Pero no acaban ahí las ofrendas, mis queridos hermanos, que últimamente son (junto a otra gente) el empujón necesario para pasar de las palabras a los hechos, me tenían reservada una magnífica sorpresa, bajo una manta ocultadora esperaba ansioso mi nuevo compañero de juegos...
Me quedé sin palabras, aunque mis ojos como platos y mi boca "ensonrisada" no dejaban lugar a dudas. De nuevo ilusión, a paladas, de nuevo agradecimiento, a borbotones.Pero quedaban más alegrías, mi mundo madrileño, que conmigo vino a conocer las fiestas pucelanas, ese mundo que enriquece mi alma cada día en conjunción con mi mundo pucelano, ese que me hizo crecer, que acompañó mis tropiezos y me cobijó cuando me caía. Y lo mejor, esos mundos juntos, unidos en una mística conjunción, y todos dando lo mejor de sí mismos, y para rematar la función todos juntos con mis padres y hermanos tomando cañas domingeras como fin de fiesta.
Desbordado, esa es la palabra. No se si lo soñé, porque a veces la felicidad está tan cerca del mundo de los sueños que las fronteras acaban por volverse difusas, pero en cualquier caso fue lindo, extraordinariamente lindo. No se que ha pasado para que tanta gente estupenda me mime como lo hace, no sé si lo merezco, pero lo que sí se es que lo agradezco profundamente. Espero que las estrellas y soles que alumbran mi firmamento estén siempre cerca, como ahora, y especialmente espero que lo esté uno, que cada día me admira más como persona, amigo Daviz, eres un tipo increible, espero que seas consciente de cuánto.