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miércoles, 20 de febrero de 2013

Negro II

Esta garuando de nuevo en San Paulo. Estoy en una de mis padarias favoritas, la que tiene una terraza encaramada en la ladera de Padre Joao Manuel, tomando un café de domingo y viendo un verdadero de rio de agua cristalina bajando entre la acera y la calzada. Me estoy fijando en la gente que esta aquí en este lugar. No es que sea exclusivo, para nosotros seria un lugar correcto, limpio, cuidado y con luz. Para muchos paulistas seria de "gente fina". No hay ni un solo negro aquí. Es curioso, quizas es por el libro que estoy leyendo ahora, que me deja mas sensibilizado con el asunto, pero de repente pienso que en todos los sitios donde he cenado, almorzado o tomado café desde que estoy en Jardins no he visto ningún cliente negro. Solo japoneses en aquella temakeria, mujeres muy bien vestidas, pero los únicos negros o morenos son los trabajadores. Y normalmente es la regla, morenos trabajando, blancos tomando.
Ahora entiendo mejor lo que decía Vitor sobre vestirse bien, tener el pelo bien cortado y la barba hecha, yo creía que era solo algo de vanidad. 
"Tu eres gringo y blanco, puedes ir con las pintas que quieras. Pero yo no".
" Lo peor que te puede pasar es que al entrar en un sitio te paren y te pregunten si te pueden ayudar" 
"Y creeme, eso pasa" "Yo no voy a darles esa osadía".


lunes, 18 de febrero de 2013

Negro

"Es que el salvajismo de esta tierra solo puede ser enfrentada por los negros - y en esto son insuplantables, pues vienen de una tierra mas hostil que esta. Si no tenemos esclavos inteligentes, a quien podamos confiar hasta mismamente la formación de nuestros jóvenes, como hacían los helenos, tenemos en compensación esclavos rudos, capaces de enfrentar, bajo buena, tenaz y dura dirección los trabajos de nuestros cultivos y nuestras fabricas."

                            Joao Ubaldo Ribeiro - Viva el pueblo brasileño.


jueves, 14 de febrero de 2013

Miércoles de cenizas

Esta mujer se llama Camila Pitanga. Además de simpática y bonita, es actriz y brasileña. Yo la conocí porque era la cara de la campaña de créditos hipotecarios de la Caixa Económica Federal, que personalmente siempre me pareció temerario y después de lo de España deberían prohibir anuncios de créditos hipotecarios en la tele igual que hicieron con los anuncios de tabaco. Así qué Camila para mi siempre fue la cara de una potencial, inminente y dejavuista burbuja inmobiliaria versión feijoada.
Pues bien lo que me sorprende de Camila Pitanga es que ella se considera negra (sus padres son afro o tal vez mulatos). Le debe parecer hasta divertido, pero lo peor no es lo que ella piensa o diga, lo peor es que ella es el concepto que la red Globo tiene y proyecta de mujer negra brasileña. Si exacto, porque Camila es negra, y es así que deben ser los negros de este país. Pelo ondulado como mucho, piel levemente tostada y rasgos caucásicos, con tal vez labios gruesos y jugosos. Y cuando le preguntas a la gente, dicen que Camila es negra. ¿Y Pelé entonces que es, extraterrestre? Flipo con el poder mediático que tiene en este poder la televisión.

viernes, 27 de marzo de 2009

Cartagena negra

Ya de nuevo en el aeropuerto de Cartagena, de regreso a la sabana. Acabo de comprarme un libro de un escritor colombiano, que no es Garcia Marquez para variar, y la vendedora me ha prometido que me encantará, avalado por un premio UNESCO por la forma en que trata la esclavitud negra en esta parte del Caribe.
Ahora recuerdo cuando llegué hace un par de días; la travesía del taxi desde el aeropuerto hasta Bocagrande, discurriendo por las curvas que a un lado dejan un agitado mar de las Antillas, y a otro la plaza fuerte y murallas de la ciudad vieja. Ese trayecto me recordó de repente -ahora sí- a un cuento de Marquez que narra una escena en la vieja Habana donde un coche se estampana contra una casa colonial en un paseo ciertamente muy similar al que mi taxi recorría. Ahora sé en que se inspiró García Marquez para detallar esa escena. Sin haber estado en Cuba, presiento que La Habana y Cartagena guardan parecidos: el calor y la humedad, la gastronomía caribeña, la arquitectura colonial - con sus mansiones amarillo américa, de paredes resquebrajadas, tejados hundidos sobre la vista desde el baluarte-, el mar cálido, el acento caribeño, y como no, la gente negra.
"Los negros mataron a todos los españoles, eh?" me dice un barranquillero de ascendencia árabe sobre uno de los muros de la ciudad fortificada. Es el único sitio donde la brisa del mar hace que se pueda estar a esas horas. Y tiene razón, quitando los turistas, apenas hay "mestizos" colombianos, ningún blanco.
"She lo tendrian meresido shin duda", le digo, imitando el acento de los paisa, que me resulta más fácil que el costeño. "Pero no, man, hushlleron a Antioquia. No vesh que todosh shon blancosh en Medashllo?"
El gesto de su cara corrobora que los del interior y la costa tienen mundos separados y normalmente no se mezclan fácil.
Con esa reflexión en mente, después me bajo de la muralla a la Ceiba en frente de la torre del reloj, a probar diferentes combinaciones de jugos de frutas tropicales que nunca conocí antes, como guayaba, tamarindo, borojó, guanaba, lulo...