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miércoles, 31 de marzo de 2010

Ascensor

Cuando llegué al descansillo, la familia hindú del primero estaba esperando al ascensor. Venían del Superama, a juzgar por las bolsas. El papá hindú, la mamá hindú, y el nene hindú, el más simpático de todos, que sonríe y saluda aunque no sepa inglés, español, nahuatl o bielorruso. Cuando llega el ascensor, la mamá hindú y el nene hindú se meten, y el papá amaga, pero como ve que yo también voy a entrar para ir a mi sexto piso, pues agarra y se sale, y sube por las escaleras. La mamá hindú le dice algo que suena a "pero qué haces". Es un ascensor de cuatro personas y somos tres y un cuarto. El tipo cabía de sobra en el ascensor. Primero pienso que es gilipollas, me parece un gesto un tanto de desprecio. Luego pienso en el post del Malabarista, ¡tolerancia! me digo, y que igual en la India la integridad familiar impide la cercanía de ajenos, o que tal vez el espacio personal es mayor allá y yo lo estoy violando, aunque pensando en la cantidad de personas que viven allá, bien puede que no sea esa la razón.
Luego pienso que vive en un primero, y que por subir tres escalones andando no le puede hacer mal, y que yo debería dejar de preocuparme por esas cosas. ¿Quién debería ponerse en el pellejo de quién? ¿Yo en el de la cultura ajena, o ellos en el del la cultura anfitriona? Me da igual, al final. Para saludar con la mano, con la ceja, o con la bolsa del Superama al vecino no hace falta que vengamos del mismo sitio.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Costumbres panartesanas


Me encanta la bollería en México, pero sobre todo, el proceso. La primera vez que lo vi fue en una panadería del zócalo de Ocosingo, un pueblecito de Chiapas, pero es el mismo allá que en un Superama en Polanco, Distrito Federal.
Coges pinza y bandeja de aluminio, eliges tus bollos favoritos, tu pan, y se los llevas al dependiente en el mostrador que cuidadosamente te los envuelve individualmente y te pregunta si los quieres en bolsa de papel o de plástico.
Te los llevas, y te los comes, tan ricamente.