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viernes, 5 de marzo de 2010

Charla de Ken Morse en Esade

Hoy he tenido la suerte de acudir a una charla de Ken Morse, director del centro de emprendedores del MIT, Instituto Tecnológico de Massachussets, en el centro ESADE Forum de Barcelona.

La charla estaba orientada a guiarnos en el camino necesario para pasar de la concepción de una idea tecnológica a la concreción de la misma, cómo acceder a los corrillos donde se mueve el dinero del capital de inversión privado y cómo comportarte en tales situaciones.

Me quedo con algunas pinceladas en las que ha hablado de lo importante que es la empatía en cualquier situación, algo lógico en tu vida cotidiana, en tu trabajo diario, pero fundamental también cuando necesitas de la ayuda de terceros. Nos ha recordado lo importante que es transmitir correctamente el mensaje que deseas, la importancia de anteponer el "tú" al "yo" cuando te acercas a alguien, de mirar la realidad con los ojos de tu interlocutor. Lecciones que trascienden la temática de la charla.

Fui en busca de una charla de emprendedores y me encontré con una charla humana que me ha encantado.

Y para decorar el post, esta canción de Olga Román que rondó mi cabeza en días pasados.



lunes, 17 de marzo de 2008

Empatia

empatía.

1. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.



Cualidad muy necesaria esta, en los tiempos que corren y en los que vendrán. Sin ella continuaremos hablándonos, oyéndonos,... pero no escuchándonos. Todos los problemas permiten diversidad de puntos de vista y a su vez conllevan diversidad de efectos, unos nos serán más favorables y otros menos, pero lo que esta claro es que si no intentamos conciliar nuestros deseos y anhelos con los de los demás no habrá solución a los problemas, no habrá camino común.

El 55% de los votantes del PP pide a Mariano Rajoy que haga una oposición más dura--- El mundo.

!Preparémonos para lo que vendrá!........



viernes, 20 de abril de 2007

Empatia

Hoy es viernes, por fin termina la "semana laboral", supongo que todo el mundo tendrá tantas ganas como yo de que llegue el sábado y que el maldito despertador pierda su poder perturbador.
Después de una dura semana de trabajo en la que el tiempo de ocio se ve reducido a su mínima expresión y en la que problemente el nivel de estress y de agobio en ese maldito lugar nos hace a todos perder un poco la chispa y la alegría puedo llegar a entender que el carácter de la gente y su disposición a la colaboración con los demás seres humanos esté algo mermado. Pero hay cosas que no puedo explicarme, os cuento, hoy subía en el metro como todos los días laborables para dirigirme al lugar donde cambio mi tiempo por dinero, como todos los días iba embutido entre cientos de personas con el espacio justo para poder respirar si no hinchaba mucho mis pulmones, tras unas pocas paradas hemos llegado a la de Embajadores, en ella siempre sube mucha gente, al estar los vagones llenos y tener que subir más gente las leyes de la física tienden a flexibilizarse y se produce el milagro de la compresión infinita de la materia. Esto no es agradable pero que le vamos a hacer, es lo que toca viviendo en una ciudad de 4 millones de habitantes. Estaba en esta situación cuando tras entrar unas pocas personas y empotrarnos todos juntos un joven que estaba a mi lado comenzó a increpar a una señora que acababa de subir, el joven la decía que no había sitio para más gente, la señora con mucha educación le ha dicho que habían pasado dos trenes llenos y que no podía esperar más (supongo que la mujer tendría que ir a trabajar y no podía estar una hora esperando a que la densidad en los vagones fuera menor), a esto le contesta el "adorable" joven que ese no es su problema, "que quiere que hagamos que nos empotremos?", y la mujer con mucha inteligencia decidió no seguir discutiendo con este "homo erectus" y soportar durante unos segundos la sarta de quejas aderezadas de un tono "chulesco" y "macarra".
Este amable joven había subido conmigo en Legazpi, primera parada de la línea, es decir, nunca se va a ver en la situación de la mujer puesto que en la primera parada siempre hay sitio. Por lo tanto la única manera de que comprendiera lo que le pasaba a la mujer sería que intentara "ponerse en su lugar". Lamentablemente esto es algo que en las ciudades cada vez se hace menos, cada vez somos más individualistas y egoístas y solo nos preocupamos de lo que nos afecta directamente a nosotros, importandonos muy poco lo que le pasa al vecino de al lado, al hijo de nuestro compañero, al inmigrante que llega a nuestro país....... la humanidad se deshumaniza y la empatía vaga en el recuerdo sola y abandonada.....