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jueves, 3 de mayo de 2007

El regreso

“...Desconectarse para soñar...”. El problema es que luego hay que volverse a conectar, y a veces en la reconexión saltan chispas, se queman fusibles,... en resumen, puede ser algo traumático.

Este puente en Almería ha sido todo oasis. De hecho, ha sido como pasar unos días en otro planeta, u otro continente. Quizás debido a los paisajes volcánicos de Cabo de Gata, de orografía extraña, con esos bosques de flores de cactus desahuciados, las playas con ruinas y fortalezas abandonadas, pueblos que se caen a cachos, o el paisaje lunar de la costa de roca blanca y pulida. El arrullo del mar. El calor del sol, mientras el resto de España huye de la lluvia. O quizás ha sido por estar completamente aislados de los medios, del contacto con la gente que habla mucho, de la rutina, y de sólo dedicarnos a holgazanear en la playa, charlar, comer, beber, dormir y poco más.

“...Conectarse para actuar...”. Actuar poco. Se me ocurren palabras como reluctante, y pusilánime para describir mi estado el miércoles por la mañana, ya de vuelta en Castilla. Como todos los días antes de ir a trabajar, bajé al bar para empezar la mañana con buen pié y mi café rápido, y la mente aún en Rodalquilar. Como siempre, ojeé los periódicos habituales del bar, ligeramente escorados a la derecha (como Fraga o así) y descubrí la de cosas qué suceden en el mundo mientras no estás en él: una tragedia en la vecina Palencia, tan cercana ahora; la rebelión de Malasaña y el descubrimiento astronómico de otro agujero negro para mis impuestos, llamado Sofía (¿o era el agujero negro para mis impuestos astronómicos?). Demasiada información para asimilar. Cerré los periódicos, bebí el último sorbo de café y me fui con mi mejor pensamiento del día.

“el mundo gira muy deprisa- y yo quiero estar parado”.