Según la RAE:
1. tr. p. us. Olvidar lo que se había aprendido.
Yo añadiría .... para poder aprender desde uno mismo.
Todos nosotros somos el fruto de la suma de una carga genética, una influencia del entorno más cercano en la infancia y la influencia de las cosas que vamos conociendo con el paso del tiempo y las cosas que vamos experimentando en este largo e interesante camino que es la vida.
La importancia de la carga genética es algo altamente cuestionable, para algunos es definitivo y para otros meramente testimonial, no se muy bien quién está más acertado, yo me apunto más a lo segundo.
El segundo operando de la ecuación es sobre el que versa el título de este post, la influencia de nuestro entorno en la infancia. En mi caso ese entorno es mi familia directa, mis padres, y con ellos tíos, abuelos, vecinos, profesores, y un sinfín de personas más que aportaron en mayor o menor medida su influencia en mi formación como persona. Estoy seguro que la mayor parte de ellos ejercieron esta influencia con la mejor de las intenciones, tratando de modelarme en pos de un ideal que cada uno forjaba a su libre albedrío. Y agradezco a todos ellos su esfuerzo. Pero llegado a este punto de la vida uno se da cuenta de que hay muchas cosas que juzga, cree e incluso siente en función de una enseñanza anterior, es decir, en función de la manera de entender las cosas de otras personas. Y es inevitable preguntarse si lo que te asusta, te asusta realmente o simplemente te enseñaron a temerlo, lo que te gusta ¿te gusta realmente a tí?, lo que te emociona ¿es a tí a quién en realidad emociona?... y así seguiría creando frases hasta el fin de los tiempos.
Para poder dar respuesta a estos interrogantes solo he descubierto un camino, ... desaprender. Desaprender todo lo aprendido en materia de sensaciones y sentimientos, gustos y fobias. Desaprender para volver a un punto inicial donde aprender de nuevo, pero desde mí, desde quién soy ahora, desde quien quiero ser. Y las sorpresas que esto me depara son cada día más interesantes, y los cambios cada día más impredecibles, como diría el lobo estepario estoy descubriendo a los miles de malabaristas que habitan en mi interior y que juntos forman lo que aquí veis.