
En mi habitual paseo por la red leo una noticia que me deja un regusto amargo en la boca, "La belleza está ahí", en ella se muestra la foto ganadora del último premio al Retrato Fotográfico de la National Portrait Gallery de Londres, otorgado al israelí Jonathan Torgovnik. La foto muestra a una mujer Ruandesa abrazada a una de sus hijas delante de la choza en la que viven, y con su segunda hija detrás. La mujer es bella, con esa belleza de tez oscura y brillante que tienen los africanos, pero hay algo que atrae la atención como un poderoso imán, sus ojos, los ojos de esa mujer y el rictus de su rostro reflejan una honda tristeza, una enorme amargura.
Leo el artículo y descubro que esa mujer se llama Joseline Ingabire, y que fué violada reiteradas veces por milicianos en la guerra que asoló Ruanda entre las tribus utus y tutsis.
Hay algo que me escama, cómo es posible que de una situación personal tan trágica y horrible se saque una foto que otorgue premios, publicidad y por supuesto dinero al fotógrafo. Qué clase de mundo es este en el que el sufrimiento de unos sirve de "musa" para el trabajo de otros. No dudo de la buena fé del fotógrafo, ni de su abnegado trabajo por mostrar las barbaridades ocurridas en ese país, pero ¿ no sería mejor además de reconocer el trabajo del fotógrafo entregar el dinero a quien de verdad lo necesita? ¿ no sería entonces cuando la denuncia tendría un efecto real?. Porque sino lo que ocurre es que escuchas diatribas de fotógrafos sobre la fotografía en las que se habla de la técnica, de la luz, del enfoque, como si lo que se retratara fuera una situación irreal, sin importancia, y no una tragedia brutal que desgarra la vida de tanta gente.
Esto me recuerda a otra historia que vi hace tiempo, la del fotógrafo Kevin Carter, que tratando de mostrar la brutal situación de hambruna en Sudán realizó una foto a una niña muriendo de hambre en presencia de un buitre, que aguardaba para devorar el cadaver. Éste fotógrafo esperó para poder sacar la imágen impactante que le granjeara fama y a la vez concienciera a Occidente sobre lo que allí ocurría. Su espera provocó que la niña muriera, y él finalmente obtuvo el Pulitzer. Dos meses después se suicidó, porque nunca pudo borrar la imágen de esa niña de su cabeza.
¿Cuánto hay de denuncia real en las fotos y cuánto de deseo de gloria? ¿cuánto hay de preocupación real y sincera en occidente por lo que ocurre allende los mares? ¿cuánto queda de bondad en el corazón del ser humano?