Cuando estuve en Astorga la última vez, me daba rabia encontrarme
basura tirada en el suelo: latas, botellas, papeles. Y a nadie parecía
importarle demasiado.
Ahora, aquí, se me parte el alma al encontrar personas tiradas en el
suelo, casi con la misma indolencia.
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domingo, 19 de septiembre de 2010
viernes, 20 de agosto de 2010
Dos reales por tus ilusiones

Cuando tenía diez años mi hermano me empezó a meter por los ojos los comics de Marvel. De todos los que él compraba y leía, yo me quedé enganchado con la Patrulla X, los X-Men. Se me disparaba la imaginación con sus aventuras, con ellos viajé al África negra, a Japón, Londrés, a Egipto, a París, Nueva York, al espacio, al mundo perdido, al pasado, al futuro, aprendí unas palabras de alemán, otrás de francés, a decir gracias en ruso, y a soñar cosas fantásticas, a ilusionarme cada mes cuando leía y releía las historietas, aprendí mucho inglés y hasta a dibujar. Estuve leyéndolos durante años, hasta que echaron de la serie a Chris Claremont, el escritor británico que contó sus historias durante dieciséis años, desde que era una colección a punto de cerrar hasta que se convirtió en un superventas conocido. Hoy en día todavía me gusta su propaganda ética "odiados y perseguidos por ser diferentes" y me da añoranza esos días que disfrutaba tanto la lectura de personajes tan raros, es muy dificil que hoy en día me emocione leyendo algo, o viendo una película como entonces. Cuando estaba en sexto de EGB, los martes era un día especial, jugabamos al baloncesto en clase de gimnasia y yo me moría de ilusión porque mi hermano llegaba de Valladolid, en donde había la única tienda especializada de comics de la región, y me traía algun número atrasado, una joya para mi imaginación. Después de aquellos martes de comics, han tenido que pasar veinte años hasta los jueves sputnik para sentir una emoción así por un día de la semana (aunque claró está que los viernes siempre fueron y son viernes).
Hoy salía de la piscina, y en la verja de la iglesia de la esquina, un sintecho estaba vendiendo auténticas joyas del principio de Chris Claremont en la Patrulla X y del final, cuando estaban increiblemente dibujados por Jim Lee. "¿Cuánto valen estos dos?", le pregunté, dos muy antiguos, no creo que se encuentren ya en casi ninguna parte. "Mano, vivimos en la calle, dos reales, para comer".
Eso es lo que valen mis más viejas ilusiones, dos reales. Las mias, y las suyas, me imagino que un día él, o alguien, compró aquello, lo leyó con toda la ilusión, y ahora se venden por menos dinero de lo que vale el papel donde están impresos.
La miseria deprecia hasta las ilusiones más antiguas, las más estremecedoras.
lunes, 16 de agosto de 2010
Era una noche fría
Un día extraño. La primavera se fue. Volvía por la Paulista a casa, los brasileros estaban muertos de frío. Las parejas se abrazaban en la parada del autobús, el remedio más viejo para darse calor. Proliferaban los gorros peruanos, ponchos, cualquier ropa de lana, y aún así, frío en la cara. Frío en la mirada, también. Hoy la simpatía típica brasilera estaba un poco más mustia, creo que así se entiende porque los castellanos somos como somos. Despedidas rápidas, pasos apresurados, brazos enlazados sobre el pecho. Me crucé con un vagabundo, en realidad, un limpiabotas con mala suerte. Me pidió para un salgado, faz frio, cara. Nao tenho amigo. Pero es un día muy frío, así que le llamé y le di todas las monedas que tenía y le deseé boa noite. Y que pase pronto, no va a ser una noche fácil. Pasando Caixa, debajo de los soportales, los habituales ya estaban durmiendo bajo sus mantas, en ese recoveco creo que no sopla tanto este aire. La Paulista es la zona más alta de la ciudad, es la cima de un morro, aquí sopla, y hoy es helado. Llegué a mi esquina, en Bradesco, el típico segurata fumando su cigarro, y en el reborde del edificio, había un bulto encogido, debajo de un cacho de tela finísimo. Nunca vi nadie durmiendo ahí. Miré con atención para ver si se movía. ¿Estará bien? Putz, ¿sobrevivirá esta noche envuelto en esa cosa? No se mueve. Me acordé de ese pajarillo -hace tanto tiempo- que encontramos cerca del cole, estaba hinchando, congelado, y no tardaría en morir. Que pena, dijimos todos. "¿No podemos hacer algo por él, mamá? El pobrecito no puede morir de frío, con lo calentito que estoy yo en casa". Pero para los adultos, era obvio que no podíamos llevar al pajarito a casa, que no se puede recoger a cada pajarito muerto de frío. "¿No se puede? ¿Por qué, mamá?"
Parece que nadie siente ya mucha pena por esta gente. ¿...Y yo? ¿La siento yo?
Vaya mierda, en Valladolid no tenía estos choques de conciencia.
Parece que nadie siente ya mucha pena por esta gente. ¿...Y yo? ¿La siento yo?
Vaya mierda, en Valladolid no tenía estos choques de conciencia.
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martes, 27 de julio de 2010
MASPobreza

- ¿De qué quieres escribir?
- No sé.
- Pues piensa algo, aprisa.
- Pensaba escribir sobre el MASP. De cómo se eleva ahí majestuoso, como una caja de zapatos en cuatro pedestales rojos. Parece un cofre de concreto acristalado, flotando sobre lo más alto de la ciudad, como si de su mismo interior naciera el barranco de Anhangabaú, el valle de los espíritus malditos, la brecha del centro viejo.
- ...
- El otro día pensaba en eso cuando caminaba cerca. Pensé tambien en el agua de uno de los estanques que sostienen uno de los pedestales. No me había fijado hasta ese momento. Qué idea tuvo el arquitecto. El agua reforzaría la idea de levitación de la caja de zapatos. Escribiría sobre eso.
- ¿Y...?
- Y en esas, me fijé mejor. Había uno de los muchos sin casa sentado en el borde del estanque. Se estaba lavando, los brazos, o los pies. La verdad que no vi bien, estaba oscuro. Tenía la piel con churretes de suciedad, oscura, correosa, como ajada, no por el sol, sino por la calle. Me pregunté si vendría del nordeste, o del interior, o de dónde. Creo que no tenía dientes. Pensé que él y yo tendríamos ideas muy diferentes sobre el MASP. Tal vez él no supiera que eso era un museo. ¿De qué sirven los museos cuando tienes hambre, resaca, o no tienes donde dormir? Tal vez para él, el MASP siquiera era realmente visible. Tal vez en su realidad, yo tampoco lo fuera.
- ¿Y entonces?
- Entonces se me quitaron las ganas de escribir sobre el MASP.
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