Sin embargo personas muy, muy queridas para mí, y muy cercanas, no han tenido esa suerte, y los palos de la vida y la falta de cobijo o aliento en los momentos importantes les han hecho no desarrollar ese arrojo, les han hecho timoratos y cobardes, y ¿son ellos culpables de eso?, no, no lo son, soportan injustamente el juicio de los demás y las opiniones malintencionadas y crueles, de parte de personas que se creen mejores por el resultado final, pero que no entienden que ese resultado final es en gran medida producto de la casualidad y no de sus méritos, no de nuestros méritos.
Es muy duro ver a alguien que quieres condenado a no disfrutar de las oportunidades, de los placeres que tú puedes alcanzar si te lo propones, y saber en el fondo de tu alma que tenían originalmente las mismas potencialidades que tú, las mismas capacidades, pero que el caprichoso destino tenía reservadas para ellos las peores cartas, y es más duro todavía cuando esa persona es inteligente, y puede ver la jugarreta, y sufre, y se encierra en sí mismo, incapaz de comprender porqué le ha tenido que tocar a él, qué es lo que ha hecho mal, en que punto se equivocó. No hay respuesta a esas preguntas, no hay nada que hiciera mal, simplemente la suerte le dió la espalda.
Luis Royo lo refleja muy bien
