Mostrando entradas con la etiqueta animales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta animales. Mostrar todas las entradas
miércoles, 3 de febrero de 2010
Cerro del Tepozteco, Morelos
Esto es la mera esencia del ser humano. Es que basta para que haya un cartel enorme que diga "no alimenten a los bichos. Gracias a que les atiborráis, se están reproduciendo como conejos y están reventando la piramide por dentro con sus madrigueras. Que ya solo falta que os llevéis piedras del templo, pinches $·%$·$& !" para que los peregrinos, que eran una manada, se dediquen a dar chuches a los hurones, felices con las visitas, que yo creo que hasta sonreían para la foto.
Porque lo alucinante es que hay que subir como una hora de escaleras naturales, Tepozteco arriba, para poder ver una piramide sostenida en un cúmulo de la cumbre, que la pobre está bastante maltratada -pintadas incluidas- y que a mí me da por pensar si esto es una peregrinación tirándole a lo sádico, o simplemente, que la gente no sabe leer. Es que la mediocridad produce ceguera, ¿não é verdade, José?
Pues como para pedirles que salven el planeta, que se ve, así, lejototes, como en otro universo.
Etiquetas:
animales,
arqueologia,
morelos,
piramide,
protesta,
ser humano,
tepozteco,
tepoztlan
viernes, 25 de julio de 2008
Min
Este pequeño felino, que a mi casa llegó por casualidad, como compañero no invitado del nuevo compañero ha contribuido notablemente a estimular mi ternura y mis sonrisas. Esa carita de clown, con esa fingida sonrisa y esos ojillos que te miran fijos, sin dobleces, sin intenciones ocultas, sinceros y directos, desmontan por completo cualquier defensa. Cuando intento reñirle por alguna trastada que haya montado, se sienta, me mira con esos ojillos, y me llora, con esa voz casi humana, y me derrito, es un cabrón porque se que me está chantajeando y llevándome a su terreno, pero adoro que lo haga.
Cuando tengo esos días melancólicos en los que me siento ajeno a este mundo, extraño y estúpidamente incomprendido mi pequeño amigo se sienta junto a mí en el sofá, me mira, y con sus ojillos me dice, "tranquilo, que no es para tanto".
Quizá no eres consciente pequeño gato-león (pesa 7 kilos y medio), pero empiezo a quererte, y disfruto enormemente de esa sensación.

Cuando tengo esos días melancólicos en los que me siento ajeno a este mundo, extraño y estúpidamente incomprendido mi pequeño amigo se sienta junto a mí en el sofá, me mira, y con sus ojillos me dice, "tranquilo, que no es para tanto".
Quizá no eres consciente pequeño gato-león (pesa 7 kilos y medio), pero empiezo a quererte, y disfruto enormemente de esa sensación.
y luego una charla en el sofá....
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



