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martes, 27 de julio de 2010

MASPobreza


- ¿De qué quieres escribir?
- No sé.
- Pues piensa algo, aprisa.
- Pensaba escribir sobre el MASP. De cómo se eleva ahí majestuoso, como una caja de zapatos en cuatro pedestales rojos. Parece un cofre de concreto acristalado, flotando sobre lo más alto de la ciudad, como si de su mismo interior naciera el barranco de Anhangabaú, el valle de los espíritus malditos, la brecha del centro viejo.
- ...
- El otro día pensaba en eso cuando caminaba cerca. Pensé tambien en el agua de uno de los estanques que sostienen uno de los pedestales. No me había fijado hasta ese momento. Qué idea tuvo el arquitecto. El agua reforzaría la idea de levitación de la caja de zapatos. Escribiría sobre eso.
- ¿Y...?
- Y en esas, me fijé mejor. Había uno de los muchos sin casa sentado en el borde del estanque. Se estaba lavando, los brazos, o los pies. La verdad que no vi bien, estaba oscuro. Tenía la piel con churretes de suciedad, oscura, correosa, como ajada, no por el sol, sino por la calle. Me pregunté si vendría del nordeste, o del interior, o de dónde. Creo que no tenía dientes. Pensé que él y yo tendríamos ideas muy diferentes sobre el MASP. Tal vez él no supiera que eso era un museo. ¿De qué sirven los museos cuando tienes hambre, resaca, o no tienes donde dormir? Tal vez para él, el MASP siquiera era realmente visible. Tal vez en su realidad, yo tampoco lo fuera.
- ¿Y entonces?
- Entonces se me quitaron las ganas de escribir sobre el MASP.