Mostrando entradas con la etiqueta melancolía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta melancolía. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de noviembre de 2008

Agradecido

Vagaba sin rumbo ni alegría
por las calles de la ciudad,
sangrando por el alma mía
de melancolía y de soledad.

El azar me unió en Gran Vía
a un sacerdote de la amistad,
rock y cervezas provocarían
el milagro de la felicidad.


Gracias David



lunes, 15 de octubre de 2007

El cajero

Puente, tres días seguidos libres, viajo a casa de mis padres, hace tiempo que no voy y además se van de vacaciones, así que es el día perfecto para cargarnos mutuamente de cariño. Vamos al pueblo, a ver a mi abuelita, está estupenda, con sus achaques y problemas pero con esa carita que es un abismo de ternura, solo verla me retrotae a la infancia, a esos tiempos en que el autopsicoanálisis no existía y campaba la paz en mi espíritu. Pasamos un lindo día y volvimos a Pucela. Mis padres están cansados y quieren acostarse pronto, así que les dejo y me voy de cañas, charla agradable y vuelta a casa sosegado, tranquilo.
El sábado comienza llevando a mis padres a la estación, vienen amigos suyos que les acompañan en el viaje y las habituales preguntas, ¿que tál por Madrid? ¿cuándo te cortas el pelo? ¿tienes novia?... con sus típicas respuestas, Bien, Ya veremos, no,...Tras la despedida comida con excompañeros, recuerdos y risas, aunque me apena ver que no han cambiado nada, que siguen jodidos con mil horas de trabajo y con esa sensación de tristeza flotando en el ambiente.
Por la noche llega la reunión con los viejos camaradas, cada vez menos y cada vez más distintos, mil cervezas y mil porros, agradables conversaciones hasta cierta hora, y sensación de vacío a partir de ahí. Domingo de resaca con mordiscos de melancolía, para salir de ella subo a ver a mis primos, se les ve tan felices, con su casita y su vida tranquila, me alegra verlos felices, se que no es eso lo que yo busco pero siento envidia de la sensación que transmiten, quizá no está tan claro que no es eso lo que busco, o quizá si lo está pero envidio el resultado, no lo sé. Vuelvo para Madrid de madrugada para evitar los atascos, aún así no hay suerte y nos comemos una buena, llegada tardísimo a casa y mordiscos de melancolía al bajar del coche en medio de la noche, sin nadie a mi alrededor y sabiendo que cuando suba a casa me sentiré como en la calle, en medio de la noche sin nadie a mi alrededor. Otra vez hubo muchas conversaciones en el fin de semana, otra vez sesión de psicoanálisis, otra vez desacuerdo en las conclusiones, otra vez no entiendo nada, otra vez melancolía,......
Una vez cerrado el coche enfilo hacia mi casa, paso por el cajero de La Caixa, inútilmente iluminado, como un faro en medio de un océano muerto, casi sin darme cuenta desvio una mirada al pasar junto a él, en el suelo tirado sobre unos cartones hay un hombre, o mujer, no puede distinguirse entre el amasijo de ropas roidas y sucias, solo distingo la oscuridad en sus calcetines blancos como una metafora de su situación, un mundo inicialmente blanco y un presente negro, y un futuro oscuro.
Dormirá en mitad de un cajero, sobre el duro suelo, con el único abrigo de un cartón, expuesta su mala fortuna a los mirones que pasamos por allí y Dios quiera que no, a la sinrazón de cualquier energúmeno que pase por allí.
Me voy a casa cabizbajo, soy un imbécil y un snob, como decía mi abuelo !cuánto hambre tenías que pasar!, así no nos preocuparíamos de necedades.
Cinco horas después estaba saliendo de casa para ir al curro, paso por el mismo cajero, su inquilino ya no está, el alba fue su despertador y su señal de huida, ya no es tu sitio el cajero, ahora es de día, ahora tu sitio es la calle,..... ¿donde estarás ahora? ¿que esperarás de este nuevo día?.....

lunes, 3 de septiembre de 2007

Alegrías y tristezas

Soy un hombre bipolar, es decir, mi estado de ánimo oscila de manera permanente entre la euforia y la tristeza, con el tiempo espero que la primera prevalezca, y de hecho así es, pero de vez en cuando la melancolía hace presa en mí y me recuerda que también tiene un hueco en mi corazón, y que no debo bajar la guardia.
En medio de la alegría del viaje tuve un pequeño acceso de melancolía, y surgió esto:

Melancolía

Maldita melancolía,
¿cuando te irás de aquí?,
¿cuando llegará el día,
en que te vea partir?.

Vienes y vas como el viento,
no me puedo confiar,
tu vaivén, seguro y lento,
de nuevo me atrapará.

Las victorias son efímeras,
efímero es el placer,
siempre vuelven los fantasmas,
y otra vez a renacer.

¿De cuántas vidas dispongo?
¿Cuántas más he de vivir?
¿Llegará el día en que tu recuerdo,
se halla borrado para mí?.

Hoy escuchaba un antiguo disco de la Vacazul, y encontré una estrofa que dice exactamente lo que pienso cuando me ataca la melancolía y que me hubiera encantado escribir,

"Si yo soy libre,
¿estas lágrimas que son?,
si soy un hombre,
¿estas lágrimas que son?.

Buen hijo (Vacazul)

Por suerte hoy estoy arriba, buen día a todos.

domingo, 29 de julio de 2007

Cabeza alta y vista al frente

Domingo, 40 grados tras la ventana y probablemente más de esta lado de ella.
Estoy un poco resacoso y abatido y no me he movido del sofá más que para sentarme frente a la pantalla y vomitar pensamientos. He estado con gente estos dos días, gente que hacía tiempo que no veía, a algunos los extrañaba más y a otros menos, la verdad es que cuando estoy en un lugar no me acuerdo demasiado de los que no están, no es porque no los quiera, simplemente mi mente se centra en el presente y se olvida un poco de lo demás. Antes, cuando volvía disfrutaba mucho de los reencuentros porque me sentía parte de este lugar y de estas situaciones, ahora disfruto también de los momentos, pero no me siento parte de esta realidad, la verdad es que a veces no me siento parte de nada, eso tiene una lectura positiva, creo, y es que hay muchos caminos por andar y ninguna atadura que me impida tomarlos, y una algo negativa a veces, que la melancolía tiene una pequeña puerta de entrada que de vez en cuando se abre para dejar paso al enemigo.
Hoy era uno de esos días, así que he apagado el teléfono y me he metido adentro mío, como decía Calamaro, unas horas de lectura y divagación antes de volver a la carretera de vuelta a Madrid. Se acabó el libro, ¿y ahora que?, un paseo no es posible sino quiero convertirme en un pincho moruno, así que decido buscar en la colección de cine antiguo de mi padre alguna película que no haya visto y que pueda quizá animarme un poco, de nuevo intento valdío pero por suerte encuentro en la tele la solución, El último eperador, ya la he visto varias veces, pero siempre me gustó, así que volveré a hacerlo, en una escena Pete O`Toole regala una bicicleta al joven emperador, éste no había visto nunca un artefacto similar, y pregunta a su maestro ¿como se maneja?, la respuesta todavía baila en mi cabeza, "Cabeza alta y vista al frente, como en la vida".