Los detectives salvajes. Hacía tanto que no leía un libro con este
placer...creo que desde La ciudad y los perros, solo que ahora no
siento la nostalgia que sentí al leer a Vargas Llosa, nostalgia por mi
corta estancia en Lima, los largos días limeños, si es que se puede
sentir morriña por tan breve estancia, si es que eso tiene sentido.
Ahora no la hay con Bolaño y el DF, porque todavía estoy aquí, en
esta ciudad, la gran ciudad. Esta ciudad que me mata, la que me mandó
al hospital, la única que lo ha hecho, la ciudad en la que soñaba
haber vivido ya mucho antes de saberlo posible, como un dejavu
imposible. Y la ciudad que definitivamente se me va quedar aquí
atravesada en el corazón, como la maldita flecha de cupido el día de
los enamorados.
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domingo, 14 de febrero de 2010
jueves, 28 de mayo de 2009
La nueva cuba
Ahora que se estaba empezando a castrar a los Castro... se sigue consolidando la expresión de libertad a lo Hugo, que si no aplaudida, al menos sí respaldada por los votantes veneciolenses. ¡Ay si Bolívar levantara la cabeza! (Tal vez Hugo diría, "vayasé Don Simón, para dictar y arengar a la masa des-educada ya me valgo yo,...").
El escritor peruano Mario Vargas Llosa fue retenido e interrogado durante una hora por personal del aeropuerto de Caracas. El autor es un conocido crítico del Gobierno del presidente Hugo Chávez, y está presente en Venezuela para participar en el foro internacional ‘El desafío latinoamericano: libertad, democracia, propiedad y combate a la pobreza'.
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viernes, 15 de mayo de 2009
Os llaman "Caye"
"Lo peor no sería que no hubiera nada después de la muerte...
Lo peor, sería que hubiera otra vida...
...y que fuera como esta."
Cuando volví de Barcelona y leí este post de Henry, tuve que ver Princesas. Ahora, leyendo este pasaje de Pantaleón y las Visitadoras, en clave de humor, me he acordado de esa escena, nada cómica, de la película de León de Aranoa.
Que grande, Candela Peña, se me ponen los pelos de punta.
Centro logístico del SVGPFA (Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines) del Ejército del Perú, Iquitos, Perú.
[....]
- La verdad es que no lo entiendo. Aquí ganan poco y les sobra trabajo. ¿Qué caramelo les atrae tanto?
- La seguridad, señor Pantoja -señala con la cabeza los vestidos multicolores, los grupos que zumban como enjambres de abeja, Chuchupe-. En la calle no hay ninguna. Para las lavanderas, a un día bueno siguen tres malos, nunca vacaciones y no se descansa el domingo.
- y el Mocos es un negrero en los bulines - las hace callar con un silbido y les indica que se acerquen Chupito -. Las mata de hamrbe, las trata mal y a la primera quemada a su casa. No sabe lo que es consideración ni humanidad.
- Aquí es distinto- se endulza, se toca los bolsillos Chuchupe-. Siempre hay clientes, las jornadas son de ocho horas y usted lo tiene tan organizadito que a ellas les encanta. ¿No ve que hasta las multas le aguantan sin chistar?
[...]
domingo, 3 de mayo de 2009
La ciudad y los perros
Después de que me dijera Rincón que no lo tenía en casa de su madre, lo compré aquí, en Oletvm, pero decidí que no lo leería. No lo leería porque acababa de llegar de vacaciones, y creía que si comenzaba, la historia del colegio militar me iba a recordar demasiado a Jesús, y eso a México, y eso a que estaba de vuelta aquí, en esta ciudad, y que tal vez eso pudiera conducir a pensar en ella como un encierro, y no quería sentirme nostálgico, porque a veces también me siento así, y prefiero no hacerlo, sobre todo después de volver, así, tan pronto.
Así que empecé a leerlo montado en el avión, uno de esos de hélices que se agitan como mil demonios, rumbo a Barcelona. Y así conseguí olvidar un poco las turbulencias, y los vaivenes del vuelo que ahora llevo tan mal. Y seguí leyéndolo todos esos días, unos días soleados, de mucho viento y un poco fríos para ser el Mediterráneo. Lo leía antes de dormir, o después de desayunar, un rato, o mientras esperaba para ir a cenar con el amic, o en cualquier otro momento corto. Y sí, si que me recordó a Jesús, y a México, pero también a Lima. Los nombres de las calles, de Miraflores, el malecón, Larco, el barranco, el sonido de las olas, y de las piedras en la playa que se oía desde los miradores. Tengo grabado esos sonidos, vinculados a Lima, y pienso que pocos sitios me han dejado un recuerdo sonoro,
apenas ninguno. Habré estado mil veces en Astorga, en Madrid, en Santander, en Granada y no recuerdo ningún sonido, pero en Lima sí, y era el sonido de las olas agitando las piedras de las playas debajo de Larcomar y del paseo de parquecitos sobre el malecón de la Reserva en Miraflores.
Me acuerdo mucho de esos días por allá, y pienso que el amic Henry también estuvo, y puede que en el mismo sitio, y no le produzca los mismos recuerdos o la misma impresión que ami, o al menos poco habló de Lima, mucho más de Bolivia, Uyuni, la Paz, o ahora más de la Patagonia. Creo que es el significado, la vivencia, lo que viene de dentro más que lo de fuera, es lo que imprime nuestros recuerdos, las impresiones. Allí en Lima término un cambio, mi cambio, un cambio que llevaba lentamente produciéndose desde hacía meses. Empezó en Transilvania, de viaje con el Malabarista, y terminó allí, en Lima, y quizás por eso recuerdo los colores, los olores, la luz nublada, los sonidos, sobre todo los sonidos de Lima, Lima la horrible, como si fuera un paraíso, y quizás para mi si que lo fuera.
Así que empecé a leerlo montado en el avión, uno de esos de hélices que se agitan como mil demonios, rumbo a Barcelona. Y así conseguí olvidar un poco las turbulencias, y los vaivenes del vuelo que ahora llevo tan mal. Y seguí leyéndolo todos esos días, unos días soleados, de mucho viento y un poco fríos para ser el Mediterráneo. Lo leía antes de dormir, o después de desayunar, un rato, o mientras esperaba para ir a cenar con el amic, o en cualquier otro momento corto. Y sí, si que me recordó a Jesús, y a México, pero también a Lima. Los nombres de las calles, de Miraflores, el malecón, Larco, el barranco, el sonido de las olas, y de las piedras en la playa que se oía desde los miradores. Tengo grabado esos sonidos, vinculados a Lima, y pienso que pocos sitios me han dejado un recuerdo sonoro,
Me acuerdo mucho de esos días por allá, y pienso que el amic Henry también estuvo, y puede que en el mismo sitio, y no le produzca los mismos recuerdos o la misma impresión que ami, o al menos poco habló de Lima, mucho más de Bolivia, Uyuni, la Paz, o ahora más de la Patagonia. Creo que es el significado, la vivencia, lo que viene de dentro más que lo de fuera, es lo que imprime nuestros recuerdos, las impresiones. Allí en Lima término un cambio, mi cambio, un cambio que llevaba lentamente produciéndose desde hacía meses. Empezó en Transilvania, de viaje con el Malabarista, y terminó allí, en Lima, y quizás por eso recuerdo los colores, los olores, la luz nublada, los sonidos, sobre todo los sonidos de Lima, Lima la horrible, como si fuera un paraíso, y quizás para mi si que lo fuera.
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