Hace unos días leí consternado la noticia de la brutal agresión de un bastardo descerabrado a un hombre que intentó evitar otra agresión del no-humano a su pareja.
La secuencia de los hechos supongo que será por todos conocida, el animal en custión estaba agrediendo a una mujer que después se supo que es su pareja en plena calle, el profesor universitario Jesus Neira intervino para decirle al animal que si no paraba de pegar a la mujer iba a llamar a la policía. Este acto del profesor es para mí una muestra de lo que todo ciudadano debería hacer, que es actuar activamente para evitar que se cometan actos de este tipo. Lamentablemente el precio que ha tenido que pagar ha sido carísimo, ahora se debate en un hospital entre la vida y la muerta por los golpes que le propino el hijo de puta en cuestión. Creo que toda la sociedad debería honrar a este y a tantos hombres y mujeres que en lugar de mirar para otro lado como tanto se estila en estos días deciden dar un paso al frente e implicarse en lo que ocurre a su alrededor. Y espero que el bastardo agresor, cuyo nombre es Antonio Puertas sea condenado a muchos años de cárcel por intento de asesinato, porque si esto no es así el mensaje que se estaría enviando a la sociedad es que la fuerza irracional está por encima de las leyes que rigen nuestra convivencia, y eso no se donde nos llevaría...
Para cerrar esta increible historia que nunca debió ocurrir, la pareja del no-humano nos intenta convencer de que su pareja es una bellísima persona,.... no señora, su pareja es un hijo de la grandísima puta y un asesino, y su sitio está en la cárcel, o mejor aún, en el establo, con los animales que como él solucionan sus problemas a golpes...
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jueves, 14 de agosto de 2008
martes, 5 de junio de 2007
Vergüenza
Lunes 4 de junio, doce de la noche, vuelta al hogar después de una agradable tarde compartiendo conversaciones, abrazos y confidencias, regadas con unas cañitas y unos porritos, parece que con la primavera vuelve la vitalidad a Madrid y los que aquí nos encontramos corremos raudos a disfrutar de este miniparaiso que nos ofrece.
Nos encaminamos hacia la puerta del sol para coger el metro que me lleve a mi casa, es tarde y estoy un poco fumado, antes de llegar encontramos a un músico itinerante que está amenizando la noche a los viandantes, acunando con las notas que salen de su guitarra a los que allí se encuentran, una marabunta de niños procedentes supongo de algun viaje escolar ha hecho del músico su clown particular y corren y saltan alborotados alrededor de las notas del juglar, y este sonrie sin rubor al ver el milágro que se está produciendo, parece un ángel en medio de la calle regalando sonrisas a los niños.
Pasamos junto a ellos y una sonrisa se acomoda en nuestros rostros contagiados por el milagro que allí se está produciendo, y en este estado esperaba irme a dormir pensando que quizás este mundo que suele mostrar el egoísmo y la maldad en grandes dosis diarias siga teniendo una parcelita en él que hace que aún merezca la pena.
En esto estaba mi cabeza cuando al acercarnos a la parada de metro vemos salir corriendo a un hombre de mediana edad latinoamericano con un segurata detrás blandiendo amenazante una porra en su mano derecha. El segurata alcanza al hombre y le golpea una vez con la porra, este se para y parece que la cosa se va a serenar, mientras tanto los que allí nos encontramos miramos sorprendidos lo que está ocurriendo, en ese momento salen otros tres seguratas de la boca de metro y corren hacia el lugar donde se encuentran las otras dos personas, uno de los que se acerca saca su porra y comienza a golpear de nuevo al hombre, los demás le gritamos para intentar que dejen de golpearle, el hombre sale corriendo y este último segurata sale detrás de él, corre durante unos 100 metros y le golpea reiteradas veces en ese trayecto, después vuelve sobre sus pasos sujetado por una compañera con toda su virilidad de frustrado asomando por sus fauces, gritando improperios y bravuconadas al huido, de esas que siempre salen a los cobardes cuando se encuentran en el bando más fuerte y numeroso.
Vuelve hacia la boca de metro con andares de terminator y cara de cromagnon soportando las miradas de desprecio de los que hemos contemplado la escena y entra en ella sin que una misera gota de culpa o de duda sobre lo que ha hecho corra por su pequeño cerebro,....... y yo siento vergüenza, por pertenecer a una especie en la que cohabitan animales como ese, plenos de frustración e ira, y por pertenecer a la mayoría de esa especie que si bien no actuamos de la misma manera, no hacemos nada por evitarlo.
Nos encaminamos hacia la puerta del sol para coger el metro que me lleve a mi casa, es tarde y estoy un poco fumado, antes de llegar encontramos a un músico itinerante que está amenizando la noche a los viandantes, acunando con las notas que salen de su guitarra a los que allí se encuentran, una marabunta de niños procedentes supongo de algun viaje escolar ha hecho del músico su clown particular y corren y saltan alborotados alrededor de las notas del juglar, y este sonrie sin rubor al ver el milágro que se está produciendo, parece un ángel en medio de la calle regalando sonrisas a los niños.
Pasamos junto a ellos y una sonrisa se acomoda en nuestros rostros contagiados por el milagro que allí se está produciendo, y en este estado esperaba irme a dormir pensando que quizás este mundo que suele mostrar el egoísmo y la maldad en grandes dosis diarias siga teniendo una parcelita en él que hace que aún merezca la pena.
En esto estaba mi cabeza cuando al acercarnos a la parada de metro vemos salir corriendo a un hombre de mediana edad latinoamericano con un segurata detrás blandiendo amenazante una porra en su mano derecha. El segurata alcanza al hombre y le golpea una vez con la porra, este se para y parece que la cosa se va a serenar, mientras tanto los que allí nos encontramos miramos sorprendidos lo que está ocurriendo, en ese momento salen otros tres seguratas de la boca de metro y corren hacia el lugar donde se encuentran las otras dos personas, uno de los que se acerca saca su porra y comienza a golpear de nuevo al hombre, los demás le gritamos para intentar que dejen de golpearle, el hombre sale corriendo y este último segurata sale detrás de él, corre durante unos 100 metros y le golpea reiteradas veces en ese trayecto, después vuelve sobre sus pasos sujetado por una compañera con toda su virilidad de frustrado asomando por sus fauces, gritando improperios y bravuconadas al huido, de esas que siempre salen a los cobardes cuando se encuentran en el bando más fuerte y numeroso.
Vuelve hacia la boca de metro con andares de terminator y cara de cromagnon soportando las miradas de desprecio de los que hemos contemplado la escena y entra en ella sin que una misera gota de culpa o de duda sobre lo que ha hecho corra por su pequeño cerebro,....... y yo siento vergüenza, por pertenecer a una especie en la que cohabitan animales como ese, plenos de frustración e ira, y por pertenecer a la mayoría de esa especie que si bien no actuamos de la misma manera, no hacemos nada por evitarlo.
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