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lunes, 3 de agosto de 2009

Cuatro chistes aéreos

Iba a escribir sobre la poca vergüenza de los directivos de Telefónica al autoregalarse más de seis millones de acciones, pero buscando mi número de tarjeta de Iberia Plus en mi cuenta de Gmail me he encontrado con estos chistes que en su día me hicieron sonreir y hoy han conseguido lo mismo, y se me han quitado las ganas de despotricar contra esta mierda de sistema capitalista. Aprovecharé mejor la siguiente hora continuando con la cautivadora historia que me está contando el amigo Milan Kundera. Malditos mercaderes con trajes seguramente regalados.

* Le dice un cliente a una azafata, después de una discusión, que le está resultando una persona muy desagradable. Y le contesta la tía: Sin embargo, usted a mí me parece una bellísima persona, pero podemos estar los dos equivocados.

* Después de un pollo monumental por overbooking, le dice el cliente a una azafata de mostrador: Señorita, ¡no sabe usted con quién está hablando! Se vuelve la tía a su compañera y le dice: Mira, otro gilipollas que no sabe ni cómo se llama!

* Macho ibérico haciéndose el gallito con la azafata delante de los amigotes: Señorita, por el precio que he pagado por este billete ¿puedo tocarle el culo? Ella, muy digna y sin inmutarse, le dice: Déjeme que lo vea. Y empieza a mirar el billete hoja por hoja. Cuando acaba le dice: Pues no, pero por este precio tiene derecho a que le dé por culo el comandante.

* ¡Señorita, este vino sabe a polla!. Es imposible, señor, en Iberia sólo servimos vinos de excelente calidad. Debe ser que le está repitiendo algo que haya comido antes.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Dame más y más y más......

Me encanta este país y este sistema capitalista que tenemos, independientemente del color del partido en el gobierno aquí siempre manda el mismo, ya lo dijo Quevedo.
Resulta que teníamos un pequeño e insignificante problemilla, comprar una casa es una quimera en este país, los precios son tan desproporcionados que o bien dejas de vivir y te encierras en tu casa guardando todo tu dinero para pagar tus cuatro paredes, o bien te ves obligado a compartir piso hasta que te den la jubilación y puedas irte a una residencia de ancianos. Aquí tenéis más información.
Ante esta situación terrible e injusta nuestro gobierno decide poner remedio, raudo y veloz. Nombra a una nueva ministra de vivienda, joven y por tanto "en teoría" sufridora de los mismos problemas que el resto de jóvenes del país, (salvo los mileuristas, claro, que son la mayoría).
En pocos meses encontramos la solución al problema, ¿cómo no lo habíamos pensado antes? La solución es darle más dinero a quien ya lo tiene. Porque vamos a ver, para alquiler una vivienda es de suponer que se tenga otra en la que vivir, siendo eso así quien tiene dos viviendas tiene un capital propio importante, (ya se que se lo han trabajado y todo eso, pero eso no cambia que tengan ese capital superior al resto), en cambio quien alquila una vivienda normalmente no tiene ese capital (salvo los casos en que la opción elegida para vivir es el alquiler, sin que eso tenga nada que ver con el poder adquisitivo), ¿cómo es posible que la solución sea dar mas dinero a quien ya tiene más? y por supuesto hacerlo con el dinero de todos, es decir, quienes vivimos de alquiler pagaremos dinero a nuestros arrendadores para que se decidan a alquilarnos su piso, pero por supuesto ellos pondrán el precio que quieran porque ahí no se toca, regular los precios abusivos del alquiler no está en la lista de tareas.
Me encanta el sistema, quien más tiene más gana, y quién no tenga, que le den!.

miércoles, 25 de abril de 2007

No es caridad, es justicia

"Hay un incidente que se conserva especialmente vívido para mí. Está relacionado con una fiesta de cumpleaños a la que Fanshawe y yo fuimos invitados cuando estábamos en primero o segundo grado, lo cual significa que ocurrió al comienzo del periodo del que puedo hablar con cierta precisión. Era un sábado por la tarde, en primavera, y fuimos a la fiesta con otro chico, un amigo nuestro que se llamaba Dennis Walden. Dennis tenía una vida mucho más dura que la nuestra: una madre alcohólica, un padre que se mataba a trabajar, un montón de hermanos o hermanas. Su madre se pasaba el día detrás de la puerta cerrada de su cuarto, siempre en bata, la cara pálida una pesadilla de arrugas, asomando la cabeza de vez en cuando para gritarle algo a los niños. El día de la fiesta, Fanshawe y yo habíamos sido debidamente provistos de regalos para el niño que cumplía años, bien envueltos en papeles de colores y atados con cintas. Dennis, sin embargo, no llevaba nada, y se sentía mal por ello. Recuerdo que traté de consolarle con alguna frase vacía: daba igual, en realidad a nadie le importaba, con toda la confusión no se darían cuenta. Pero a Dennis sí le importaba, y eso fue lo que Fanshawe comprendió inmediatamente. Sin ninguna explicación, se volvió a Dennis y le dio su regalo. Toma, dijo, quédate con éste, yo les diré que me he dejado el mío en casa. Mi primera reacción fue pensar que a Dennis le molestaría el gesto, que se sentiría insultado por la compasión de Fanshawe, pero estaba equivocado. Vaciló un momento, tratando de asimilar aquel repentino cambio de fortuna, y luego asintió con la cabeza, como reconociendo la sensatez de lo que Fanshawe había hecho. No era tanto un acto de caridad como de justicia, y por esa razón Dennis puedo aceptarlo sin humillarse."

Espero que la SGAE no me pida limosna por reproducir un trozo del libro que me estoy leyendo...
Comienzo por el final. "No es caridad, es justicia". Vivimos en un mundo globalizado donde se ha impuesto el capitalismo como modelo económico. Por las propias bases del capitalismo, que tiende a la maximización del beneficio, el mundo se divide en dos partes, el centro y la periferia. En el centro se tiende a que toda la sociedad tenga dinero para gastar y permitir aumentar el beneficio de las empresas. En la periferia se encuentran los países que ya no interesa que se suban a la rueda, tienen recursos naturales que después de ser recogidos son exportados en su mayor parte para usarlos en el centro. El que la población tenga un buen nivel de vida no importa para maximizar el beneficio, lo importante es extraer los recursos y exportarlos lo más económicamente posible. La vieja Europa tiene mucho que agradecer a estos principios y al plan Marshall para no haberse visto abocada a una mayor depresión después de la II Guerra Mundial. EEUU necesitaba que alguien le comprara todos los bienes y servicios que producía.

Cada acción que se realice para ayudar a los países del Tercer Mundo no es una obra de caridad, es una obra de justicia. Justicia para intentar dar a muchos niños una oportunidad de escolarización que a nosotros nos ha sido dada por defecto, por pertenecer a la vieja Europa.