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lunes, 10 de agosto de 2015

México, D.F. Veintidós de mayo, recuerdo numero cuatrocientos sesenta y tres. Aquella tarde llovió, dejó todo mojado. El centro histórico estaba mas bonito y cuidado que nunca. Transitado, vivo como siempre. Recuerdo las luces brillando a través de la lluvia. Nunca me gustó mojarme. Las luces en el Azul espectacular. Fue una noche especial, divertida. Descubriendo una aspecto de la ciudad que no conocía, saliendo por los antros del centro, bebimos, escuchamos música, vimos gente, gente nos vio. Hacía calor en los antros, música buenaza y no tan buena. Nunca vi cumbia bailada. Y como bailaban, los cabrones. Me dio envidia. Recordé, aunque no te lo dije, aquella vez que la señora de blanco nos sacó a bailar en Chiapas. Por dentro me reí mucho.
Cuando terminamos la noche recuerdo caminar por la Alameda Central. Las luces de las iglesias a lo largo de Hidalgo estaban mas bonitas todavía, luz amarilla sobre la piedra granate del centro. Me dio nostalgia del tiempo que soñaba con México, que vivía en mi suelo colorido y folclórico. Quería que la Alameda no se acabara nunca, porque era como en el sueño que yo había inventado para mi. No quiero ver la realidad, no me interesa.
Aun tengo tanto que escribir... Sobre lo que aprendí. No quiero que se disipe, sin más, como tantos otros. Y quiero otra noche en el D.F.

sábado, 8 de agosto de 2015

18 de mayo, Bogota. Recuerdo número trescientos catorce. En mi cabeza esta sonando continuamente La Llorona interpretada por un tal Depedro, su voz es un lenitivo. Arrastro melancolía por el Andres del centro comercial Santa Bárbara, que ni de tan colorido va a evitar que piense que se me va a romper el corazón en cualquier momento. ¿Cómo he podido caer en esa? Me siento un estupido, no haber aprendido nada en tantos años. Zap, clic. Al poco, es un avión pequeño rumbo a Quito, un día nublado, llueve, y ahora descendemos a un gran valle húmedo, con nubes esparramandose a ras. Y mientras aterrizamos, me regodeo en mi miseria autocompasiva con cierta felicidad agridulce y pienso que me lo tengo merecido. No se cuando voy a superarlo, pero en cierto modo, esa miseria reflexiva, experimentarla por una vez, me hace sentir bien.

"Ay de mi llorona..."

lunes, 14 de mayo de 2012

Nostalgia

A veces hay que cambiar las cosas y mirar de frente, pero es bueno dejar algo para el recuerdo.
Hace semanas comencé a releer lo que habíamos escrito, lo que habia pensado. Y descubrí que me habia echado de menos, y que habia dejado algo importante por el camino, y lo había olvidado, no como quien pierde un billete de cincuenta euros, más como quien se dejó el paraguas en algún lugar y solo se da cuenta cuando comienza a llover chuzos de punta.

viernes, 8 de octubre de 2010

Cinco meses (II)

Está lloviendo en Sampa. Ultimamente llueve mucho, al anochecer. El aire se queda mojado. A veces llueve hacia abajo, a veces llueve hacia arriba, la garúa paulistana, así le dicen a esa lluvia que parece suspendida en el aire. Si tuviera que encontrar la belleza de esta ciudad, tendría que reunir muchos fragmentos sueltos, coserlos juntos. No hay una belleza evidente en sus ruas, no hay un centro histórico, un barrio bonito. ¿Qué sería Sampa, entonces? Sería una pizza perfecta, la esquina de un bar donde tocan en vivo, sería la fruta de la capiriña, Ibirapuera, el lago, el MASP rojo, los skaters atravesando el hormigon liso de la Paulista, tirándose contra los muretes de los jardincitos en Caixa.  El hormigón ondulante de Niemeyer, el café de Conjunto Nacional, la Livraria Cultura, las antenas nocturas. Sería el sushi "a vontade", sería tener "saudade". La voz de Caetano y la letra de Amado.
Llevo ya casi cinco meses aquí, y aún tengo la sensación de estar recién llegado, debería estar yéndome ya, y aun sigo pensando que no estoy exprimiendo suficientemente esta ciudad. ¿Será por comparación inevitable con los otros cinco meses?   

miércoles, 29 de septiembre de 2010

MEMORIA


Cómo se hace una memoria, un informe, un documento frío tratando de escribirlo con objetividad, sin el recuerdo aún vivo que permanece inalterado en la memoria, sin el nudo en la garganta de las lágrimas contenidas, sin el cosquilleo en la barriga por un gesto de cariño, sin el estremecimiento a causa de una sonrisa dedicada, y sin que la piel vuelva a erizarse por la complicidad de las miradas.

Cómo dejar todo eso aún en la maleta en que se ha transformado mi cuerpo, y apartar del pensamiento, convertido ya en bolso de mano, las sobremesas imprevistas, la risa melodiosa de una ría de Galicia, las arrugas de unas sienes que sueñan todavía, el calor y la sinceridad incandescentes de unos ojos que reflejan un azul inmenso, tanto como un océano, y el acento de una lengua que rebota en azulejos desconchados.

Cómo se consigue.
Desligando entonces la historia vivida de la historia narrada.
Filtrando los retazos verdaderos por un coladero imaginario, cayendo los
posos de recuerdos en mi memoria,
esa que se quedó en un istmo de piedras metida en el Atlántico.




martes, 21 de septiembre de 2010

Lembrança coyoacana

Juntos, recuerdos de mis dos lugares favoritos del planeta hasta la
fecha: las "fitinhas" del señor de la buena muerte de Salvador de
Bahia, y las pinturas de Frida Kahlo de la Ciudad de México. En los
dos sitios adoran el colorido, no creo que sea casualidad.

Como ya te dije una vez, con estas cosas que voy acumulando, mi no-
casa se está convirtiendo en un museo kitsch...!

sábado, 27 de febrero de 2010

AmsterDamm

Hoy fui a comer tacos, en la calle, con los compañeros de la oficina. Se portan bien. Aunque no trabajamos juntos, son muchas las veces que me descubren la gastronomía callejera del DF, si es que las calles de Santa Fe aun entran en esa categoría. Pedimos unas tostadas, nos arremolinamos en un círculo, pero no hay mucha conversación, y no se como, supongo porque no puedo estarme callado cuando pasan los ángeles por el medio, empiezo a hablar casi de cualquier cosa. La conversación va yendo y viniendo, y se convierte en oírme hablar a mí mismo de la marihuana, y de aquel viaje a Amsterdam que hicimos cuando aun éramos becarios, jóvenes, casi universitarios aún, con dinero en el bolsillo por primera vez, con ganas de viajar, y no tanto de comernos el mundo, quizás sí de fumárnoslo. Al menos el mundo europeo, y dentro de él, Ámsterdam, capital de una libertad extraña, que ahora se me hace grotesca, pero en su día, muy espiritualizada. De ese viaje no recuerdo ahora mucho, sólo que volví con la memoria afectada, la ruta de los coffeeshops, las fotos de Susana, la cabeza algo bloqueada. Recuerdo que volvíamos en el avión, y casi no recordábamos a qué nos dedicábamos en España. Las risas. Recuerdo la montonera de bicicletas aparcadas, apiladas casi como chatarra, una plaza que tenía un monolito fálico, los canales, las casas europeas alargadas, en alguna calle frente al agua. El sol poniente a las tres de la tarde, el ambiente cálido, los albergues, recuerdo a Henry, el tranvía cinco que nunca pagábamos, y no recuerdo mucho más.

No sé si fue una conversación muy acertada. Creo que a veces me vuelco en un torrente de palabras, una bola de nieve irremediable. Desde que estoy en México me doy cuenta que cada vez hablo más, y escucho menos, o no tanto, no es eso, no es no prestar oídos. Será el ánimo de Momo, que se ha olvidado de preguntar y simplemente habla.


domingo, 20 de diciembre de 2009

Efecto Rip Van Winkle

A veces pasa. Lo provoca un estímulo audiovisual propicio, que hace que vuelva ese recuerdo, aleatorio, inconexo y más bien poco concreto; y vuelve de manera tan vívida que por un segundo envolvente el recuerdo absorbe, no exactamente como revivido, más como si las sensaciones de entonces envolvieran voluptuosas la percepción, te retornaran sensacionalmente a lo que percibías en aquel momento. Cuando eso pasa, parece que todo lo vivido desde ese momento pasado hasta el presente se colapsara para tu percepción, desaparece para esa forma de percibir el mundo -dificil de describir- que posiblemente se situa entre los cinco sentidos y la analítica lógica del cerebro, o tal vez en la convergencia de ambas, sin ser ni una ni otra.
Parpadeas y por unos momentos leves, has pasado de la sensacion del recuerdo pasado al presente de súbito, y tu percepción no reconoce ese salto, te desubica, como un Rip Van Winkle. Tu mente sabe perfectamente, tu razocinio no se afecta, pero tu fuero interno, confuso, desconoce. Como una conversación fugaz entre ambos, donde uno trata de ajustar al otro.
- ¿dónde estoy?
- en México.
- pero, ¿estás paredes?
- son tu casa.
- ¡no!.. ¿sí?
- sí
- pero, ¿qué hago en México?
- Viniste unos meses, ¿no recuerdas?
- er.. sí. Casi. Ya recuerdo.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Ayer y hoy

Hace años, cuando me regalaron mi primera radio con reproductor de CD estaba impresionado. No era para menos: allí dentro había .. ¡un auténtico rayo láser! Los CDs eran caros, y no había empezado la moda del pirateo, ni top manta, ni creo que los ordenadores siquieran tuvieran unidad de CD-ROM por ese entonces, así que había que comprarlos originales, y se atesoraban como piezas de una colección -algo poppera- y tan brillantes en su arcoiris cromado, con los folletines oliendo a papel satinado, de colores vibrantes, tacto suave. Mi primer CD era un recopilatorio de Unplugged, y recuerdo una canción, un cover de Led Zeppelin, Battle of Evermore -que debería buscar en algún momento, quizás cuando termine la entrada. El segundo CD que compré, en cuanto los pocos ahorros de la propina lo permitían, no recuerdo cuál era; pero el tercero sí, era otro recopilatorio de canciones de BSO de películas de entonces. Recuerdo que no estaba mal, pero me molestaba un montón que la pista número tres fuera de una tal Chavela Vargas que no me gustaba nada, y creo que cantaba una canción de una peli de Almodovar, que tampoco me gustaba nada."Piensa en mí" creo que era, cantada con esa voz de garganta quemada en vodka, y una melodía que le podría gustar a mi abuela, y encima en español. "Qué mal, ¿por qué la pusieron en mi CD? Ahora tengo que andar saltándola.."

.... hoy, estoy en México, y la Vargas, con esa voz rota que se atrastra por sus noventa años, resuena en las paredes. La he puesto yo.


viernes, 18 de septiembre de 2009

Fragmentos

Bea, que estaba a punto de salir volando sobre Rodalquilar.
Isa, que no sé que estaba haciendo.
Mónica, Virginia y Villi, que formaban en corro mientras esperabámos a alguien en el portal de mi casa.
Juan, haciendo de mástil de bandera, también en Gata.
Marta, muy embarazada en el aparcamiento de la calle de la India.
Yo, en Machu Picchu
Ramón, en el cumpleaños de Virginia en aquel bar de Madrid.
Raúl, en San Cojón, en una casa rural de Segovia
Calvo y Javi, esperando ya una noche de frío en Fiestas del año pasado en Cantarranas.
Y de fondo, una de las plazas abarrotadas de Barranco, en Lima. Y esa estrella a la que empiezo a coger manía. ¡Símbolos!

Esto va a haber que cambiarlo un poco.


sábado, 5 de septiembre de 2009

Memorabilia

La memoria es como un mar de retazos melancólicos; los recuerdos flotan insolentes, con vida propia; van, vienen, emergen, se sumergen, y se arremolinan, chocando, encajando, y formando mosaicos caleidoscópicos, imágenes que a veces cobran sentido, y otras, es mejor no mirar.

domingo, 3 de mayo de 2009

La ciudad y los perros

Después de que me dijera Rincón que no lo tenía en casa de su madre, lo compré aquí, en Oletvm, pero decidí que no lo leería. No lo leería porque acababa de llegar de vacaciones, y creía que si comenzaba, la historia del colegio militar me iba a recordar demasiado a Jesús, y eso a México, y eso a que estaba de vuelta aquí, en esta ciudad, y que tal vez eso pudiera conducir a pensar en ella como un encierro, y no quería sentirme nostálgico, porque a veces también me siento así, y prefiero no hacerlo, sobre todo después de volver, así, tan pronto.

Así que empecé a leerlo montado en el avión, uno de esos de hélices que se agitan como mil demonios, rumbo a Barcelona. Y así conseguí olvidar un poco las turbulencias, y los vaivenes del vuelo que ahora llevo tan mal. Y seguí leyéndolo todos esos días, unos días soleados, de mucho viento y un poco fríos para ser el Mediterráneo. Lo leía antes de dormir, o después de desayunar, un rato, o mientras esperaba para ir a cenar con el amic, o en cualquier otro momento corto. Y sí, si que me recordó a Jesús, y a México, pero también a Lima. Los nombres de las calles, de Miraflores, el malecón, Larco, el barranco, el sonido de las olas, y de las piedras en la playa que se oía desde los miradores. Tengo grabado esos sonidos, vinculados a Lima, y pienso que pocos sitios me han dejado un recuerdo sonoro, apenas ninguno. Habré estado mil veces en Astorga, en Madrid, en Santander, en Granada y no recuerdo ningún sonido, pero en Lima sí, y era el sonido de las olas agitando las piedras de las playas debajo de Larcomar y del paseo de parquecitos sobre el malecón de la Reserva en Miraflores.
Me acuerdo mucho de esos días por allá, y pienso que el amic Henry también estuvo, y puede que en el mismo sitio, y no le produzca los mismos recuerdos o la misma impresión que ami, o al menos poco habló de Lima, mucho más de Bolivia, Uyuni, la Paz, o ahora más de la Patagonia. Creo que es el significado, la vivencia, lo que viene de dentro más que lo de fuera, es lo que imprime nuestros recuerdos, las impresiones. Allí en Lima término un cambio, mi cambio, un cambio que llevaba lentamente produciéndose desde hacía meses. Empezó en Transilvania, de viaje con el Malabarista, y terminó allí, en Lima, y quizás por eso recuerdo los colores, los olores, la luz nublada, los sonidos, sobre todo los sonidos de Lima, Lima la horrible, como si fuera un paraíso, y quizás para mi si que lo fuera.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Recordando....

Hoy acudo a un evento especial, quizá para muchos sea solo un concierto, para mí será un viaje en el tiempo, una marcha atrás que me permite ver desde donde estoy el chico que fuí. Hoy vamos a ver a Celtas Cortos, para un chico de pucela como yo los Celtas son algo así como un himno, sin banderas ni símbolos, sin peleas ni nacionalismos, simplemente la banda sonora de nuestra infancia, el lienzo sobre el que escribimos mil y una aventuras, mil y un descubrimientos, mil y un errores...
Como decía Mago de Oz en una canción sobre los músicos; "fabrican recuerdos que atas con nostalgia a su canción....". Pues si, miles de recuerdos cuelgan del "20 de Abril", del "cuentame un cuento", del "tranquilo majete", del "gente impresentable"..... y de tantos otros.
Pero hay una canción que sobresale por encima del resto, una canción que fue banda sonora de mis primeras borracheras, de mis primeras lágrimas por amor (o por lo que entonces creíamos que era amor), de mis primeros pinchazos en el alma, de mis primeros miedos....
Junto al Cádillac solitario y el litros de alcohol este tema forma la trinidad de mi adolescencia.
Entonces no alcanzaba a comprender la letra, ahora la vida me ha enseñado a apreciarla....

"A veces llega un momento en que
te haces viejo de repente,
sin arrugas en la frente
pero con ganas de morir....
paseando por las calles
todo tiene igual color,
siento que algo echo en falta
no se si será el amor....."

sábado, 3 de mayo de 2008

Cuando era más joven

Creo que los años no perdonan! Este pensamiento viene a mi cabeza, cinco de la madrugada de un sábado y a punto de cumplir los treinta. Esto ya no es lo que era, y mientras unos amigos siguen disfrutando de la música tecno en una discoteca, para mí ha tocado retirada. Mi aguante del ritmo de noche no es el mismo que hace unos años, y cada uno debe saber dónde y cuándo debe estar. Pero ha sido una buena noche después de un duro día de trabajo y un agradable rato sobre patines en los paseos marítimos de la cándida Barcelona. Recordando viejas aventuras, cuando con 17 o 18 años cogí por primera vez un tren junto a unos amigos para partir a la aventura de marchar de vacaciones sin el cobijo paterno, a una tierra desconocida como era para mí entonces Cantabria, a empezar a conocer mundo dentro de las posibilidades de aquella época.
Y me ha venido a la cabeza esta canción del maestro Sabina, que llevaba varios días rondando mi cabeza, quizás este era el momento de que saliera. Hay otra de La Mandrágora que también lleva varios días dando vueltas, supongo que también le llegará su momento.
Hasta entonces, disfrutemos de la música.

miércoles, 30 de abril de 2008

Recuerdo...

Recuerdo que cuando nací a mi alrededor había una joven pareja, mis padres, morena y guapa ella y barbudo y bien formado él, también había un pequeño y gordo (en esa época) con gafas, mi hermano, tres años mayor que yo así que bastante pequeño en esa época, que siempre cuidaba de mí, y que con mucho cariño me agarraba de las manitas intentando ayudarme a mover esar morcillas que tenía por piernas. Estábamos bien, todo era lindo,... pero incompleto, faltaba algo. Estuvimos años así y finalmente a los 7 años ocurrió el milagro, en nuestra casa apareció la guinda del pastel, una nueva inquilina, mi hermana.
Recuerdo su imágen de niña como si estuviera viéndola, pequeñita, rechoncha (en esa época), con un "quiqui" en la cabeza a modo de fuente que mi madre la ponía (hay costumbres maternas horribles..), unos morritos preciosos y unos carrillos carnosos que no me cansaba de besar. Su llegada fué como una explosión nuclear, por dos razones, porque era un torrente de energía que se hacía notar permanentemente y porque se convirtió en una fuente de luz para todos nosotros, en una razón para sonreir, el mejor regalo.
Recuerdo con un escalofrió recorriendo mi espalda lo que ocurría cuando ella era niña y nos encontrábamos por el barrio. La situación era la siguiente, venía yo andando por la calle charlando con algún amigo y veía a lo lejos a mi hermana venir corriendo como una loca en mi dirección, cualquier persona se asustaría y diría ¿pero qué le pasa a esta niña?, pero ya sabía lo que le pasaba, sabía lo que iba a pasar, ella se acercaba a toda velocidad y cuando estaba a un metro de mí pegaba un salto y me daba un enorme abrazo que no tendré tiempo en mi vida para agradecerla suficientemente, me daba un beso y volvía a lo que estuviera haciendo. Durante años encontrármela en la calle era una razón para disfrutar de la vida.
Recuerdo su llegada a la adolescencia, ahí se acabaron los saltos para mi desgracia. Llegaron años conflictivos, seguía habiendo mucho amor, pero también había muchas enganchadas, sobre todo cuando rompía sus cosas jugando a la pelota en su habitación ( que se lo digan al poni y su caseta). Después de esa etapa me marché de mi casa, no por ella por supuesto, y las cosas volvieron al mejor cauce, nos veíamos menos y como siempre que eso pasa solo había tiempo para lo bueno, para lo mejor. Además de que una hermana pequeña en el momento de empezar a hacerse mujer encuentra un buen apoyo en un hermano mayor que ya pasó por buena parte de sus actuales enredos. Disfruté mucho de esa etapa también.
Ahora la tengo aquí, en Madrid, hecha toda una mujercita. Y me siento terriblemente afortunado de poder compartir su evolución, su crecimiento personal, y poder comprobar como poco a poco se va convirtiendo en una mujer estupenda, en una persona estupenda, cariñosa, cuidadora de los demás, preocupada de los demás... siempre he dicho que quiero a mi alrededor personas que se preocupen de los demás al menos tanto como de sí mismos, y mi hermana, igual que su madre cumple sobradamente esa condición.
Mañana es su cumpleaños, y como siempre ultimamente no podré compartir ese día con ella, .... pero espero que sepas que una parte de mi espíritu estará junto a tí, no mañana, sino toda la vida, cuidándote, arropándote, recordándote que para algunas personas tú haces que el mundo sea un lugar mejor.
Feliz cumpleaños hermanita, estoy orgulloso de quién eres, ...... y ya sé que quiero para mi cumpleaños, ...... que corras como una loca y me des un abrazo más de esos que tu y yo sabemos...


viernes, 31 de agosto de 2007

Héroes de la vida real

El paso del tiempo y la consiguiente maduración que se produce en el espíritu hacen ver con perspectiva los hechos de la infancia y la adolescencia, y este proceso conduce a descubrir y si es posible corregir algunas injusticias propias de esa época.
Yo me crié como alguna vez he dicho en la estepa castellana, mis padres, oriundos de un pequeño pueblo de Valladolid, emigraron de jóvenes a la capital para con mucho esfuerzo y tesón fundar una familia y un hogar. Ese hogar como todos, ha tenido sus problemillas, pero siempre ha estado presente en su interior el amor y la protección hacia los hijos, y digo ha estado porque aunque yo no vivo desde hace años en esa casa, sigue siendo mi hogar, mi refugio, el único sitio en el que no debo explicar quien soy porque de manera inconsciente y a veces difícil de entender para mi familia, saben qué soy incluso mejor que yo.
Un recuerdo ha irrumpido en mi cabeza de manera inconsciente, una imágen, una sensación. Una mañana gélida de invierno, camino al colegio, con mi padre, mi pequeña mano enterrada en la suya, y ambas cobijadas en el bolso de su abrigo, "el borrego", ese abrigo viejo de cuero marrón, forrado de piel por dentro, ese abrigo que servía de cueva para mi padre, para su mano y para la mía.
Mi familia ha respondido en sus roles al esquema familiar tradicional, mi padre trabaja y lleva el dinero ha casa y mi madre cuida del hogar y de los hijos y sostiene el hilo que mantiene unida a la familia. Esta diferencia de papeles no es comprensible cuando eres un niño, solo ves que hay una persona con la que pasas 24 horas y que vuelca cariño y comprensión permanentemente sobre tí, y otra persona que aparece muchas menos horas y que por razones que tu no puedes comprender cuando está en casa se muestra en ocasiones abatido y malhumorado. Con tu poca capacidad de entendimiento en esas tempranas edades juzgas solo lo que ves y no percibes la causa escondida de las cosas, la razón que hace que sean como son.
Cuando alcanzas la terrible adolescencia y empiezas a comportarte como un James Dean barato, pones a tu familia ante la problemática de tener que educar y cuidar de un pequeño macarra que en plena efervescencia de sus hormonas necesita guerrear con alguien, necesita un enemigo.
En mi caso, que no tiene porque ser el de todos, ante esta situación mi madre se convirtió en la amiga fiel, en el confidente a quien contar mis desvelos y mis frustraciones. Pero hacía falta además de cariño y comprensión algún elemento más, autoridad, alguien que ponga el límite, que te enseñe lo que cuesta conseguir las cosas, el valor del esfuerzo. Ese papel es muy desagradecido puesto que aunque se hace por el bien del hijo, éste, en medio de su estupidez adolescente lo percibe como un ataque, como una afrenta personal. En mi caso esto provocó tremenedas tensiones entre mi padre y yo, para mí el era el cabrón que se dedicaba a cortar mis sueños, a impedir mis aventuras.
Tiempo después la vida me dió una lección que me hizo abrir los ojos. Coincidí en mi primer trabajo con un compañero con el que compartí muchísimas horas y sinsabores y que se convirtió para mí en un segundo padre, nunca para suplantar al primero, pero si para ayudarme en nuevas facetas en las que estaba verde todavía. Este compañero tenía un hijo adolescente de unos 18 años, que mientras su padre trabajaba 12 horas diarias para mantener el alto nivel de vida de la familia se dedicaba a holgazanear y exigir un trato señorial por parte de sus padres. Muchas veces vi a mi compañero llegar completamente abatido de su casa y decirme con ojos humedecidos que su hijo se pensaba que él disfrutaba jodiéndole. Y yo que compartía tiempo y sinsabores con su padre, y sabía cuanto se sacrificaba por darle al niño consentido las zapatillas de última moda y los caprichitos que el niño exigía para seguir el ritmo de vida de sus amiguitos adinerados me reconcomía por dentro ante tamaña injusticia. Esta situación me hizo rebobinar en la película de mi vida, ¿cuántas veces mi padre se habría sentido igual? ¿cuánto le habría dolido ver el estúpido de su hijo recliminarle airadamente mil y una tonterías sin valorar ni por un segundo todo lo que hacían por él?.
Por suerte el tiempo hizo que compartiera espacio de trabajo con mi padre, y en este nuevo decorado pudimos saltarnos las barreras que en casa nos habían mantenido separados y mirarnos al corazón directamente. Creo que ya lo sabes, pero no está de más recordártelo, te admiro padre, espero que si tengo la suerte de traer cachorros a este mundo lo haga al menos la mitad de bien que tu lo has hecho conmigo, espero tener el valor de hacer lo correcto y no lo fácil, y la fortaleza para aguantar las injustas críticas.
Te admiro padre, te quiero papá.

Un homenaje para los hombres de mi familia, las canciones de la mina de Victor Manuel que escuchábamos en el coche cuando íbamos todos al pueblo y volvíamos dormidos Luis y yo y nos subías en brazos a la cama.

martes, 3 de julio de 2007

Te acuerdas.....

¿Te acuerdas abuelo de los ratos que pasamos juntos?, recuerdas como corría a tu encuentro ese pequeño mocoso que venía de la ciudad enlatado en un Renault 7 con tu hija, su marido y sus hermanos?, nada más abrirse la puerta del tunel del tiempo en que se convertía el coche, salía disparado a buscar a mi abuelo, él era el guardián de los secretos escondidos, él era el que me enseñaba a hablar con los animales, a observar las señales de la naturaleza en las plantas, a soñar con tiempos pasados, quizá no mejores en la realidad, pero plagados de aventuras en tus recuerdos y al mismo tiempo en mis ensoñaciones. Cuantas horas pasamos juntos sentados junto a la huerta, después de un camino bacheado montados en tu antigua mobilette, cuantas lecciones de sabiduría concentradas en tus palabras, incapaces de traspasar en ese momento prematuro mi alocada cabecita de pequeño cabroncete, cuantos recuerdos,....
Me gustaría que me vieras ahora abuelo, me gustaría que vieras el resultado del arado de la vida sobre mis carnes abiertas, quiero creer que verías lo que muchos de la familia no ven, que no te pararías en los convencionalismos que tiranizan el pensamiento de los demás, y sabrías ver que todavía lucho como me enseñaste por cumplir mis sueños, y me guiñarías traviesamente el ojito sin que te viera la abuela, como siempre hiciste.
Por aquí las cosas andan bien, la familia se mantiene, cada uno en sus historias, pero todos intentando aportar cosas buenas a este mundo tan extraño, tus nietitos ya son hombres abuelo, y harían que te sintieras orgullo de ellos, tu querida mujercita sigue siendo la encarnación de la bondad, siempre dispuesta a una sonrisa y soportando sus achaques sin una queja,.. es todo un ejemplo para todos nosotros.
Estás en nuestra memoria, estás en mi memoria, de vez en cuando buceo en los álbumes de fotos que guarda mi madre como el mayor de los tesoros, y reencuentro a ese pequeño rubito, vestido con ropas en blanco y negro con un corderito en las manos y la preciosa Loba cuidandonos a ambos, y creo ver reflejado en mis ojos tu presencia patriarcal que da ordenes silenciosas a la perra para que cuide de sus niños. Y con la loba viene el Pon, ese precioso pastor alemán que tras años compartiendo el trabajo contigo, hombro con pata, volvía cada mañana a las 9 en punto de la mañana a rascar tu puerta para que jugaras con él, aunque su dueño fuera otro y su trabajo estuviera en otro lado, volvía se tumbaba boca arriba para que le rascaras la panzilla y le dieras todo ese cariño que te desbordaba y cumplido el ritual volvía con su nuevo dueño esperando que pasaran rapidas las horas hasta las nueve de la mañana del siguiente día, momento en el que podríais volver a jugar juntos sin que nada más tuviera importancia,... ahora comprendo que en el cariño de ese perro se reflejaba la esencia de lo que eras, la bondad que atesorabas,....
y recordando todo eso lamento que no estes, te eché de menos en la turbulenta epoca en que pasé de niño a hombre, me hubiera encantado poder preguntarte todas aquellas cosas que no entendía y sigo sin entender,......
El día que te fuiste abuelo, bajamos tu ataud desde tu casa hasta el cementerio del pueblo, los 4 nietos portabamos lo material que había quedado de tu paso por este mundo, en el camino como es costumbre, los demás hombres de la familia quisieron darnos el relevo porque el ataud pesaba mucho, y yo me aferré como un demente a esa caja de madera hasta el borde mismo del hoyo que la sepultaría. Ese montón de huesos y carne muerta era lo último que me quedaba de mi abuelo y no se lo dejaría a nadie...
El tiempo me ha enseñado que mi abuelo no es un monton de huesos desechos, mi abuelo está conmigo en mi interior, y de vez en cuando me sigue llamando para ir a pasear conmigo y despotricar un poco de mi abuela y de estos raros tiempos que nos ha tocado vivir...