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miércoles, 2 de junio de 2010

El de este año


Siempre lloro con Claire Ducreux, pero esta vez ha sido su compañero de sueños, Leandro, el que ha dirigido uno de los espectáculos más bonitos que he visto en estos 11 años de Teatro de Calle. En este vídeo apenas se aprecia la belleza de la pieza, pues la duración real es de 35 minutos, pero no por eso desmerece. Que lo disfrutéis.

martes, 1 de junio de 2010

Calor y circo




Pese a que todo, o casi todo, está en la Red, no me acostumbro a deshacerme de "mis papeles". Por ejemplo durante todo 1 año he estado, sin intención alguna, guardando la guía oficial en formato periódico del Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid del año pasado. Y hace un rato revisando unas carpetas y fundas de plástico perforadas, he vuelto a releer los comentarios y reseñas de lo que vi entonces, recordando en la medida de lo posible algo de las sensaciones que tuve mientras veía las actuaciones. Las risas que me eché con "Dislocate", un trío de Australia,; más risas aún con Sebas, un tío muy divertido que vi por 2 veces de tanto que me gustó; las lágrimas que no pude contener con una compañía de bailarines portugueses en la que también participaban personas con parálisis cerebral; la ilusión al ver a mi hija aplaudir a una pareja, también de Portugal, llamada "Ariane Numero"; la originalidad que me pareció el dúo "Dithyrambe", de Francia; el intenso silencio de unos jóvenes vascos de "Kukai Danzta Konpainia"; el desparpajo y la sorprendente improvisación de unos chilenos que cortaron el tráfico de forma espontánea en la Pza. Poniente para interactuar con cualquiera que transitara por allí; el calor que pasé viendo a otra australiana, "Liz Lea", pese a abanicarnos con las telas de sus vestidos; el miedo al principio y la calma después de mi hija al ver a unas txalapartaris; la presión en la barriga del vértigo que daba ver a "O' Ultimo Momento", un acróbata subido a un mástil enfrentado a la gravedad; el asco de los escupitajos y gárgaras de "Mokadam Kanibal", de Francia, y sobre todo, el cúmulo de emociones que se revelaron con "1 Watt", unos belgas a los que di mi voto.
Cuán gratos estos recuerdos en este lunes tan veraniego, justo después de haber vuelto a sentir la magia durante 5 días intensos entre artistas de calle de todos los mundos.
Mi gran aplauso para todos/as ellos/as.

(Por cierto, en la introducción del vídeo aparece alguien conocida. Una pista: tenía entonces casi 1
año:



sábado, 26 de septiembre de 2009

Bleeding clown

Me gusta la metáfora del circo como reflejo de la infancia. Un redondel de luz y color, ilusión, un redondel pequeñito, limitado, en el que una vez que te sales, es díficil volver, ya dejas atrás la magia, pues ya entiendes el mecanismo. Vuelves, pero como observador.
Y en general, sobre dejar el mundo conocido atrás perseguiendo sueños.-
Leí este post en el blog de G. sobre los payasos tristes y me recordó a la canción, y a esto, que escribí hace mucho tiempo.


La sonrisa del payaso le había devuelto la paz en el pasado. Pero ahora ya no funcionaba. Además, el payaso estaba marchito, y los antes vivos colores de su traje ahora apenas lucían mortecinos, apagados. Ella se giró y salió de la carpa, franqueó la cancela y abandonó para siempre el recinto donde sus sueños circenses de un día anaranjado se habían vuelto zafios y mundanos. “Un sueño tiene que guiar, tiene que impulsar”, se dijo a sí misma. “Mi sueño, se ha roto”.

Había caminado durante dos horas desde la ciudad del Sol, a tres leguas de la explanada, hasta la mismísima puerta del Arco de Oro con el anhelo de días perdidos en su corazón. Cuando dejó el circo años atrás, el sueño la perseguía. Recorrer el mundo, salir de aquel redondel que era su universo, y ver otros cosmos, otros rumbos. Pronto se dió cuenta de que en el mundo exterior no había malabaristas, ni mujeres barbudas; los saltimbanquis no brincaban ni había acróbatas tejiendo lazos en el aire; no había domadores ni leones, pues todas las fieras eran aniquiladas antes de saberse fieras, y los domadores no llevaban látigo. Llevaban países y vestían de poder y de sombras en el alma. Pronto descubrió que todo eran trucos, pero no había ninguna magia. Sólo televisión, prensa, radio y red. Y entonces lo entendió todo. Se arrepintió de su viaje exterior. Quiso volver a su pequeño redondel de felicidad, quiso volver a su pequeño circo de magia y luz, donde cada día todo era nuevo. Pero no pudo, se encontró la carpa ajada y el payaso triste y descolorido. Con un susurro roto, él se lo explicó: “Amalia, la infancia sucede una vez. No puedes regresar a la inocencia, pues se pierde al vivir y no se recupera jamás”.






lunes, 8 de septiembre de 2008

Aprendiendo en compañía........ más y más y más....

Estoy desbordado, sin más. Las últimas semanas transcurridas alrededor de mi treintañero cumpleaños me han dejado sin palabras. Pensaba que ya estaba colmado, que me habían demostrado más cariño del que puedo abarcar y seguramente del que merezco recibir. Pero me equivocaba, todavía quedaba más. Este fin de semana volví a mis raíces, más queridas de lo que muchos creen y/o de lo que yo mismo transmito. Y disfruté, mucho, pero mucho mucho. Estos "pequeños" señores que tuvieron a bien traerme al mundo son ahora un lucero que alumbra mi camino, un brasero, como aquél que en mi infancia calentaba nuestras piernas, que calienta mi corazón, y lo cobija en tiempos de tormenta. Me esperaban con una sonrisa y un regalo, regalo que como todos los que me han hecho desde hace algunos años tiene que ver por fin con lo que yo soy y no con lo que a ellos les gustaría que fuera. Se adentran en mundos que desconocen cargados de buenas intenciones y de paciencia para agasajar a su vástago con un regalo que le emocione, y no se si dan cuenta que lo que me emociona no son sus regalos, sino su actitud, ese es el mejor regalo.
Pero no acaban ahí las ofrendas, mis queridos hermanos, que últimamente son (junto a otra gente) el empujón necesario para pasar de las palabras a los hechos, me tenían reservada una magnífica sorpresa, bajo una manta ocultadora esperaba ansioso mi nuevo compañero de juegos...

Me quedé sin palabras, aunque mis ojos como platos y mi boca "ensonrisada" no dejaban lugar a dudas. De nuevo ilusión, a paladas, de nuevo agradecimiento, a borbotones.
Pero quedaban más alegrías, mi mundo madrileño, que conmigo vino a conocer las fiestas pucelanas, ese mundo que enriquece mi alma cada día en conjunción con mi mundo pucelano, ese que me hizo crecer, que acompañó mis tropiezos y me cobijó cuando me caía. Y lo mejor, esos mundos juntos, unidos en una mística conjunción, y todos dando lo mejor de sí mismos, y para rematar la función todos juntos con mis padres y hermanos tomando cañas domingeras como fin de fiesta.
Desbordado, esa es la palabra. No se si lo soñé, porque a veces la felicidad está tan cerca del mundo de los sueños que las fronteras acaban por volverse difusas, pero en cualquier caso fue lindo, extraordinariamente lindo. No se que ha pasado para que tanta gente estupenda me mime como lo hace, no sé si lo merezco, pero lo que sí se es que lo agradezco profundamente. Espero que las estrellas y soles que alumbran mi firmamento estén siempre cerca, como ahora, y especialmente espero que lo esté uno, que cada día me admira más como persona, amigo Daviz, eres un tipo increible, espero que seas consciente de cuánto.

lunes, 8 de octubre de 2007

CHARLIE RIVEL

Huelga decir, con el nick que me he puesto que me gusta mucho el circo, desde pequeño me encantó la sensación de volar a otro mundo lleno de magia e ilusión y vacío de miedos y frustraciones.
Para mucha gente el circo es algo propio de niños, para mí es algo propio de mentes que se atreven a soñar, y en eso no creo que tenga nada que ver la edad.
La semana pasada acudí al Teatro Circo Price, para ver un espectáculo de circo rumano, como siempre disfruté muchísimo y sentí fortalecerse el lazo que me une al niño que fuí, el que me hace sonreir como un bobo cuando veo la película de Peter Pan.
Al salir una foto en el pasillo llamó mi atención, cuando me acerce descubrí un payaso en medio de su actuación, en una imágen en blanco y negro, con el siguiente texto debajo, "Charlie Rivel, 1969".
Un fogonazo iluminó mi mente, y mi memoria, Charlie Rivel, no pude verle en vivo, era yo muy pequeño y el ya muy viejito, pero recuerdo perfectamente verle en el televisor en blanco y negro de mis padres, todos juntos en el salón, y sobre todo recuerdo perfectamente el día que murió, ese día todos los telediarios hablaban del payaso más famoso de la historia, y pasaban imágenes de sus actuaciones, con su famosa silla y su famosa guitarra, con un haz de luz que iluminaba su figura y cinco centímetros más alrededor, y esa cara de tristeza, de pena, de ternura que tenía y una música triste y melancólica acompañando sus últimas imágenes en vida, dándonos su últimos adios.
Disfruté del día, disfruté de los recuerdos, y gracias a la red ha surgido el reencuentro.

Aquí su historia

http://www.tinet.org/~tarraco/archarli.html

y arriba su arte.