Indignación, rabia y una gran dosis de odio es lo que producen las imágenes que hemos podido ver últimamente de agresiones en el metro de Madrid llevadas a cabo por los propios vigilantes de seguridad. Primero de todo hay que dejar claro que la actuación de un grupo de impresentables no puede calificar a todo el colectivo, esto es obvio, estoy plenamente convencido de que una gran mayoría de los profesionales del campo de la seguridad cumplen fielmente con su cometido y no se extralimitan ni utilizan su "poder" para abusar de los demás. Pero precisamente para salvaguardar el buen nombre de estos profesionales y su imágen hacia el público creo que es preciso castigar con severidad a los que sí abusan de su situación. Lo mismo ocurre con los policías, guardias civiles y demás cuerpos de seguridad. Me parece demencial el pensar que las personas encargadas de velar por nuestra seguridad, pagadas y armadas con el permiso de todos para proteger la convivencia utilicen esos privilegios para mostrar su miseria personal. Me parece increíble que un día pueda bajar al metro y verme rodeado por una manada de "homo erectus" con el cerebro aún por desarrollar, y que éstos puedan darme una paliza impunemente sin que yo pueda hacer nada, salvo ser más violento que ellos.
Creo que es vital para que una sociedad funcione que tengamos fe en nuestros cuerpos de seguridad, y para ello debe haber una transparencia total en sus métodos, y una sensación clara y diáfana en la ciudadanía de que si se extralimitan o abusan de poder serán castigados como cualquier otro, o incluso más, puesto que a su acto indigno suman la traición a la confianza que la sociedad les otorgó. Un día asistí a la violencia irracional de uno de estos dementes, y sentí unas ganas terribles de golpearle, de hacerle sentir en sus carnes la impotencia que genera el uso de la violencia..... repito, VERGÜENZA
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jueves, 24 de abril de 2008
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Siempre igual
Indignación, si tuvieramos un poco de vergüenza deberíamos sentir todos los occidentales indignación por lo que en nuestro nombre hacen nuestros políticos por el mundo, pero lamentablemente nuestros políticos no son seres de otro planeta que vienen a imponernos sus ideas, no, son simplemente la representación fiel de lo que es nuestra sociedad, de lo que somos nosotros como conjunto.
Llevamos dos semanas escuchando y leyendo por todas partes la historia de una mal llamada ONG, El arca de Zoe, que viajó a Chad para intentar llevar a Francia a unos niños supuestamente huérfanos de guerra. Parece por lo que oímos que todo fue un montaje para llevarse a los niños y sacar dinero vendiendo su falsa historia. No podemos saber si eso es cierto, la justicia se encargará de juzgarlo, pero lo que si podemos ver, y por tanto opinar sobre ello, es la actitud de los políticos de España y Francia ante esta situación, vemos como el "gran" Sarkozy hace un viaje relámpago en su jet privado y se trae para Europa a las azafatas españolas y los periodistas francesas, y llega a España en loor de multitudes aclamado como el gran libertador. Nuestro querido "Anzar" aprovecha para mostar su "humillación" como español porque haya tenido que ser Sarkozy y no el presidente español quien haga ese viaje. Y para colofón (de momento) escuchamos en un acto público decir al gran presidente galo, "iré a buscar a todos los que aún están, no importa lo que hayan hecho".
Es absolutamente increíble, el desprecio que mostramos los occidentales por el resto de pueblos del planeta, ¿os imagináis lo que ocurriría si la situación fuera al revés?, ¿si un presidente africano dijera que vendrá a Europa a llevarse a sus compatriotas acusados de un delito independientemente de lo que hayan hecho?. Les mandaríamos inmediatamente a los cascos azules para que supieran quién es el gallo del gallinero.
Ocurren en cambio otras cosas que aparecen en nuestros periódicos en una esquina pequeña y que por supuesto no despiertan el más mínimo interés ni en nuestros políticos ni en nuestras conciencias, mueren 56 inmigrantes que intentaban alcanzar las Canarias, ¿que ocurriría si todo el dinero que gastamos en Europa en estúpidas campañas publicitarias de nuestros estúpidos políticos, en fastuosos actos de exaltación patriótica, en exhibiciones militares vergonzantes,.... lo utilizaramos en ayudar a los pueblos que lo necesitan?. Qué estúpido, ocurriría lo que menos queremos, que seríamos iguales.
Llevamos dos semanas escuchando y leyendo por todas partes la historia de una mal llamada ONG, El arca de Zoe, que viajó a Chad para intentar llevar a Francia a unos niños supuestamente huérfanos de guerra. Parece por lo que oímos que todo fue un montaje para llevarse a los niños y sacar dinero vendiendo su falsa historia. No podemos saber si eso es cierto, la justicia se encargará de juzgarlo, pero lo que si podemos ver, y por tanto opinar sobre ello, es la actitud de los políticos de España y Francia ante esta situación, vemos como el "gran" Sarkozy hace un viaje relámpago en su jet privado y se trae para Europa a las azafatas españolas y los periodistas francesas, y llega a España en loor de multitudes aclamado como el gran libertador. Nuestro querido "Anzar" aprovecha para mostar su "humillación" como español porque haya tenido que ser Sarkozy y no el presidente español quien haga ese viaje. Y para colofón (de momento) escuchamos en un acto público decir al gran presidente galo, "iré a buscar a todos los que aún están, no importa lo que hayan hecho".
Es absolutamente increíble, el desprecio que mostramos los occidentales por el resto de pueblos del planeta, ¿os imagináis lo que ocurriría si la situación fuera al revés?, ¿si un presidente africano dijera que vendrá a Europa a llevarse a sus compatriotas acusados de un delito independientemente de lo que hayan hecho?. Les mandaríamos inmediatamente a los cascos azules para que supieran quién es el gallo del gallinero.
Ocurren en cambio otras cosas que aparecen en nuestros periódicos en una esquina pequeña y que por supuesto no despiertan el más mínimo interés ni en nuestros políticos ni en nuestras conciencias, mueren 56 inmigrantes que intentaban alcanzar las Canarias, ¿que ocurriría si todo el dinero que gastamos en Europa en estúpidas campañas publicitarias de nuestros estúpidos políticos, en fastuosos actos de exaltación patriótica, en exhibiciones militares vergonzantes,.... lo utilizaramos en ayudar a los pueblos que lo necesitan?. Qué estúpido, ocurriría lo que menos queremos, que seríamos iguales.
martes, 5 de junio de 2007
Vergüenza
Lunes 4 de junio, doce de la noche, vuelta al hogar después de una agradable tarde compartiendo conversaciones, abrazos y confidencias, regadas con unas cañitas y unos porritos, parece que con la primavera vuelve la vitalidad a Madrid y los que aquí nos encontramos corremos raudos a disfrutar de este miniparaiso que nos ofrece.
Nos encaminamos hacia la puerta del sol para coger el metro que me lleve a mi casa, es tarde y estoy un poco fumado, antes de llegar encontramos a un músico itinerante que está amenizando la noche a los viandantes, acunando con las notas que salen de su guitarra a los que allí se encuentran, una marabunta de niños procedentes supongo de algun viaje escolar ha hecho del músico su clown particular y corren y saltan alborotados alrededor de las notas del juglar, y este sonrie sin rubor al ver el milágro que se está produciendo, parece un ángel en medio de la calle regalando sonrisas a los niños.
Pasamos junto a ellos y una sonrisa se acomoda en nuestros rostros contagiados por el milagro que allí se está produciendo, y en este estado esperaba irme a dormir pensando que quizás este mundo que suele mostrar el egoísmo y la maldad en grandes dosis diarias siga teniendo una parcelita en él que hace que aún merezca la pena.
En esto estaba mi cabeza cuando al acercarnos a la parada de metro vemos salir corriendo a un hombre de mediana edad latinoamericano con un segurata detrás blandiendo amenazante una porra en su mano derecha. El segurata alcanza al hombre y le golpea una vez con la porra, este se para y parece que la cosa se va a serenar, mientras tanto los que allí nos encontramos miramos sorprendidos lo que está ocurriendo, en ese momento salen otros tres seguratas de la boca de metro y corren hacia el lugar donde se encuentran las otras dos personas, uno de los que se acerca saca su porra y comienza a golpear de nuevo al hombre, los demás le gritamos para intentar que dejen de golpearle, el hombre sale corriendo y este último segurata sale detrás de él, corre durante unos 100 metros y le golpea reiteradas veces en ese trayecto, después vuelve sobre sus pasos sujetado por una compañera con toda su virilidad de frustrado asomando por sus fauces, gritando improperios y bravuconadas al huido, de esas que siempre salen a los cobardes cuando se encuentran en el bando más fuerte y numeroso.
Vuelve hacia la boca de metro con andares de terminator y cara de cromagnon soportando las miradas de desprecio de los que hemos contemplado la escena y entra en ella sin que una misera gota de culpa o de duda sobre lo que ha hecho corra por su pequeño cerebro,....... y yo siento vergüenza, por pertenecer a una especie en la que cohabitan animales como ese, plenos de frustración e ira, y por pertenecer a la mayoría de esa especie que si bien no actuamos de la misma manera, no hacemos nada por evitarlo.
Nos encaminamos hacia la puerta del sol para coger el metro que me lleve a mi casa, es tarde y estoy un poco fumado, antes de llegar encontramos a un músico itinerante que está amenizando la noche a los viandantes, acunando con las notas que salen de su guitarra a los que allí se encuentran, una marabunta de niños procedentes supongo de algun viaje escolar ha hecho del músico su clown particular y corren y saltan alborotados alrededor de las notas del juglar, y este sonrie sin rubor al ver el milágro que se está produciendo, parece un ángel en medio de la calle regalando sonrisas a los niños.
Pasamos junto a ellos y una sonrisa se acomoda en nuestros rostros contagiados por el milagro que allí se está produciendo, y en este estado esperaba irme a dormir pensando que quizás este mundo que suele mostrar el egoísmo y la maldad en grandes dosis diarias siga teniendo una parcelita en él que hace que aún merezca la pena.
En esto estaba mi cabeza cuando al acercarnos a la parada de metro vemos salir corriendo a un hombre de mediana edad latinoamericano con un segurata detrás blandiendo amenazante una porra en su mano derecha. El segurata alcanza al hombre y le golpea una vez con la porra, este se para y parece que la cosa se va a serenar, mientras tanto los que allí nos encontramos miramos sorprendidos lo que está ocurriendo, en ese momento salen otros tres seguratas de la boca de metro y corren hacia el lugar donde se encuentran las otras dos personas, uno de los que se acerca saca su porra y comienza a golpear de nuevo al hombre, los demás le gritamos para intentar que dejen de golpearle, el hombre sale corriendo y este último segurata sale detrás de él, corre durante unos 100 metros y le golpea reiteradas veces en ese trayecto, después vuelve sobre sus pasos sujetado por una compañera con toda su virilidad de frustrado asomando por sus fauces, gritando improperios y bravuconadas al huido, de esas que siempre salen a los cobardes cuando se encuentran en el bando más fuerte y numeroso.
Vuelve hacia la boca de metro con andares de terminator y cara de cromagnon soportando las miradas de desprecio de los que hemos contemplado la escena y entra en ella sin que una misera gota de culpa o de duda sobre lo que ha hecho corra por su pequeño cerebro,....... y yo siento vergüenza, por pertenecer a una especie en la que cohabitan animales como ese, plenos de frustración e ira, y por pertenecer a la mayoría de esa especie que si bien no actuamos de la misma manera, no hacemos nada por evitarlo.
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