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lunes, 2 de agosto de 2010

Divagar, devagarzinho

Lo último que te dije fue que iba a ir a ver el Museu da Lingua Portuguesa. Pero no fui. Salí con esa intención, iba a tomar el metrô, cuando sentí hambre, y ya sabes que me pongo un poco nervioso si tengo hambre y no como nada. El Museu está en Luz, y por ahí no recordaba que hubiera ningún sitio fácil donde comer algo, y no me apetecía callejear un domingo solitario por ninguna calle del centro que no conozco. Así que cambié de opinión, opa, entonces-es-así, todo-bien, y fui a la temakeria de Augusta, no tienen los mejores temakis, pero es de madera, está tranquila, se puede leer, no hay nadie, o casi nadie.

Cuando tomo café, ando y escucho música a veces mis pensamientos se ponen a divagar de forma incongruente, saltando de un lugar a otro sin casi percibir dónde van, o siquiera dónde voy yo, hacia dónde camino. Sobre todo cuando el día esta nublado, y sopla ese aire eléctrico grisáceo como cuando amenaza una gran tormenta, pero a veces no cae nada. Estaba tan concentrado que no recuerdo nada, o casi nada. Pensé en Salvador también, en los colores de las casas, las camisetas de Olodum, Michal Jackson com una camiseta demasiado grande, blanca, en los colores de un libro de Keith Haring que vi en FNAC la tarde anterior, en un edificio que vi en Paulista que me recordaba a algo y no conseguía recordar el qué, y de repente, estaba viendo una exposición de algunos de los diseños de Haring en Caixa Cultural. ¿Pero eso fue antes o después del temaki? Porque ya fueron varios, dos para merendar en Rua Augusta, dos para cenar en Alameda Santos. Entonces, comenzó a llover, y no fue como en Argentina, aquí simplemente se hizo de noche y casi todo quedó desierto.

viernes, 5 de febrero de 2010

Más divagaciones

Esta tarde el cielo tenía muchos colores. Todos de lluvia: añil, azul tormenta, azul cálido, gris, plomo y plata. El aire, despues de un día lluvioso, se queda con una transparencia metálica, tal vez sea el ozono. Caminaba por Homero pausado y deambulando entre mis pensamientos. El primero, conseguir folios, unos pocos, no los quinientos del Max. El segundo, si pasar por Porrúa, tal vez hubiera llegado el Diario de Frida Kahlo, aunque si realmente lo escribió Fuentes, mejor lo olvidamos. El tercero, la cara de velocidad del niño judío con el que me cruzo. Últimamente me cruzo con muchos en esta zona, por Homero u Horacio, y todos los niños llevan esa prisa estreñida y la mirada clavada al suelo (y en esta zona las banquetas estan aun conservadas, así que eso no es). ¿Será que le aprieta el sombrerito? ¿Yahvé te oprime? No me caen bien los judíos como generalidad, no puedo evitarlo. Es por el sectarismo, por lo regular no me caen bien
los monoidea, los que se aferran fervorosos a una mitología contranatura, y en general, los que escogen conscientemente un rol de martir superfluo, innecesario. Mandamiento es una palabra muy fea (opresora) y diez, es cuanto menos, algo escaso.
Después de los gruñidos mentales, pienso en dirigime a la pequeña francia, la zona vieja de Polanco, por el parque Lincoln se ve un ambiente hostelero parecido a la orilla del Sena. Ya que no puedo salir de aquí, igual encuentro algún café interesante. Llego a la avenida del presidente checo (recuerden, la mas glamorosa de todo México); aquí flanqueando, las casitas, los palacitos reconvertidos en boutiques, no hay pisos ni torres; y aquí, si sopla, el aire es colonial, pero no colonial como el centro de Mexico, sino colonial a lo cartaginés (cartagenero suena a vallenato), modernizado y con su toque francés invariable. Me recuerda a las fincas del comienzo del Paseo del Arco de Ladrillo, que un dia dije que cuando sea mayor, pienso quedármelas una vez que se las expropiemos al ejercito de Valladolid (que no se si sea la misma cosa que el ejercito nacional, considerándolo todo y con su perspectiva histórica).
Volviendo a Masaryk y a a sus palacetes, los maniquíes asoman tanto en los ventanales de planta baja, como arriba, en la planta alta, y da un poco de miedo, como si fueran los legítimos habitantes de la propiedad. Como si el plástico hubiera destronado a la carne ocupante. Puede ser escalofriante, me recuerda a una ciudad rumana que M y yo visitamos. Era una ciudad deprimente, no había casi nada, ni siquiera locales para las tiendas de la calle; éstas ocupaban la vivienda más baja, a ras de suelo, y sus ventanas eran los escaparates. No recuerdo qué ciudad era, creo que había un río, no era en Transilvania ni era Suceava, pero allí no había nada, nada que ver, nada que hacer. Me pregunto qué haríamos allí, en un sitio así.

miércoles, 20 de enero de 2010

China Cholula

Estaba pensando en el nombre oficial de China, "República Popular
China" o más bien, su nombre en inglés, que tiene un significado leve
y sustancialmente diferente a la vez . "People's Republic of China".
República de la gente de China. En realidad no se me ocurrió esto
ahora, fue en la cima de la Gran Pirámide de Cholula, ahora parroquia
de Vuestra Señora de los Remedios, de los Promedios. Y todo porque a
sus pies tres carteles prosaicos e idénticos- uno en español, otro en
inglés, y otro en ve a saber qué lengua precortesiana- demostraban la
mejor eficiencia del inglés, en longitud al menos, seguido del
español, y abandonado a su suerte el primo del nahuatl, que por poco
no escribe en el aire; y una cosa fue llevando a otra, y de repente
todo regresó a mi mente ahora pensando lo ridículo que se veía ese
video enmudecido de Cindy Lauper bailoteando al son de la musica chill
que suena de ambiente en el Java Times.
Nada como tener tiempo para divagar... ¡qué sano!