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jueves, 3 de diciembre de 2009

Top manta


Esto era la foto de un policía del Distrito Federal comprando un DVD en el top manta. Que pena que saliera borrosa.

sábado, 28 de marzo de 2009

El golpe

El policía me está diciendo que tome el otro extremo de la cinta métrica. Yo ya tengo bastante problema con el acento, como para que encima me metan prisa, y más un policía bogotano con pinta de extraviado, que sabe de sobra que ha metido la pata. Le respondo que "ya va" con el español mas cortante que me sale, y me pongo a pegar uno de los extremos de la cinta contra la llanta del coche de Carlos, mientras éste sigue discutiendo con el taxista, y Jose Luis mira la escena unos pasos más a trás en la acera, divertido. El policía hace como que toma las medidas que separan las ruedas de los dos coches de la  acera, como mi presta -ironía, es mas bien reluctante- ayuda. Para complicar más las cosas, un autobús llega por el único carril que el estropicio ha dejado franco. Pero no cabe, por unos centímetros, el taxi empotrado contra el coche de Carlos no le deja paso. Se empieza a formar un atasco increible, y ya solo falta que se ponga a llover.


Diez minutos antes habíamos dejado atrás las calles empinadas de la Candelaria para escalar por la ladera del Monserrate. Bajo la ventanilla, hace calor dentro del coche, y además, quiero ver las vistas. Las luces de Bogotá titilan en el crepúsculo que según dicen, en estas latitudes es muy breve, y en seguida da paso a la noche. Los "dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas" del Distrito Capital confunden,  a uno se le olvida pronto que está en el trópico. Bogotá es fresca, el aire huele a humedad, a lluvia recien caída, y hay más nubes que sol. 
Los edificios del Centro Internacional surgen picudos sobre el mar de luces según vamos bordeando , a media altura el cerro, rodeando el valle para bordear la ciudad y tomar otra entrada. Jose Luis me va contando cosas de la ciudad y sus edificios, y Carlos conduce, y a veces añade comentarios. 
Entramos a la maraña de tráfico. Sorteamos lo que parece un cauce del Transmilenio, giramos, y zas, un policía nos detiene. Pensé que era una parada rutinaria, pero no, por lo visto Carlos se ha saltado el semáforo. A juzgar por la cola de coches parados a la derecha contra a la acera, no es el único. Un taxista está protestando porque el semáforo no se veía, y entre todos los parados, parece que hacen suficiente presión para que nos dejen continuar. El policía nos dice a los dos a la vez, al taxista y a nosotros, que marchemos, y nos da indicaciones para despejar el carril derecho. Consecuencia: en una maniobra inverosimil, el taxi termina encajonado contra el lateral izquierdo de nuestro coche. 
Presionado por el atasco que está formando el autobús y la desgana del policía que se sabe responsable, Carlos al final cede y decide mover los coches a una calle lateral y con esas, el policia ya no se hace responsable del acuerdo que alcancemos con el taxista. Al parecer al taxista acaba de vencerle el seguro justo hoy -qué casualidad-, y aquí en Colombia además no hay cobertura de daños a terceros obligatoria, y corre por cuenta de cada uno. El taxista dice que no tiene plata, no tiene un duro, y termina dando a Carlos unos 30 000 pesos (unos 12 euros) para los arreglos, de los cuales le pide de vuelta 10 000 para gasolina, si al caballero no le importa. En todo esto, ni rastro del policia que sigue dos pasos más allá a lo suyo: parando desprevenidos que no han visto un semaforo camuflado. 

Moraleja: los taxistas y los policias son iguales en todas las partes del mundo. 

jueves, 19 de marzo de 2009

Periodismo ciudadano en las protestas por el plan de Bolonia

Quizás sobran las palabras, pero alguien debería decir a esos cafres de azul que son nuestros impuestos quien les paga su nómina, y que deberían pensar un poco antes de tales actuaciones.





Ya lo dijo Ismael Serrano, estamos atrapados en azul.

viernes, 26 de septiembre de 2008

¿eres tu John Wayne... o lo soy yo?

Cuando era más jovencito esta frase se estableció como broma recurrente entre mi grupo de amigos, al parecer la habían extraído de una película, que en aquél momento yo no sabía cuál era. El objeto de tal frase venía a ser un reto, gallardo y viril, de similares efectos que el golpe con un guante que servía en la Francia pre-revolucionaria para retar a duelo a un oponente. A mí siempre me pareció muy sobreactuado, imposible de encontrar en la vida real. Ayer comprobé que me equivocaba. Volvía del cine en el metro, con mi compañera y una amiga, ambas mujeres lindas, de buen ver que se decía antes. Cuando subimos al metro lo hicimos en compañía de un grupo de guardias de seguridad que volvían a sus casas después de una jornada de trabajo. Uno de ellos llevaba un precioso pastor alemán, y era el único que llevaba su ropa de trabajo como si acabara de volver de las junglas vietnamitas, con las botas militares por fuera, el pantalón bien ceñido y las esposas, porra y demás parafernalia bien a la vista.
Ya en el andén pudimos ver como este "adorable homo erectus" representaba el papel de macho man frente a un par de mujeres coreado por las alabanzas de los mequetrefes de sus compañeros.
Una vez en el vagón tuvimos que sufrir escuchando el relato a sus compañeros de sus bravuconadas laborales, consistentes en atemorizar con el perro a un "moro con la camiseta del BarÇa". En un momento de su relato el "homo erectus" se giró hacia nosotros y echó una lenta y desagradable ojeada a mis compañeras de viaje, una de esas miradas que se pega a tu piel ensuciándola y ofendiéndola, asentada por supuesto en la seguridad que te aporta un perro adiestrado para el ataque y un uniforme que otorga "poder". Muestra lamentable de lo que un traje puede provocar en un cerebro licuado.
Cuando se bajó el aprendiz de Torrente continuamos viaje comentando el desasoiego que provoca pensar que la seguridad está en manos de imbéciles de ese calibre. Llegamos a nuestra estación, y al bajar nos encontramos de frente con una pareja de policías nacionales que estan pidiendo la documentación a todo el que pasa, perdón, a todo el que pasa no, a todo el que pasa y tiene rasgos que denoten una procedencia diferente a la ibérica. Uno de ellos, que estaba libre en ese momento, bloqueaba nuestro paso, lentamente y con los brazos "en jarras" nos echó una altiva ojeada que nos perdonaba de nuestros pecados, pero solo por esta vez, se apartó despacio y nos permitió indulgentemente continuar nuestro camino.
Me siento agasajado y agradecido por esa parte del personal de seguridad tanto pública como privada que generosamente me ofrece su perdón sin pedir nada a cambio, cuánta generosidad. El traje con porra es la evolución moderna del anillo único, y los hombres parece ser que seguimos cediendo a su poder...


viernes, 11 de julio de 2008

No soy ni hombre ni mujer; sólo soy una persona

Está atardeciendo, llevo muchos kilómetros en el cuerpo y busco un sitio donde poder aparcar la furgoneta. Un sitio tranquilo puesto que voy a pasar la noche en ella, en mi casita azul. Como la ley de costas está hecha para los ricos, para los que pagan por construir sus chaletes en primera línea, para los que conocen a la policía y permiten a sus amigotes que aparquen sus lujosas caravanas en medio de la playa, y no para los jipis, tengo que buscar minuciosamente el sitio del que no me puedan echar, aunque ahora ya pueden largarte de cualquier sitio si quieren, no se puede dormir en la playa, ni en la calle, ni dentro de tu coche. La otra noche en una playita la guardia civil echó a una parejita que estaba al final de la playa en su furgoneta, en un rinconcito en el que no molestaban a nadie. Pero no dijeron nada a dos pedazo de caravanas que estaban dentro de la playa, en todo el medio, ocupando todo el sitio que querían con sendos territorios a modo de jardín que se habían agenciado. Cosas del sistema.

Así que cuando veo una callecita que está en primera línea de playa, un lujo legal donde aparcar, esbozo una sonrisa triunfal y allí que me planto. Me hago mi cena y me siento en la acera, apoyada en la pared de lo que viene a ser un tremendo chalete, donde celebran un cumpleaños a lo grande. Yo estoy bajo la farola, con mi Lady Chatterley´s lover y mis cereales con leche. Los invitados pasan por mi lado y me miran de soslayo, me desprecian con la mirada. Tras unas páginas de lectura el niño del cumple sale con el porsche que le acaban de regalar a dar una vuelta. Pasan a mi lado, la mujer que va con él me mira sonriéndose; se piensa que siento envidia.

Ya por la mañana me despierto prontito, cuando la luz entra por las cortinillas de la furgoneta. Miro al techo y no recuerdo dónde estoy...Miro a mi derecha y mi Chikulin no está a mi lado, recuerdo entonces que está a miles de kilómetros de distancia. No voy a llorar, yo elegí la soledad de la carretera. Salgo a mirar el mar, a pisar la arena de la playa, a darme un baño de vida, con las olas que me despierten el cuerpo y me alegren el alma, con la intención de disfrutar del presente. Como no estoy en lo que la gente llama zona naturista no me puedo bañar desnuda, la policía suele llamarte la atención en este tipo de sitios por escándalo público. A mi lo que me parece un escándalo es que no se tomen el desnudo con más naturalidad. Bueno, pues me baño con mi tanga amarillo, ya ves que diferencia, así no pasa nada, es decente porque no se me ve el sexo. El agua me activa, me siento viva. Cuando salgo, las miradas masculinas se posan en mi cuerpo, el dueño del chalete que ayer me ignoraba ahora me mira los pezones y hasta me saluda. El niño pijo del porsche pone su toalla muy cerca de la mía y al cabo de un rato se me acerca. Qué si tengo hora!! me dice el pipiolo...y luego que si quiero me lleva al pueblo a la noche a tomar unos cubatas. Ya ves, soy la misma de ayer, pero con los atributos físicos al aire el trato que recibo es muy diferente. Se qué tengo suerte de ser blanca, joven y de buen ver, por lo menos en lo que respecta a poder estar en la calle leyendo si quiero. De lo malo me pueden mirar mal, pero si llego a ser negra, Rumana o un viejo barbudo podrían incluso llamar a la policía. Es muy fuerte lo que determina nuestras vidas y nuestra libertad, el color y el cuerpo con el que hemos nacido. Pero ser joven, femenina y de buen ver me complica también la vida. En este viaje furgonetero me estoy encontrado mucho tío que se cree con derecho de venir a molestarme con sus groserías sólo porque estoy sola. Se me acercan con cualquier estúpido pretesto, se permiten mirarme lascivamente, se creen con derecho a todo...Me ven como al ñu cojo; indefensa fuera de la manada.

Una caravana con matrícula portuguesa se ha puesto cerca de la mía, un digamos jipi con su perro ha llegado a la playa. Durante todo el día nos observamos sin molestarnos. Cuando está cayendo la noche me acerco y le digo que tenga cuidado porqué donde está aparcado pueden echarle. Me sonríe, es granadino y ya sabe cómo está el percal. Empezamos a charlar, me dice que no se ha acercado a mí antes porque no le va el rollo de acercarse a una tía y que se piense que quiere ligar; se lo agradezco. La conversación fluye espontánea, pasamos unas buenas horas juntos, nos entendemos muy bien. El tabaco se acaba y tiene que irse al pueblo a comprar, luego seguirá viaje. Nos despedimos deseándonos suerte. Le veo alejarse y me siento muy agradecida de haber disfrutado de su compañía, me deja ver que hay mucha gente que merece la pena, que aunque haya una gran mayoría de mete pollas también hay desconocidos con los que se puede charlar muy tranquilamente. Me vuelvo a mi hueco en la acera, bajo la farola continuo leyendo...