
"Dau al Set", el dado de siete caras, era una revista, o más que eso, un grupo de siete: pintores, poetas y un filósofo en la era de posguerra.
Lo que me sorprendió es que me di cuenta de que hay más formas que utilizar el patrimonio sacro para algo más que como altar con olor a rancio. Desde hace años que no me gusta visitar iglesias al uso, y no es parte de mi ateismo, que también; es que tengo la sensación de entrar en una cueva, oscura, fea, y con recuerdos por todos los lados a la gloria pasada, a riquezas formadas a golpe de intrigas, hegemonía ilegítima y .. ¿por qué no? A base de infundir miedo al personal.
¿Hora de la desamortización del tercer milenio? A quién no le gustaría utilizar la catedral como continente de la biblioteca municipal, teatro y sala de conciertos.
Por cierto, una exposición genial.