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martes, 10 de abril de 2012

Algunos hombres buenos

Hace mucho tiempo, John Donne escribió un poema que me gustaría compartir con vosotros:

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quien doblan las campanas: doblan por ti.

Durante estos días muchos sentimos que contigo se nos ha ido un poco de nosotros mismos. Familiares, amigos, compañeros del ayuntamiento, compañeros auxiliares de Farmacia, donantes de sangre, muchos te echaremos de menos. Permitidme hacer mención a la persona que ha sido la mejor extensión posible de su familiar durante los últimos meses, Pura, y que pudo escuchar por última vez su forma tan personal de despedirse. "Si Dios quiere", contestaba cuando le decías "hasta mañana". Así fue durante muchos años hasta esta noche del 6 de abril cuando su corazón se cansó de latir. No habría sido complicado pensar que nos abandonaría de la forma que mejor define su personalidad: tranquilo, en paz, sin hacer ruido, escogiendo un día de vacaciones para decir adiós, evitando molestar, no queriendo que nadie moviese ningún plan para decirle adiós, escogiendo un día en el que no salen esquelas para no ser noticia.

Te has ido, pero nos dejas tu educación, tu gratitud, tu tranquilidad, tu saber amar. La muerte es el destino que todos compartimos, lo que termina de dar sentido a nuestra vida como seres humanos. Por mi parte, haré todo lo posible para que el día que llegue mi hora haya hecho méritos para estar tan acompañado como tú estuviste y la frase que se escuche alrededor sea la que escuché el sábado mientras te despedíamos. "qué buena persona era tu abuelo".

Gracias

domingo, 21 de diciembre de 2008

Despedida

Ayer murió mi abuelo. Hay una costumbre en estos casos que siempre me molestó bastante, y es el hablar de las personas muertas como si siempre fueran personas excelentes, parece que al morir todos nos convertimos en referentes morales para los demás, y por supuesto todos nos querían y estimaban sobremanera. Pues no voy a jugar a eso, no, mi abuelo no era un ejemplo de nada, fue un hombre de su época, que tuvo que pelear mucho para sacar su familia adelante, pero que en esa pelea se olvidó del cariño, encabezó una familia en la que el cariño y el cobijo brillaron por su ausencia, cometió a mi juicio un enorme fallo, el dejarse mangonear por su mujer, una persona mezquina que dañó a cuantos compartieron su vida. Mi abuelo no pecó por acción, puesto que era un buen hombre, pero si por omisión. He visto sufrir a mi padre y a mi madre por su culpa, y a mis tios. Es por eso que en el entierro no lloré, si soy sincero no me apené demasiado, los lazos familiares nunca significaron nada por sí mismos para mí, el cariño y el aprecio se ganan con los actos y no con la carga genética. Lo que si puedo agradecerle es el aprendizaje en negativo, lo que no quiero hacer en mi vida, lo que no quiero permitir que ocurra en mi familia. En su entierro se me acercó su hermano, mi tio Jesús, un hombre de 92 años, con una vida muy interesante, me dijo una frase que quedará en mi memoria, "en la vida todo cambia hijo, todo, y lo que más debe cambiar es lo intelectual, crecer intelectualmente hijo, será vuestro mejor equipaje". Mi abuelo nunca diría algo así, una pena.
Adiós abuelo, te despido sin ningún rencor, pero sin demasiado cariño, lo mejor que hiciste en tu vida es engendrar a mi padre, y solo por eso te estaré siempre agradecido...
hasta siempre

martes, 3 de julio de 2007

Te acuerdas.....

¿Te acuerdas abuelo de los ratos que pasamos juntos?, recuerdas como corría a tu encuentro ese pequeño mocoso que venía de la ciudad enlatado en un Renault 7 con tu hija, su marido y sus hermanos?, nada más abrirse la puerta del tunel del tiempo en que se convertía el coche, salía disparado a buscar a mi abuelo, él era el guardián de los secretos escondidos, él era el que me enseñaba a hablar con los animales, a observar las señales de la naturaleza en las plantas, a soñar con tiempos pasados, quizá no mejores en la realidad, pero plagados de aventuras en tus recuerdos y al mismo tiempo en mis ensoñaciones. Cuantas horas pasamos juntos sentados junto a la huerta, después de un camino bacheado montados en tu antigua mobilette, cuantas lecciones de sabiduría concentradas en tus palabras, incapaces de traspasar en ese momento prematuro mi alocada cabecita de pequeño cabroncete, cuantos recuerdos,....
Me gustaría que me vieras ahora abuelo, me gustaría que vieras el resultado del arado de la vida sobre mis carnes abiertas, quiero creer que verías lo que muchos de la familia no ven, que no te pararías en los convencionalismos que tiranizan el pensamiento de los demás, y sabrías ver que todavía lucho como me enseñaste por cumplir mis sueños, y me guiñarías traviesamente el ojito sin que te viera la abuela, como siempre hiciste.
Por aquí las cosas andan bien, la familia se mantiene, cada uno en sus historias, pero todos intentando aportar cosas buenas a este mundo tan extraño, tus nietitos ya son hombres abuelo, y harían que te sintieras orgullo de ellos, tu querida mujercita sigue siendo la encarnación de la bondad, siempre dispuesta a una sonrisa y soportando sus achaques sin una queja,.. es todo un ejemplo para todos nosotros.
Estás en nuestra memoria, estás en mi memoria, de vez en cuando buceo en los álbumes de fotos que guarda mi madre como el mayor de los tesoros, y reencuentro a ese pequeño rubito, vestido con ropas en blanco y negro con un corderito en las manos y la preciosa Loba cuidandonos a ambos, y creo ver reflejado en mis ojos tu presencia patriarcal que da ordenes silenciosas a la perra para que cuide de sus niños. Y con la loba viene el Pon, ese precioso pastor alemán que tras años compartiendo el trabajo contigo, hombro con pata, volvía cada mañana a las 9 en punto de la mañana a rascar tu puerta para que jugaras con él, aunque su dueño fuera otro y su trabajo estuviera en otro lado, volvía se tumbaba boca arriba para que le rascaras la panzilla y le dieras todo ese cariño que te desbordaba y cumplido el ritual volvía con su nuevo dueño esperando que pasaran rapidas las horas hasta las nueve de la mañana del siguiente día, momento en el que podríais volver a jugar juntos sin que nada más tuviera importancia,... ahora comprendo que en el cariño de ese perro se reflejaba la esencia de lo que eras, la bondad que atesorabas,....
y recordando todo eso lamento que no estes, te eché de menos en la turbulenta epoca en que pasé de niño a hombre, me hubiera encantado poder preguntarte todas aquellas cosas que no entendía y sigo sin entender,......
El día que te fuiste abuelo, bajamos tu ataud desde tu casa hasta el cementerio del pueblo, los 4 nietos portabamos lo material que había quedado de tu paso por este mundo, en el camino como es costumbre, los demás hombres de la familia quisieron darnos el relevo porque el ataud pesaba mucho, y yo me aferré como un demente a esa caja de madera hasta el borde mismo del hoyo que la sepultaría. Ese montón de huesos y carne muerta era lo último que me quedaba de mi abuelo y no se lo dejaría a nadie...
El tiempo me ha enseñado que mi abuelo no es un monton de huesos desechos, mi abuelo está conmigo en mi interior, y de vez en cuando me sigue llamando para ir a pasear conmigo y despotricar un poco de mi abuela y de estos raros tiempos que nos ha tocado vivir...