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jueves, 19 de agosto de 2010

La próxima humanidad me la coloquen en una franja

No sé porqué el ser humano se empeña tanto en poner ciudades donde no se puede vivir. En un lago, en un barranco o encajada entre el mar y morros escarpados.
Puedo entender que esos lugares dieran de si como para poner una casa o dos, y luego la cosa creciera un poco por las vistas. Pero de eso, a atiborrarlo hasta llegar a ser megalópolis como Mexico, Sao Paulo o Río pues no hay quién entienda.
Después de un tiempo del lado de acá, lo de vivir subiendo y bajando laderas empinadas, enganchando viaductos, o rodeados de volcanes, emparadedados por inundaciones, terremotos y otros desastres naturales lo comienzo a ver, pero lo que no voy a entender nunca ni quiero es que construyeran ciudades en sitios donde hace un frío que pela durante nueve meses al año y anochece antes de las cinco la mitad del tiempo, que se te quitan las ganas de salir de casa y hasta de vivir...

Castilla, no me esperes porque no pienso volver.
El suelo tiene sed,
La vida es imprecisa
déjame crecer.

(y lo siento por los finlandeses, en el alma si hace falta, pero allá cada uno con lo que come)

miércoles, 7 de abril de 2010

Improvisando a todo chile

Cómo mola la ciudad de México para estas cosas. Por si no bastara con
los puestecillos de comida, películas o cualquier cosa improvisados en
una mesa de camping o directamente sobre el suelo en una tela, pues
ahora esto. ¿Que te quieres montar una peluquería o un restaurante?
Pues te apañas cuatro chapas y te montas tu casetica con vistas al mar
en medio del bulevar de Horacio. Y punto ¿Acaso la acera no es de
todos?

domingo, 21 de marzo de 2010

sábado, 27 de febrero de 2010

AmsterDamm

Hoy fui a comer tacos, en la calle, con los compañeros de la oficina. Se portan bien. Aunque no trabajamos juntos, son muchas las veces que me descubren la gastronomía callejera del DF, si es que las calles de Santa Fe aun entran en esa categoría. Pedimos unas tostadas, nos arremolinamos en un círculo, pero no hay mucha conversación, y no se como, supongo porque no puedo estarme callado cuando pasan los ángeles por el medio, empiezo a hablar casi de cualquier cosa. La conversación va yendo y viniendo, y se convierte en oírme hablar a mí mismo de la marihuana, y de aquel viaje a Amsterdam que hicimos cuando aun éramos becarios, jóvenes, casi universitarios aún, con dinero en el bolsillo por primera vez, con ganas de viajar, y no tanto de comernos el mundo, quizás sí de fumárnoslo. Al menos el mundo europeo, y dentro de él, Ámsterdam, capital de una libertad extraña, que ahora se me hace grotesca, pero en su día, muy espiritualizada. De ese viaje no recuerdo ahora mucho, sólo que volví con la memoria afectada, la ruta de los coffeeshops, las fotos de Susana, la cabeza algo bloqueada. Recuerdo que volvíamos en el avión, y casi no recordábamos a qué nos dedicábamos en España. Las risas. Recuerdo la montonera de bicicletas aparcadas, apiladas casi como chatarra, una plaza que tenía un monolito fálico, los canales, las casas europeas alargadas, en alguna calle frente al agua. El sol poniente a las tres de la tarde, el ambiente cálido, los albergues, recuerdo a Henry, el tranvía cinco que nunca pagábamos, y no recuerdo mucho más.

No sé si fue una conversación muy acertada. Creo que a veces me vuelco en un torrente de palabras, una bola de nieve irremediable. Desde que estoy en México me doy cuenta que cada vez hablo más, y escucho menos, o no tanto, no es eso, no es no prestar oídos. Será el ánimo de Momo, que se ha olvidado de preguntar y simplemente habla.


jueves, 25 de febrero de 2010

Concha Urquiza

Hoy por la tarde aproveché para volver a la Feria del Libro del Palacio de Minería. Asistí a un recital de poesía de Concha Urquiza. Como bien sabe mi buen amigo el Malabarista, a mi la poesía como que no me hace mucho, más bien me apunté porque la lectura dramatizada la hacía la actriz Tanya Cosío, que habíamos visto en otras ocasiones en la propia feria y, después de la actuación del domingo, y la lectura que hizo de Jean Genet, me apetecía volver a verla leer.
Tanya hace su entrada de rodillas, recitando poesía, que se vuelve más mística cada vez, pues dicen que Concha fue la sucesora de Sor Juana Inés de la Cruz, esa a la que Madrid rinde homenaje con una sobria estatua en el Parque del Oeste. Pues ahí estaba Tanya, con los versos de Urquiza, y yo oyéndolos distraído, o ensimismado, como quien oye música relajante… y de repente, casi sin saber cómo, en un momento dado el recital se ha vuelto una conversación con Tanya sobre…¡los Detectives Salvajes!
- Alguien ha leido a Menganito de tal, dice Tanya, comenta algo de qué tiene que ver Megannito con Concha, y a continuación pregunta, ¿alguien ha leido a Roberto Bolaño, los Detectives Salvajes?
¡¿qué?! Los Detectives… ¡como para no levantar la mano!
Me quedo boquiabierto cuando Tanya revela que la protagonista de fondo y misterio del libro, es real y no es otra que Concha Urquiza, y que el ficticio real visceralismo que fundó, corresponde con el infrarrealismo mexicano del que Bolaño era pluma. Todo coincide. Las dos eran mujeres inusualmente independientes para la época, las dos poetas, las dos desaparecieron en el norte, las dos se alejaron de los circulos literarios.
Quizás esto, que Cesarea esté basada en una poeta real, no es lo sorprendente en sí, si no más bien, que yo no lo sabía y cómo me he venido a enterar, de la forma más insospechada.
Este libro es la ostia. No es que yo me haya metido en él, es él el que se ha metido en mi, en mi vida. Se empiezan a entremezclar personajes, lugares de su ficción, con eventos reales que suceden, sitios por los que paso en el DF, como una sicosis paranoica. A veces Xicoatl y yo hablamos de sus personajes como si fueran personas de verdad, que conocieramos, comentando lo que hacen o lo que dicen, y bueno, parece que al final sí son personas reales.
El otro día, X, que va por detrás en la lectura, me preguntó si ya se desveló el secreto de Cesarea Tinajero, ahora que casi termino el libro, y vaya, no se desveló en el libro, se desveló hoy, en el Palacio de Minería. ¡Qué bueno a veces ser un ignorante para llevarte estas sorpresas! Y qué bueno también, que no necesites ser un experto en poesía o literatura, ni saber qué es el infrarrealismo, o quién fue Concha Urquiza (hasta Google lo sabía), para disfrutar libros como este, los Detectives Salvajes.

lunes, 22 de febrero de 2010

Tacuba 5, feria del libro

Me doy cuenta de que me estas dando toquecitos en la pierna, y
entonces, salgo del ensimismamiento, adormecido. Vamos en un taxi,
bastante rápido, por la avenida de Chapultepec. Son las dos de la
tarde.
- estaba totalmente disperso, te digo
- y ¿en qué pensabas?
- en que estaba disperso, y en lo agradable que es eso, sobre todo
así, en movimiento. Estaba mirando los colores de las piedras de las
fachadas...

Aquí gris, allí azul, luego azulejo blanco, mas allá había una casa
violeta, ahí amarillo, ladrillo, ocre y le sigue el color de casa a
medio caer, y un poco más allá rojo tezontle en un edificio moderno.

Cruzamos la calle Cinco de febrero, la de la foto vieja, la de época.
Vamos hacia el Zócalo, y despues, al Palacio de Minería. Después de
las conferencias de ayer, pensé que no era justo pensar que acabo de
salir del pueblo, o tal vez no es justicia, es orgullo. Aquí los
capitalinos tienen "de provincia" balanceándose en la punta de la
lengua, y no hay que darles facilidades para que escupan. Bastante
harto estoy ya de los polanqueros de Casa del Arte, que me hacen
gruñir; terminaré siendo un pedante, o un fresa, o las dos mezcladas.
Para mi una feria del libro era una fila de casetas que en vez de
pinchos, venden libros. Una extensión de las librerías, pero en la
calle, en las de Valladolid, o las de Palencia. Entonces no diré que
de acabo de salir del pueblo, no, pero parece que acabo de salir de
una cueva.

martes, 16 de febrero de 2010

Sin aire

De nuevo en el Farolito, cenando ricos tacos al carbón. Cuando la tomo con algo, qué obsesión, creo que es la sexta vez en una semana que ceno aquí, pero es que despues de una de esas clases de natación-masacre necesitaba reponer fuerzas, y el zumo de mango está tan rico…
Hoy la entrenadora me preguntaba, al verme tan ahogado en la orilla, que qué había hecho el domingo para estar tan cansado, o mejor, que qué me habían hecho. Con segundas, muchas segundas. Claro que ayer fue el día de San Valentín, y seguro que la comadre se hizo su composición de lugar; tal vez ella se imaginó que me había pasado el domingo haciendo el amor con mi novia supuesta, o algo así, a juzgar por la sonrisa de picarona y yo, que un día de estos me hago telépata, sobre todo cuando me falta el oxígeno (todo el mundo sabe que los habilidades paranormales solo se manifiestan en situaciones extremas de supervivencia agónica) lo adiviné con solo unos parpadeos.
Y yo pensando, pobre de mí, pero si esto es innato, rendimiento bajo innato, y que si esa estampa que ella se imaginaba, o practicamente declaraba, fuera cierta, mi amante iba a estar tan decepcionada como ella, a los dos largos y medio ya medio ahogado y pidiendo un descanso, no creo que le satisfaga mucho a nadie.
Entonces me acordé de este trozo del libro de Bolaño, no sé si para animarme o quitarle tremendismo a mi asunto, que igual es que las situaciones extremas agónicas estas me ponen un poco exagerado, aparte de morado.



Barbara Patterson, en una habitación del Hotel Los Claveles, avenida Niño Perdido esquina Juan de Dios Peza, México DF, septiembre de 1976.
"...le dije a Rafael que teníamos que hablar, pero Rafael dijo que quería seguir rolando con Arturo Belano, y yo le dije, pinche cabrón, necesito hablar contigo, y él dijo, más tarde Barbarita, más tarde, como si yo fuera una niña a la que violaba todas las noches en los lugares más indecentes y no una mujer diez centímetros más alta que él y por lo menos con quince kilos más de peso que él (tengo que ponerme a dieta pero con esta puta comida mexicana quién puede), y entonces le dije, necesito hablar contigo ahora y el padrote de mierda hace como que se toca los huevos, se me queda mirando y me dice ¿qué le pasa, muñeca? ¿algún problema imprevisto? ….
…yo estaba en México dizque para hacer un curso de posgrado sobre la obra de Juan Rulfo, pero en un recital de poesía en la Casa del Lago conocí a Rafael, y nos enamoramos en el acto. Esa misma noche lo arrrastré hasta el hotel los Claveles, donde aún vivo, y cogimos hasta reventar. Bueno, Rafael es un poco gandul, pero yo me las arreglé para tenerle en forma hasta que las primeras luces del día se desparramaron (como desmayadas o fulminadas, qué amaneceres más raros tiene esta puta ciudad) por Niño Perdido…

Roberto Bolaño, los Detectives Salvajes.

domingo, 14 de febrero de 2010

El DF y los salvajes detectives

Los detectives salvajes. Hacía tanto que no leía un libro con este
placer...creo que desde La ciudad y los perros, solo que ahora no
siento la nostalgia que sentí al leer a Vargas Llosa, nostalgia por mi
corta estancia en Lima, los largos días limeños, si es que se puede
sentir morriña por tan breve estancia, si es que eso tiene sentido.
Ahora no la hay con Bolaño y el DF, porque todavía estoy aquí, en
esta ciudad, la gran ciudad. Esta ciudad que me mata, la que me mandó
al hospital, la única que lo ha hecho, la ciudad en la que soñaba
haber vivido ya mucho antes de saberlo posible, como un dejavu
imposible. Y la ciudad que definitivamente se me va quedar aquí
atravesada en el corazón, como la maldita flecha de cupido el día de
los enamorados.

Museando

Ha sido una semana museística pésima.
Primero, el museo nacional de San Carlos: a mi el arte europeo clásico
no me gusta (el Prado me aburre, me da hambre). Ahí en San Carlos, el
maestro viejo me recomienda los museos de la calle Moneda y el Carreño
Gil, sobre la Avenida Revolucion ya entrando en San Angel. Es decir,
lejísimos, en el fin del mundo, lo menos. Y voy y le hago caso.
Qué decepción de museo, tres plantas diáfanas en rampa: la primera,
con experimentos de los becarios del Bancomer; la segunda, no me
dejaron entrar, sin motivo, cuando aparentemente no estaban haciendo
nada (desde las rampas se ve toda la sala en 360• grados, y no, no
estaban haciendo nada, una sala esperando visitas). De la tercera
sala, solo pude ver la mitad, porque estaban grabando un reportaje
sobre impulsos al arte moderno, y la reportera era medio olvidadiza,
o disléxica, quién sabe, y no terminaban de grabar. Lo peor de todo
en el Carreño no fue eso, ni la distancia infinita, no, era la
proporción de guardas a visitantes de 7 a 1, inevitable sentirse
vigilado, cercado. Odio esa sensación, igual que en el SHCP de Moneda
en el que literalmente las seguratas te persiguen, ojo avizor, para
que no te lleves la Flechadora de bronce tamaño semi natural en el
bolsillo.
El miércoles en la SEP a ver murales, pero nada, no me dejan entrar. Y
hoy, termino finalmente con la sala Siqueiros polanquera, extraña, de
nuevo sin murales, pero que solo por ver ese cómic de Fantomas co-
protagonizado por Cortazar y Octavio Paz mereció la pena. Creo.

lunes, 11 de enero de 2010

Xocolatl

Está lloviendo. Cuando llueve y es de noche, la ciudad se vuelve un espejo negro de reflejos de luces, de farolas, de faros, que van y vienen y que centellean en el pavimento mojado. Hace frío y llueve, está oscuro.
El taxista me conoce, me reconoció por la voz, por el acento. Completó el mismo la dirección cuando le llamé. Tiene una risa diáfana, de las que parecen sinceras. Y se ríe bastante, creo que le hace gracia la forma en que le estamos dando direcciones, como un juego. Le leemos en voz alta el comentario de Gina con las pistas, y se ríe de lo del cri-cri, pero yo no lo entiendo. Es lo único que reconoce de todas las indicaciones, y no servirá de mucho. Pero es bueno que le haga gracia, nos reimos los tres.
Ya en la Condesa, nos bajamos. Es dificil buscar con un coche con unas direcciones dadas para ir a pie. Apeados, encontramos la calle, y el restaurante italiano. Al lado una verja, y adyacente, la chocolatería. Parece más bien una cafetería, pequeña, con una terracita ahora cubiera de lona, donde se cuela el aire frío. Solo hay una persona, sentada en una mesa en la entrada, casi en la campaña, y caben pocas más en el interior. Apenas hay sitio para la barra, ni para la chica que la sirve, que se sienta, hierática, en su cubículo. La carta se muestra como un cartelón sobre su cabeza. Tienen chocolate negro y chocolate blanco. "¿Tienes chocolate?" le preguntamos, como si no supieramos leer, aunque en el fondo, lo que buscábamos, lo que esperábamos era que dijera que claro, que habíamos dado con la chocolatería más famosa de la Condesa, y que no nos fiaramos de la carta, que en realidad escondía muchas más variedades, artesanas, calientes, ricas y por supuesto, la receta mexica. Pero no, ella no dice nada de eso, apenas dice un sí. X hace un ademán de irse, y yo le sigo. Le anuncio a la chica que luego volveremos.
¿Qué ha pasado? Todas las indicaciones cuadran, está en la calle del niño héroe, al lado del italiano, aunque, en realidad no conozco a Gina, pero diría que no puede ser ése un sitio que ella recomendaría, al que ella vendría. Nos arriesgamos, recorremos la calle, arriba, y abajo. Preguntamos a una pareja, "no, vaya, pues si es una chocolatería a estas horas deben estar cerrados. Pero bajad la calle hacia allá que se vuelve más comercial y allá seguro que hay más suerte". Pero no le hacemos caso, y rodeamos el edificio verde de la telenovela de terror, caminamos sorteando plantas gigantes en la acera, y vadeando los charcos, negros. Está oscuro, y la calle, el barrio, recuerda a una calle en París, que no sé si será Montmartre, el Quartier Latin, o solo mi imaginación jugando a los ya-vistos. Espera, la calle se acaba, volvemos al punto de inicio, ¿tomamos el chocolate entonces ahí, o nos vamos para casa? Pero no, es en la tienda de lámparas, ahí, el lugareño sí sabe. Es en la otra calle, otro niñó héroe, que no lo es tanto, es teniente. ¿Habrá otro restaurante italiano en la paralela? O simplemente las chocolaterías reputadas serán como los caracoles, que mueven su casa, pero despacio, así que no van muy lejos, solo al otro lado de la manzana. Y sí, ahí está, eso si es una chocolatería, con su gente, sus mesas, la madera, las piñatas, su rinconcito acogedor, y hasta la campana. "Sí, no es broma, si quieres ordenar, tienes que tocar la campana".
Cuando traen el chocolate, me alegro del empeño, de seguro hay un refrán castellano que habla de eso y reza, reza así "Quien persevera a dios desespera", O parecido. Salud y chocolate, qué reconfortante ¿quién no se acuerda de Juliette Binoche?

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Escarabajos

Estoy empezando mi segunda colección de fotografía malamente-hecha-con-mi-móvil-de-cualquier-manera. Mis compañeros de trabajo me regalaron una auténtica cámara digital (mil gracias), pero aun no me ha dado por usarla. Creo que me da apuro pasearla por el DF, o simplemente se me olvida cogerla cuando salgo. Creo que no soy de llevar más de un gadget, asi que cuantas más funciones tenga incorporadas el susodicho, mejor. Al iPhone ya solo le falta incorporar tarjeta de crédito y las llaves de casa, y perfecto. A caminar.
A lo que iba, sobre mis colecciones "Made by", la primera de fotos es sobre gente haciendo fotos, que es algo que me fascina, y la segunda es sobre los escarabajos de la ciudad de México, que es la especie semi endémica que más me sorprende por el número y la variedad de colores.
Como de la primera no creo que pueda mostrar nada aqui porque seguro que violo mil reglas de privacidad -uf, aunque estoy tentado, hay alguna buenísima-, pues aquí una muestra de la segunda.
La titularé "Escarabajo verde en Coyoacán".
¡Muérete de envidia, Annie Leboiv-... Leivo-comosellame!

martes, 8 de diciembre de 2009

Apanicarse

apanicarse

(Del lat. panĭcus, y este del gr. Πανικός).

1. verb. Reacción de un gringo ante un evento o circunstancia de mexicaneidad profunda latente que se manifiesta de forma intimidatoria.


Esta noche, a la vez que yo entraba en el metro Auditorio, salía toda una panda de seguratas (ellos y ellas) encabezados por un sigiloso que subía las escaleras con la pistola en ristre, y los demás que le seguían de verde, iban desenfundando.

Lo más raro fue que simplemente me pregunté "¿a donde irán?". Y lo segundo más raro fue que o lo soñé, o nadie se molestó en girar la cabeza.


domingo, 6 de diciembre de 2009

Si ayer descubrí a Remedios Varo, hoy, paseando por el centro histórico me he dado cuenta de la relevancia de esta pintora en México. Al menos por cómo compite con Frida Kahlo y Diego Rivera en el tema de postales y souvenirs...

Me encanta la interpretación de sus obras, está entre lo surrealista y lo fantástico razonado.

Varo dijo sobre este cuadro, Mujer saliendo del sicoanalista:

"Esta señora sale del psicoanalista arrojando a un pozo la cabeza de su padre (como es correcto hacer al salir del psicoanalista). En el cesto lleva otros desperdicios psicológicos: un reloj, símbolo del temor de llegar tarde, etc. El doctor se llama Dr. FJA (Freud, Jung, Adler)".

sábado, 5 de diciembre de 2009

El día

Hoy fue un día bastante redondo. Trabajé en casa, a causa de la tremenda amenaza de las manifestaciones multitudinarias que iban a colapsar la ciudad. Cualquier excusa es buena.
Me eché una siesta de babero, y fui a tomar un café servido a la española, es decir, con taza de loza, pequeña, café concentrado, y no dos litros y medio en un vaso de cartón. No estaba mal, no sabía como en España, el café chiapaneco, pero al menos era lo más parecido.

Tomé un camión hasta Chapultepec y fui al museo de arte moderno, a ver una exposición de Remedios Varo, una catalana -naturalizada en México como refugiada durante la invasión nazi de Francia- surrealista-metafísica que se inspiró en sus lecturas, desde lo metafísico, a las matemáticas, pasando por la novela negra, fantástica y esotérica. Me gustó como la muestra enlazaba sus cuadros con citas de la literatura supuesta inspiradora.

Luego me dolía la tripa y pensé que sería agradable sentarse en el banco frente a las Dos Fridas, de la exposicion permanente, pero una gringa obstinada en disparar todo encuadre del cuadro posible no me daba opción mas que a ver su culo, y no me apetecía, así que salí al parque del museo a sentarme en un banco de piedra lleno de hojas de otoño. Qué raro, un trozo de verde en la ciudad de México en estas fechas, y no está sembrado de flores de pascua.

Llegó la hora de cerrar el MAM, y salí a Pasear por Reforma para ver la exposición de viñetas de Abel Quezada en las rejas de Chapultepec, y de repente se me encaprichó acercame al Palacio de Bellas Artes. Cogí un camión, me planté allí, compré los malditos sellos en el Palacio de Correos, unos chocolates en Sanborns y pensé en regresar hacia Auditorio. Mala idea la del chocolate si te duele la tripa, y lo de bajar al centro el día de la manifestación. Reforma se bloqueó en cuestión de minutos, vaya.


No pasaban camiones por Reforma, y terminé andando hacia Insurgentes para coger el metro, pero me dió pereza, y al final entré en un hotel para pedir un taxi seguro en la Zona Rosa, que me llevó raudo al Auditorio, total, todo el tráfico estaba atrancado en Cuahutemoc.
Quería ver una obra de teatro medio musical, una obra dentro de otra. Como lo del sueño dentro del suelo "es lo más cercano a despertar" que alguien dijo, y otros citaron, y yo no recuerdo. Pero que casualidad, las entradas estaban agotadas para la obra que quería ver. Qué raro, aunque oí algo de "invitaciones", así que debía ser por eso. Está en sus ultimas funciones, y debieron invitar a medio DF a verla.

Ya me quedan pocas opciones para elegir en los teatros del centro cultural del bosque, así que no elegí, vi la que quedaba "Matando Puercos"; un experimento con los personajes estrella de Shakespeare simultaneamente controlados por unas brujas bastante eléctricas. Inciso: esta, Xicoatl, sí era más para intelectuales. Pero duró poco, y no estuvo tan mal para lo duro que podría haber sido.


"There are more things in heaven and earth, Horatio. Than are dreamt of in your philosophy."

viernes, 4 de diciembre de 2009

Persiguiendo Departures


Despedidas, se llamaba la película, en español peninsular. En mexicano, Violines en el cielo.

Departures, en inglés, aunque es japonesa. La historia de esta pelicula ya viene de largo para mi, no sé desde cuando llevo intentándola ver. Debía ser desde septiembre u octubre. No antes, no pudo ser que quisiera ver una película japonesa antes de volver de Japón, y eso fue en agosto.

Primero la intenté ver en Madrid, en uno de esos cines V.O. de detrás de Plaza España que el Malabarista me recomendó. Creo que cuando no tenía mucho trabajo, tenía otros planes en Madrid, o simplemente no me apetecía meterme en una sala oscura cuando la luz del día aun estaba suficientemente presente como para disfrutarla un rato más. Y el crepúsculo se pone muy bonito en el Parque del Oeste como para perdermelo en un cine.

Ya perdí la oportunidad de verla en Madrid, y acercándose peligrosamente noviembre, y mi propia departure, fue cuando descubrí que la echaban en ese cine del área de Santiago, en Valladolid, Carrión creo que se llama. Pero eran días muy complicados y rara vez estaba en el centro antes de las ocho, que empezaba la función. Así que pensé que ya no la vería en el cine, tal vez en internet o tal vez, no era una película para que yo viera. Me conformé con haber visto Mapa de los Sonidos de Tokyo, a lo que mi hermano dice que Isabel Coixet me mandará una postal de navidad, ya que he sido el único que he ido a verla, y muy agradecida la catalana, me felicitará las fiestas personalmente. Bueno... así es mi hermano.

Quizás pase lo mismo con Departures que con Mapa de los...; la sensación de salida es relajación, y mientras, aparco la opinión para cuando el poso caiga.

Tardé un mes en darme cuenta que el off, y la imaginería de Mapa de los .. me había encantado. Como nadar en éter. Creo que fue ya estando en México, cuando fuimos a cenar al pequeño japonés de la Zona Rosa. Plato único de sushi para mi, gracias, como siempre.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Top manta


Esto era la foto de un policía del Distrito Federal comprando un DVD en el top manta. Que pena que saliera borrosa.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Cómo emigran los sentimientos

No sé si ya he dicho que estoy encantado con la oferta cultural de la ciudad de México. Hoy de nuevo, Xicoatl y yo fuimos a ver una película de la 51ª Muestra Internacional de Cine. Queríamos ver una japonesa, pero nos confundimos de día y terminamos viendo "Norteado", una historia de la frontera.

Allí, la frontera es agua. Acá, arena.
Allá, el mar se traga a los hombres. Aquí, se pierden en el desierto.
Allí, se lucran buscandoles un sitio en una patera. Acá, los polleros.
Mexicanos o subsaharianos, todas la historias de fronteras son iguales.
Todas tienen algo en común.
Todas terminan.


Afortunadamente esta vez, la película - que empieza casi como un documental- termina de una forma muy tierna.


lunes, 23 de noviembre de 2009

Prendida de las lamparas

PROS
La 51ª Muestra internacional de cine
Siempre hay teatro, exposiciones, algo que ver, algo que hacer.
La ciudad verde, pese al aire.
¿En qué otra ciudad podria ver la efigie de un principe azteca recortada contra un rascacielos de vidrio y acero, en una avenida afrancesada, con palmeras, casonas, grandes aceras sembradas de asientos estramboticos?

CONTRAS
Me duele el estomago, es casi permanente.
El esnobismo.
¿Mucho ruido?
Me falta la paciencia... no puede ser que tarde media hora en comprar unas pantuflas que no tienen, o que me atiendan cuatro camareras distintas para pedir un bocadillo.



Pensaba esto antes, a oscuras. Son esos momentos en que la mente está atrapada en algo muy visual, mecánico, fácil de seguir, e imperceptiblemente se desconcentra, y termina pensando qué sé yo. Pensaba eso sin darme cuenta. Y de repente, no puedo evitar reirme al darme cuenta de que estoy viendo la dramatización de la vida de una escritora chiapaneca en un cuadrilatero de arena junto a un compatriota suyo que está.. ¡en pijama!

Real y surrealista a la vez, ¿no es genial?