos a reír. Nuestras cabezas se han apoyado de lado en los cojines del colchón, nos miramos muy de cerca mientras conversamos. Tengo unas tremendas ganas de besarle, pero como siempre pienso que esperaré a ver si él me besa primero. Aunque esta vez creo que va a ser diferente. Acerco mis labios a los suyos, despacio pero con seguridad, y noto como el también se acerca a los míos. Cuando están a punto de rozarse me dice:

-Sabes, me gustaría no tener que decirte esto, me gustaría dejarme llevar por lo que siento y hacerte el Amor durante horas...pero tienes que estar segura de a quién estás besando... porque después ya no hay marcha atrás.

-Me estás hablando del beso de la Muerte?

-Sí.

Nos damos la mano al tiempo que separamos nuestros cuerpos. Me echo a reír.

-Vamos, no me jodas. Hace siglos que no deseo besar a nadie como a tí en este momento y vas y me dices que si te beso me muero. Jo, no sé que hacer. Besando a Lucas no siento esto, pero a cambio sigo aquí...y no me va tan mal.

Se levanta muy despacio del sofá y me levanta suavemente de la mano que seguimos teniendo entrelazadas.

-Escucha, no deberías desear la Muerte, todavía no estás preparada. Me alegro...Aunque me hubiese dado tanta paz que vinieras conmigo...no te imaginas como fluyen nuestras energías allí juntas, esto de ahora no es ni una calada enteógena.

-Y porqué no te quedas aquí?

-Puf, también nos iría muy bien...pero yo pasé por aquí hace ya mucho, no hemos coincidido en el tiempo...en este momento no es posible que vuelva.

No puedo resistir las ganas de besarle, de abrazarle, de pedirle que se quede, de decirle que me lleve. Amor significa Muerte. Me mira dulcemente y luego empieza a reír. Qué decir de su sonrisa! Se la quiero comer.

-No te preocupes, sobra decir que volveremos a vernos. Espero que la próxima vez sea para besarnos. Pero por ahora no le des vueltas, es mejor que te quedes.

No sé ni que decir. Quiero y no quiero que se vaya. Nos miramos y nuestras caras brillan y sonríen.

-Hasta luego entonces.

Le veo alejarse hacia la puerta y cuando se cierra voy a la ventana para verle caminar por la calle. Tras varios minutos nadie sale del portal. Claro, es la Muerte, habrá subido por el tejado para llegar a su casa.

domingo, 25 de mayo de 2008

La Trinidad (La Búsqueda II)

Continúa de "La Búsqueda"

Abrió un ojo, luego el otro. Seguía vivo, un día más. Se levantó de la cama, la angustia le laceraba el estómago como los últimos cuatro días, desde El encuentro. Cada noche se acostaba preguntándose si sería la última y el amanecer le sorprendería cadaver o tal vez se levantaría en una bonita morgue. Pero ahí estaba, palpándose el rostro para asegurarse de que todavía sentía. Frío, húmedo. Estaba vivo. Se vistió con la mirada en el infinito y con la lentitud del desahuciado. Al fin y al cabo, era lo que él era. Ella le había respondido, le había encontrado. Sus días tocaban a su fin, así era la profecía que encontró en Playa Chica. Y sobre todo así lo sentía, su alma reconocía y sabía aquella verdad ineludible.

Dirigió sus pasos blancos hacia la calle de la Trinidad. La ironía de la vida era cruel. Años sin saber qué buscar, a dónde dirigir su vida, y en su últimos días la fatalidad le conduce a buscar, a querer encontrar de nuevo a la Mujer de los Ojos Tristes, a Ella, las Tres Moiras. Durante esos días recorrió la judería, caminó horas, esperó, se sentó, miró, lloró, pero no la volvió a encontrar. ¿Cuánto le quedaba? ¿por qué seguía vivo? La espera le mataba y el estómago le ardía, atenazado por el terror del occasio y del quando. C'est la vie, que fugit. Vita brevis, vita fugit.

Con sus pensamientos
pesadumbrosos llegó a la cafetería de la Trinidad. Vacía, como siempre en aquel tiempo.
- Lucía,... dame tú magia, reconfórtame- le pidió a la camarera, casi implorando.- Sálvame.
- Sólo te puedo dar café- dijo ella mientras le cogía las dos manos,maternal y piadosa.- Y aguado. Che, ya sabés que no soy Maga, ni hechicera ni bruja.
- ¿qué puedo hacer Lucía? ¿Por qué me dijiste que tendrían que pasar otros 100 años?
- Solamente era metáfora. Vos buscabás una respuesta que no puedo dar, porque vos mismamente la tenés que encontrar. Por vos mismo.
Y comenzaron una larga conversación sobre el destino, la voluntad del ser humano, y los caminos que conforman la larga espiral de la vida. Hablaron largo del alma, del cosmos y del caos y los hilos del tiempo, y de la búsqueda.
- ¿Qué buscas tú, Lucía?
- Tan sólo un alma preciosa en un cuerpo bonito- se paró a pensar y siguió.- Para enamorarme locamente y ser correspondida.
- Otra búsqueda infinita. La vida es un despropósito de dimensiones audaces.
- Ya lo encontré una vez, incrédulo.- le sonrió ella, su mirada desvanecida en un recuerdo.- En un París hoy antiguo, vetusto de hecho. Encontré un ser iluminado, que me iluminaba a mi. Y yo a él, era su baliza.
- Y ¿qué pasó? ¿dónde está?
- A miles de kilómetros de aquí. Ves, otra ironía de la vida. Cuando encuentras lo que buscas, se halla tan lejos, que más valía no haberlo encontrado.
Él frunció el entrecejo.
- Al menos -siguió ella, inspirada- mi alma se siente en calma, pues la búsqueda ya no me empuja, ya estoy tranquila.
- Y sola- afirmó el, venenosamente.
- Ya la he domado, la búsqueda -continuo ella, ignorándole- y espera enjaulada, relamiéndose como una leona entre las rejas del circo. Esperando a salir de nuevo, para una nueva actuación quizás o tal vez para salir brincando y al galope hacia la estepa.
- Loca, te pierdes con la metáfora.
Y por primera vez en cuatro días se soltó una carcajada.

- Te he hecho reír, quizás sí que sea Maga. - sonrío ella, y volvió a cogerle las manos.- Mirá, querido. Quizás es tu mensaje. La tranquilidad de quien ha encontrado otorga paz, y tiempo. Ahora que no busco, mi alma vuela en otros campos. Crea. Pinta, escribe y se expresa. Y pone cafés en un pueblo blanco.
Él volvió a echarse a reír. Ella pausó y tras meditar por un momento, siguió.
- La vida se teje en el telar de la vida. Cada cosa que pasa, cada hilo que se incorpora al tejido tiene una razón,ché, es parte del dibujo cósmico. Nada es en vano, querido. Pensá. Sentí. Meditá. Y actuá en consecuencia.
- ¿Quieres decir que quizás todo esto sea una broma, una lección de mi propia consciencia para decirme que deje que perder el tiempo buscando nadas y hadas?
- Eso creo, enamorado de la vida- y se puso seria. - Escuchá, tengo que atender

Y se alejó, hacia la mesa del rincón del piano, donde dos hombres se habían sentado.
La camarera de la Trinidad. Era única. Lo había conseguido. Se sentía mejor, un calorcito interior ya le llenada. Agarró su taza de café, aguado y negro, como siempre. Empezó a juguetear con la cucharilla y los reflejos plateados, mientras observaba cómo Lucía iba y venía, cómo hacía y deshacía, cómo sonreía y parloteaba con los extraños. Lucía en la cucharilla, Lucía en el espejo, Lucía plateada. Pero siempre luciendo. El tiempo podría pasar así siempre... sentado en su mesa, en el rincón del espejo de la cafetería de la calle Trinidad. Cien años han pasado y cien más podrían pasar así.

Entonces lo vió, debajo de la taza. Tantas veces se había sentado en esa mesa... ¿cuántas? ¿cien, igual? Nunca vió hasta entonces, en la vieja mesa de madera, aquel rayón. Había muchos rayones e inscripciones, muchos mensajes, en muchos idiomas, de los niños y turistas que juegan con la madera blanda y cualquier objeto punzante. Inglés, francés, español, árabe. Literatura del grafitti y punzón. Pero ésa era su mesa, y conocía palmo a palmo cada raya y cada inscripción. Y aquel mensaje no estaba antes. Otra vez.


No me busques. Soy yo quien te busca a ti. Soy yo con quien se encuentran. Y a ti, ya te he encontrado. you lived past your time.

¿Continuará?

martes, 13 de mayo de 2008

La búsqueda

Regresó a la luz, pero no sabía lo que allí encontraría. Tras unos días vagando por las calles enredadas del barrio judío, al final encontró la respuesta. No se hallaba escrita en ningún libro, ni grabada en una piedra, ni siquiera plasmada en un lienzo. Fue lo que aquella chica le dijo. Se lo dijo con la mirada, no más que un leve intercambio de luz en sus ojos, flotando y retorciéndose por el aire hasta los suyos propios. Aquellos ojos negros, tristes, vacíos chisporrotearon. El éter congeló la conexión, justo en el aquel entrelazado retorcido del entramado de calles. Los dos, extraños en un fortuito encuentro, se miraron a los ojos.

Nada. Dijo ella. Ilusoria y delusiva, es la meta, pues en realidad no hay tal meta.
Es un inexistente, es el aire liviano y transparente.

No somos más que unos deslavazados títeres en el lamentable escenario de la vida.


Y salió corriendo, negros pasos sobre el piso. Desconcertado, él sintió el peso de la atmósfera cayendo sobre su espalda. La pequeñez de su dimensión le aturdía. Cuando giró la vista todo rastro de la desconocida de ojos tristes había desaparecido. Siguió caminando por el laberinto blanco, cabizbajo. Ilusión, te fuiste. ¿Le habría hechizado con sus palabras? ¿Serían sus ojos? ¿Qué vio en ellos? Se había quedado en blanco. Ya olvidó de donde venía, y a donde se dirigía. ¡Había olvidado incluso a la pregunta! Sí, tenía la respuesta… pero ¡cuán fútil sin la pregunta!
Búscala en el mar, búscala en la inmensidad. Le dijo el librero de San Isidro.
100 años han pasado ya, 100 años más han de pasar. Le dijo la camarera de la Trinidad, que le servía sonrisas afables y café aguado. ¡Pero yo no tengo ese tiempo!

Había perdido toda esperanza y se abandonó al susurro del viento, y al escrutinio del horizonte insondable, al arte de separar cielo y mar. Pies en la arena, cabeza en el cielo. ¿Quién era ella? ¿Por qué le había borrado la pregunta, por qué de sus pensamientos, a cambio de una respuesta?
Pero la pregunta ya la había escrito. En el dique, con punzón y sal. Rezaba la inscripción cincelada, años atrás, de su mano y de su puño:

¿Por qué siento que estoy buscando en una búsqueda infinita que busca encontrar un objetivo a buscar y nunca encontrar? ¿Qué encontraré?

Y más abajo, otra mano que escribía:
Al final de nuestros días, la Muerte responde a todas nuestras preguntas.


jueves, 20 de septiembre de 2007

Descanse en paz


Hoy ha muerto el inmigrante rumano que se quemó frente a la delegación del gobierno de Castellón, para llamar la atención sobre su situación y la de su familia, este pobre hombre no encontró otra salida que sacrificar su salud y finalmente su vida para intentar salvar a su familia, esta ha vuelto a Rumanía, y espero que al menos con su sacrificio haya conseguido el objetivo que esperaba.
Dice mucho de este mundo que un hombre tenga que llegar a esto para salvar a su familia, y que ahora todo el mundo diga que no era para tanto y que si hubiera buscado habría encontrado salida, seguro que por pereza decidió acabar con su vida, seguro que prefería morir a vivir con su familia,....
Lamentablemente éste será otro caso más, otra noticia más que dentro de un minuto será historia, y ya nadie recordará salvo sus hijas y su mujer que nunca podrán olvidar la imágen de su padre devorado por las llamas en un postrero grito de rabia y de dolor, por tanta injusticia, por tanta humillación.
Nada cambiará, todo seguirá igual, y yo quisiera pedir a algún Dios que cuide de este hombre allá donde vaya, pero ante tanta miseria, ante tanto dolor ¿quién puede creer en un Dios bondadoso? y si cree ¿como puede pensar que tiene alguna influencia en lo que aquí ocurre?. No hay más influencia que la poquita que nosotros podamos tener, no hay más Dios que el que late en el interior de cada uno de nosotros.
Descansa en paz

lunes, 13 de agosto de 2007

Conciencia e inmortalidad

Siempre he renegado de la idea de la muerte que se estila en el cristianismo, de ese pavor a la muerte y el macabro espectáculo que se monta a su alrededor, acabo de leer un texto que me ha encantado y quiero compartir. Una mujer que cree que la muerte está próxima pide consuelo a su joven sobrino. Del libro "Doctor Jivago".

"Por lo tanto, ¿que será de tu conciencia? Digo bien, tu conciencia. Pero, ante todo, ¿qué eres tú? Esta es la cuestión. Tratemos de orientarnos. ¿De qué modo tienes memoria de ti misma, de qué parte de tu organismo eres consciente? ¿De tus riñones, del hígado, de tus vasos sanguíneos? No, mira en tus recuerdos y verás que siempre estuviste expresada hacia fuera en un acto, en la obra de tus manos, en tu familia, en los demás. Y escúchame ahora con atención. El alma del hombre es justamente el hombre presente en los otros hombres. Esto es lo que eres, esto es lo que ha respirado, de lo que se ha alimentado y embriagado durante toda la vida tu conciencia. De tu alma, de tu inmortalidad, de tu vida en los demás. ¿Y qué? Has vivido en los otros y en los otros te quedarás. ¿Qué diferencia implica para ti que luego se llame recuerdo? Habrás entrado en la composición del futuro.
Una última cosa. No hay de qué preocuparse. La muerte no existe. La muerte no está en nosotros. Has hablado de inteligencia, y esto es otra cosa, una cosa nuestra, accesible para nosotros. La inteligencia, el talento, en el sentido más amplio y lato, es el don de la vida.
No habrá muerte, dice San Juan Evangelista, y verás qué simple es su argumentación. No habrá muerte porque aquello que fue antes ya ha pasado. Poco más o menos es esto: no habrá muerte porque esto ya fue, es viejo y aburre, y ahora es necesario algo nuevo y lo nuevo es la vida eterna".
Yura, mientras decía esto, paseaba por la habitación.
-Duerme- dijo, acercándose a la cama y acariciándole la cabeza.