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miércoles, 19 de noviembre de 2008

Politicuchos y medicuchos.

Indignado, así me encuentro. Viendo que durante casi un año en las consultas de varios médicos del servicio de enfermedades infecciosas del hospital público Carlos III de Madrid se ha repartido una guía con ciertas indicaciones para intentar evitar el contagio del sida. Éstas indicaciones son tan lúcidas y científicamente probadas como, "castidad", "amor verdadero",.. y como no podía faltar, una condena de la masturbación, el aborto y la homosexualidad, definida como una alteración conductual.
Estos "medicuchos" cabe recordar que pertenecen al sistema público de Sanidad, es decir, que cobran de nuestros impuestos, y no cobran poco señores, cobran el doble, triple, cuádruple o más que los sufridos trabajadores que les pagamos su maldito sueldo. Para que quede más claro, puede ocurrir la situación de que una persona acuda a ese centro a recibir la terrible noticia de que está infectado/a por el virus VIH, noticia que supondrá un shock sin precedentes en su vida, y además tendrá que soportar que su médico, repito, pagado con sus impuestos, y con nivel de vida gracias a ese sueldo infinitamente mayor que el suyo, le diga que se ha contagiado por no cultivar el amor verdadero, por vicioso o por tener una conducta "alterada". Es absolutamente increíble, a veces dan ganas de arreglar ciertas cosas con un palo, porque esas cosas son un insulto, seguimos viviendo en algunas cosas como en el medievo, algunas personas por el cargo que ocupan siguen creyendo que son Dioses, por encima del bien y del mal, que pueden inocularnos sus taras morales, y que además mientras lo hacen nos están haciendo un favor.
Para completar el cómico cuadro de la actualidad pública podemos leer estos días como el presidente del Congreso, adscrito a un partido "progresista" se empeña en querer instalar una placa en reconocimiento a Sor "noseque", en el congreso, repito, de un país que dice en su constitución que es aconfesional, y para más "inri" en un congreso que el año pasado se negó a colocar una placa a Manuel Azaña, por lo controvertido que esto sería.
Vergüenza siento, de esos politicuchos vividores y de esos médicuchos medievales, que recetan moralina y represión para luchar contra la enfermedad.