Ya solo me falta ponerme a picar código yo mismo, hacer la aplicación del siglo, venderla en el Apple Store (o en Movistar Developers Platform, en su defecto) y ¡hacerme rico!
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miércoles, 24 de febrero de 2010
S.O.S.
me estoy volviendo un frikazo, o simplemente amagando la reversión a los tiempos de linuxero universitario. Hace unas semanas estaba buscando bugs en el código PHP de un developer colombiano, y hoy venía en un taxi haciendo un jailbreak desesperado a mi iPhone con redsn0w, intentando conectarlo a través de la wifi de mi lap convertida en un bridge hacia Internet a través de un USB 3G para que el pinche Cydia se descargue el Fuzzyband que va a hacer un downgrade del firmware de mi baseband para desbloquearlo de una vez!
Ya solo me falta ponerme a picar código yo mismo, hacer la aplicación del siglo, venderla en el Apple Store (o en Movistar Developers Platform, en su defecto) y ¡hacerme rico!
Ya solo me falta ponerme a picar código yo mismo, hacer la aplicación del siglo, venderla en el Apple Store (o en Movistar Developers Platform, en su defecto) y ¡hacerme rico!
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domingo, 4 de mayo de 2008
¿Hemos perdido la capacidad de sacrificio?
He estado reflexionando últimamente sobre esta cuestión. Hace no mucho, tuvimos una discusión con Malabarista, una crítica al actual sistema que rige la política y el gobierno, en la que mi argumento era que nuestros abuelos lucharon y nuestros padres sufrieron para que hoy tuviéramos todos libertad y libertades. Ahora me estoy replanteando el argumento ¿No habremos abusado de esa libertad, radicalizada hasta el extremo opuesto? ¿Hemos perdido el sentido del deber, abandonados a un hedonismo exacerbado por el marketing y los medios omnipresentes? Desde hace unos años, abogo firmemente por alcanzar la felicidad como objetivo único, o al menos un bienestar sostenido, dejando a un lado cualquier contrato o compromiso que pueda desviar. Pero hoy dudo de si el fin justifica los medios, y si no ser capaces de sacrificarse pone en riesgo nuestra ética, e incluso nuestra esencia como personas. A la solidez de uno mismo, y de su identidad, ¿no le faltará un rasgo que sea la capacidad de compromiso o sacrificio?
Bien toda esta reflexión tiene un origen. Cuando estuve en la ciudad de México, hace no mucho, conocí a José de Jesús, con quien por cierto, hoy en día mantengo el contacto. Jesús procede de Chiapas, una región pobre dentro de un país de por si humilde. Cuando le conocí, me contó un poco cómo para poder estudiar ingeniería de construcción se alistó en la escuela militar y estudia como cadete. Comprensible, y loable. Aun con el poco tiempo que coincidimos, tengo la certeza de que Jesús es una de las personas más nobles y honestas, que he tenido la oportunidad de conocer. No pienso que crea en los valores marciales, al contrario, pero pensé que quizás le atraía tanto los estudios como la forma de estudiarlos dentro de una escuela llena de actividades físicas académicas. De hecho siempre le tomo el pelo con la analogía con Harry Potter y la escuela Hogwards, debido al gusto por estos libros que compartimos.
Creo que hace poco me di cuenta: Jesús no es enteramente libre. Cuando se licencie, tendrá que permanecer 12 años más sirviendo al ejercito mejicano como tributo por la educación que tal cuerpo del estado le ha brindado. Este mes se enfrenta a examenes parciales, un campeonato de tae Kwon do, la preparación del desfile militar por la batalla de Puebla, un con concurso interescuela de tiro, y otro de literatura al que piensa presentarse con un relato y con un ensayo. “Por que crees que siempre estoy haciendo tantas cosas? Es para no pensar, mantiene mi mente ocupada.” me dijo un dia “todo esto lo hago por mi familia, por mis padres. Con mis hermanas yendo a la universidad, no quise ser una carga para ellos. Y fijate, por ejemplo, por estar yo en la escuela, el estado mexicano nos paga a todos un seguro médico y ya nunca se tendrán que preocupar por doctores ni medicamentos”.
Un hurra para ti, Jesús.
Sería fácil hablar de que uno siempre tiene opción, y elección, etc. etc. Pero no puedo decir nada ni argumentar desde mi acomodada posición europea. Ahora me acuerdo del post de Henry y la advertencia que les hicieron antes de ir a Nicaragua: “nunca les digamos que somos iguales, porque lamentablemente no lo somos.”
Cuanto lamento que no lo seamos, que no todos tengamos la misma oportunidad , sea Nicaragua, Cuba, Romanía, España o México.
Bien toda esta reflexión tiene un origen. Cuando estuve en la ciudad de México, hace no mucho, conocí a José de Jesús, con quien por cierto, hoy en día mantengo el contacto. Jesús procede de Chiapas, una región pobre dentro de un país de por si humilde. Cuando le conocí, me contó un poco cómo para poder estudiar ingeniería de construcción se alistó en la escuela militar y estudia como cadete. Comprensible, y loable. Aun con el poco tiempo que coincidimos, tengo la certeza de que Jesús es una de las personas más nobles y honestas, que he tenido la oportunidad de conocer. No pienso que crea en los valores marciales, al contrario, pero pensé que quizás le atraía tanto los estudios como la forma de estudiarlos dentro de una escuela llena de actividades físicas académicas. De hecho siempre le tomo el pelo con la analogía con Harry Potter y la escuela Hogwards, debido al gusto por estos libros que compartimos.
Creo que hace poco me di cuenta: Jesús no es enteramente libre. Cuando se licencie, tendrá que permanecer 12 años más sirviendo al ejercito mejicano como tributo por la educación que tal cuerpo del estado le ha brindado. Este mes se enfrenta a examenes parciales, un campeonato de tae Kwon do, la preparación del desfile militar por la batalla de Puebla, un con concurso interescuela de tiro, y otro de literatura al que piensa presentarse con un relato y con un ensayo. “Por que crees que siempre estoy haciendo tantas cosas? Es para no pensar, mantiene mi mente ocupada.” me dijo un dia “todo esto lo hago por mi familia, por mis padres. Con mis hermanas yendo a la universidad, no quise ser una carga para ellos. Y fijate, por ejemplo, por estar yo en la escuela, el estado mexicano nos paga a todos un seguro médico y ya nunca se tendrán que preocupar por doctores ni medicamentos”.
Un hurra para ti, Jesús.
Sería fácil hablar de que uno siempre tiene opción, y elección, etc. etc. Pero no puedo decir nada ni argumentar desde mi acomodada posición europea. Ahora me acuerdo del post de Henry y la advertencia que les hicieron antes de ir a Nicaragua: “nunca les digamos que somos iguales, porque lamentablemente no lo somos.”
Cuanto lamento que no lo seamos, que no todos tengamos la misma oportunidad , sea Nicaragua, Cuba, Romanía, España o México.
miércoles, 9 de abril de 2008
Ingenieros en la frontera
Erase una vez, en una pequeña ciudad castellana, un joven a punto de ingresar en la universidad, contaba con solo 18 añitos, y estaba muy lejos de saber quién era y qué camino quería seguir. En esta situación escogió la carrera de Ingeniería Técnica Industrial, no sabía muy bien que se escondía detrás de tan rimbombante nombre, pero dado que se le daban bien los números y todos decían que con ese título se ganaba mucho dinero, pues hacia allí que se encaminó.
Tras cinco años de estudio, no demasiado intensivo es cierto, pero si sufrido, consiguió su titulación. Lo primero que hizo nada más terminar sus estudios fue realizar 6 meses de prácticas en una multinacional del automóvil, aquello fue una señal de lo que vendría después, naves mastodónticas, lúgubres, malolientes, horarios férreos y la sensación de convertirte poco a poco en una máquina, dejar de ser una persona para convertirte en un "recurso". Pasados esos 6 meses empezó la ardua tarea de buscar un empleo, y lo encontró con rapidez, su experiencia anterior tuvo mucho que ver. Este empleo en una pequeña ingeniería duró 3 años, tres años de horarios infrahumanos, con jornadas en ocasiones de 12 y 16 horas, con más de 1000 horas extra cada año, con más de 40 fines de semana trabajados en un solo año, trabajando todos los veranos, todas las navidades y todas las semanas santas, con un desmayo por el exceso de trabajo, con visitas al médico por unas calvas en la cara que al final resultó que se debían al estress,... en fin 3 años nada gratos. Un día por fin reunió las agallas para buscar otro trabajo y salir de un circulo viciado de compañeros fantásticos en lo personal pero rendidos a esa vida de humillación que le arrastraban inexorablemente. Encontró otro trabajo en otra ingeniería muchísimo mayor, de fama mundial... no tardó mucho en darse cuenta de que la situación no sería muy diferente a su anterior empleo, más y mejores medios pero la misma esclavitud de horarios.
Un año aguantó, y tras ese año cambió no solo de trabajo, sino de ciudad, en busca de nuevos horizontes, en busca de la ilusión perdida.
Estaba en la gran ciudad, 6 millones de personas apiñadas en unos cuantos kilómetros cuadrados, una inmensa oferta de todo, una inmensa demanda de todo. Consiguió un empleo peor remunerado que los anteriores pero en un sector nuevo, intentando merecerse una mejor suerte. En parte lo consiguió, pues nunca más volvió a trabajar un fin de semana ni días festivos, pero a cambio estuvo un año viajando todas las semanas a Córdoba, teniéndo de nuevo la sensación de estar a muchos kilómetros del lugar donde transcurría su vida, teniéndo de nuevo la sensación del burro en la noria. Pagó un alto precio por ese tiempo, las cicatrices en su alma así lo atestiguan.
Nuevamente buscó otro cambio, esta vez a una empresa que no fuera de ingeniería, o al menos no de la manera a la que estaba acostumbrado. Empezó en una empresa de venta de material electrónico muy específico. Horarios mejores, menos responsabilidad, más dinero,.... en fin, unas condiciones mucho mejores, pero un nuevo precio a pagar, todo el día rodeado de personas con un pensamiento retrógrado y clasista, escuchándo permanentemente comentarios homófobos, xenófobos, racistas,..... de nuevo fuera de su sitio, y esta vez con un agravante mayor, con el paso del tiempo nuestro protagonista fue acercándose cada vez más a sí mismo, a quien quería ser, y quien quiere ser está a años luz de lo que le rodea en este lugar.
Y cansado de tanto cambio se pregunta ¿es posible encontrar la ilusión trabajando de ingeniero?
¿hay algún proyecto, renunciando a lo que sea, que me permita sobrevivir sin sentir que prostituyo mi alma por el vil metal?
Seguiremos buscando.....
Tras cinco años de estudio, no demasiado intensivo es cierto, pero si sufrido, consiguió su titulación. Lo primero que hizo nada más terminar sus estudios fue realizar 6 meses de prácticas en una multinacional del automóvil, aquello fue una señal de lo que vendría después, naves mastodónticas, lúgubres, malolientes, horarios férreos y la sensación de convertirte poco a poco en una máquina, dejar de ser una persona para convertirte en un "recurso". Pasados esos 6 meses empezó la ardua tarea de buscar un empleo, y lo encontró con rapidez, su experiencia anterior tuvo mucho que ver. Este empleo en una pequeña ingeniería duró 3 años, tres años de horarios infrahumanos, con jornadas en ocasiones de 12 y 16 horas, con más de 1000 horas extra cada año, con más de 40 fines de semana trabajados en un solo año, trabajando todos los veranos, todas las navidades y todas las semanas santas, con un desmayo por el exceso de trabajo, con visitas al médico por unas calvas en la cara que al final resultó que se debían al estress,... en fin 3 años nada gratos. Un día por fin reunió las agallas para buscar otro trabajo y salir de un circulo viciado de compañeros fantásticos en lo personal pero rendidos a esa vida de humillación que le arrastraban inexorablemente. Encontró otro trabajo en otra ingeniería muchísimo mayor, de fama mundial... no tardó mucho en darse cuenta de que la situación no sería muy diferente a su anterior empleo, más y mejores medios pero la misma esclavitud de horarios.
Un año aguantó, y tras ese año cambió no solo de trabajo, sino de ciudad, en busca de nuevos horizontes, en busca de la ilusión perdida.
Estaba en la gran ciudad, 6 millones de personas apiñadas en unos cuantos kilómetros cuadrados, una inmensa oferta de todo, una inmensa demanda de todo. Consiguió un empleo peor remunerado que los anteriores pero en un sector nuevo, intentando merecerse una mejor suerte. En parte lo consiguió, pues nunca más volvió a trabajar un fin de semana ni días festivos, pero a cambio estuvo un año viajando todas las semanas a Córdoba, teniéndo de nuevo la sensación de estar a muchos kilómetros del lugar donde transcurría su vida, teniéndo de nuevo la sensación del burro en la noria. Pagó un alto precio por ese tiempo, las cicatrices en su alma así lo atestiguan.
Nuevamente buscó otro cambio, esta vez a una empresa que no fuera de ingeniería, o al menos no de la manera a la que estaba acostumbrado. Empezó en una empresa de venta de material electrónico muy específico. Horarios mejores, menos responsabilidad, más dinero,.... en fin, unas condiciones mucho mejores, pero un nuevo precio a pagar, todo el día rodeado de personas con un pensamiento retrógrado y clasista, escuchándo permanentemente comentarios homófobos, xenófobos, racistas,..... de nuevo fuera de su sitio, y esta vez con un agravante mayor, con el paso del tiempo nuestro protagonista fue acercándose cada vez más a sí mismo, a quien quería ser, y quien quiere ser está a años luz de lo que le rodea en este lugar.
Y cansado de tanto cambio se pregunta ¿es posible encontrar la ilusión trabajando de ingeniero?
¿hay algún proyecto, renunciando a lo que sea, que me permita sobrevivir sin sentir que prostituyo mi alma por el vil metal?
Seguiremos buscando.....
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