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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Escarabajos

Estoy empezando mi segunda colección de fotografía malamente-hecha-con-mi-móvil-de-cualquier-manera. Mis compañeros de trabajo me regalaron una auténtica cámara digital (mil gracias), pero aun no me ha dado por usarla. Creo que me da apuro pasearla por el DF, o simplemente se me olvida cogerla cuando salgo. Creo que no soy de llevar más de un gadget, asi que cuantas más funciones tenga incorporadas el susodicho, mejor. Al iPhone ya solo le falta incorporar tarjeta de crédito y las llaves de casa, y perfecto. A caminar.
A lo que iba, sobre mis colecciones "Made by", la primera de fotos es sobre gente haciendo fotos, que es algo que me fascina, y la segunda es sobre los escarabajos de la ciudad de México, que es la especie semi endémica que más me sorprende por el número y la variedad de colores.
Como de la primera no creo que pueda mostrar nada aqui porque seguro que violo mil reglas de privacidad -uf, aunque estoy tentado, hay alguna buenísima-, pues aquí una muestra de la segunda.
La titularé "Escarabajo verde en Coyoacán".
¡Muérete de envidia, Annie Leboiv-... Leivo-comosellame!

martes, 10 de noviembre de 2009

One hundred of a second

Corto sobre fotoperiodismo. Cuando es imposible quedar al margen de las penurias ajenas.





Vía: XatakaFoto

jueves, 8 de noviembre de 2007

Fotografía y realidad


En mi habitual paseo por la red leo una noticia que me deja un regusto amargo en la boca, "La belleza está ahí", en ella se muestra la foto ganadora del último premio al Retrato Fotográfico de la National Portrait Gallery de Londres, otorgado al israelí Jonathan Torgovnik. La foto muestra a una mujer Ruandesa abrazada a una de sus hijas delante de la choza en la que viven, y con su segunda hija detrás. La mujer es bella, con esa belleza de tez oscura y brillante que tienen los africanos, pero hay algo que atrae la atención como un poderoso imán, sus ojos, los ojos de esa mujer y el rictus de su rostro reflejan una honda tristeza, una enorme amargura.
Leo el artículo y descubro que esa mujer se llama Joseline Ingabire, y que fué violada reiteradas veces por milicianos en la guerra que asoló Ruanda entre las tribus utus y tutsis.
Hay algo que me escama, cómo es posible que de una situación personal tan trágica y horrible se saque una foto que otorgue premios, publicidad y por supuesto dinero al fotógrafo. Qué clase de mundo es este en el que el sufrimiento de unos sirve de "musa" para el trabajo de otros. No dudo de la buena fé del fotógrafo, ni de su abnegado trabajo por mostrar las barbaridades ocurridas en ese país, pero ¿ no sería mejor además de reconocer el trabajo del fotógrafo entregar el dinero a quien de verdad lo necesita? ¿ no sería entonces cuando la denuncia tendría un efecto real?. Porque sino lo que ocurre es que escuchas diatribas de fotógrafos sobre la fotografía en las que se habla de la técnica, de la luz, del enfoque, como si lo que se retratara fuera una situación irreal, sin importancia, y no una tragedia brutal que desgarra la vida de tanta gente.
Esto me recuerda a otra historia que vi hace tiempo, la del fotógrafo Kevin Carter, que tratando de mostrar la brutal situación de hambruna en Sudán realizó una foto a una niña muriendo de hambre en presencia de un buitre, que aguardaba para devorar el cadaver. Éste fotógrafo esperó para poder sacar la imágen impactante que le granjeara fama y a la vez concienciera a Occidente sobre lo que allí ocurría. Su espera provocó que la niña muriera, y él finalmente obtuvo el Pulitzer. Dos meses después se suicidó, porque nunca pudo borrar la imágen de esa niña de su cabeza.
¿Cuánto hay de denuncia real en las fotos y cuánto de deseo de gloria? ¿cuánto hay de preocupación real y sincera en occidente por lo que ocurre allende los mares? ¿cuánto queda de bondad en el corazón del ser humano?

jueves, 11 de octubre de 2007

Miércoles fotográfico

Ayer hacía un día soleado, agradable para la estación en la que estamos, no tenía ningún plan interesante así que cuando salí del trabajo me fui dando un paseo hasta el centro, y me acerqué al Círculo de Bellas Artes para ver unas exposiciones de fotografía, la primera de ellas se llama "Momentos estelares, la fotografía en el siglo XX", con ese nombre (pensé) tiene que ser interesante, y acerté. La verdad es que la fotografía es una forma de arte con la que yo todavía no he conectado demasiado, tiendo a pensar, probablemente equivocado, que el mérito está en lo que se fotografía y no en la técnica misma de la fotografía, es decir, lo que a mi me impacta es lo que se ve, el gesto, la situación, la denuncia que implica una fotografía, y no tanto el contraste de color, o un determinado ángulo,... aunque estoy seguro de que estas cosas realzan la sensación que transmite la fotografía. Hubo muchas que me impactaron, os dejo algunas, lástima que no se el nombre de la que más me impacto ni el autor y no he podido buscárosla, mostraban el trabajo en semiesclavitud de miles de personas en las minas de Brasil en los años 40, se veían regueros humanos vestidos todos con harapos cargando sacos en sus espaldas y subiendo por unas escaleras casi verticales a distancias enormes y sin ningún tipo de arnes o barandilla, me detuve largo tiempo tratando de calcular cuantos de esos infelices morirían en esas minas. En esa foto lo de menos es la luz, lo de menos es el arte...




John Heartfield, Adolf, el superhombre, traga oro y habla hojalata (17 de julio de 1932)

Dorothea Lange. Migrant Mother, Niporno, California, 1936.

Robert Capa, Miliciano herido de muerte, 1936

La otra exposición era "La vida en fotos, Che Guevara", ya de niño leí la biografía del Ché de Pierre Kalfon, y por tanto su historia y su imágen son archiconocidas para mí, (como para muchísima gente), es por eso que no esperaba ver nada nuevo, sin embargo me equivocaba, además de encontrar imágenes nuevas de una historia conocida encontré algo en lo que de niño no me había fijado, sus ojos, su mirada, esa mirada fija y penetrante que solo tienen los hombres y mujeres destinados a hacer grandes cosas, buenas o malas, hombres y mujeres que muestran una determinación en su mirada que desarma al más pintado. Esa mirada el Ché la tiene desde las fotos de su más tierna infancia, lo ves entre niños con caras de ángeles y su mirada brilla como una luciérnaga, supongo que eso es lo que hizo que tanta gente le siguiera hasta la misma muerte sin dudarlo, será magnetismo, será carisma, será.... no lo se, pero sin dudarlo yo también le habría seguido.
Aquí os dejo un enlace con fotos de esa exposición y otras muchas que allí no aparecen.

http://www.geocities.com/Athens/Cyprus/2985/