El primer paraguas que compré en Woolworth fue un día lluvioso. Mucho. Tanto llovía que pensé que tal vez el Lago de Texcoco volvería a llenarse, y quedaríamos en la orilla poniente, un poco mojados, pero no tanto como en Chalco. De hecho, ese fue el día de las inundaciones del DF. Yo compré mi paraguas en el Woolworth de Polanco, pero apenas lo usé, solo desde Horacio hasta Mariano Escobedo, ahí tomé un pesero hasta Reforma, y de nuevo volví a usarlo en Chapultepec. A la entrada del MAM, lo sacudí para no empapar el suelo del museo, y me quedé con el mango en la mano. Literalmente en la mano.
El segundo paraguas lo he comprado hoy en Woolworth, no aprendo, pero es que llovía feo, igual no tanto como el día de Chalco, pero sí era esa lluvia continua y gris que tiende a mojarlo todo, sobre todo lo que tú llevas puesto, desde las zapatillas hasta la pernera, pasando por los calcetines, la chamarra y el pelo. Está vez me dió para pasear el paraguas efímero por todo Insurgentes, por el Centro Cultural Universitario de la UNAM (que es un buen, buen trecho), por el MUAC, y por el centro de Coyoacán, y de regreso a Polanco, también me acompañó. Pero justo cuando iba a la piscina, cruzando Lago Alberto, se ve que ahí el aire corre con más fuerza y el paraguas se aristó, sacando las agujas sacaojos, dejándome con un pararrayos en la mano.
Moraleja: la única razón por la que compro en Woolworth es porque me caen bien los ancianos que tienen de ayudabolsas en las cajas.
Y por cierto, hablando del diluvio: aquí una foto que tomé de la autopista camino a Texcoco, todavía diez días después del día de Las Inundaciones en el DF.
