Pudo ser la vez número trescientas cincuenta mil doscientas veinticuatro que doblé la esquina del Paseo hacia mi plaza. ¿qué cambio? Lo que pasó por mi cabeza, fugaz. Un pensamiento que no se quedó más de tres segundos, y que apenas ahora recuerdo. Capté un retazo de conversación, eso lo disparó, dos personas hablando junto a la esquina: ".. no sé.. piensa que es una cosa de karma". ¿De
karma? ¿Hablando de karma en la Plaza de Toros, en una esquina torrada de calor bajo la canícula, a las 4 de la tarde? ¿Entra eso en la gama de pares posibles para temas y lugares?
Karma. Escuchar conversaciones ajenas ya da perspectiva, pero si estas son sobre temas transcedentales, la perspectiva se agudiza hasta el ridículo. En dos segundos, debí elaborar una teoría completa, compleja, que fui a olividar a los tres segundos, y que versaba sobre el ser humano y su sentido de la profundidad, lo patético de la vida, lo efímero de la transcendencia y el escaso éxito medio que tienen los homo sapiens de dotar de significado a su existencia. Cuando más lo intentan, más ridículo parece. Y cuanto más lo veo más ridiculo me parece, lo que piensan, lo que dicen, lo que hablan, las conversaciones sobre temas transcedentales, profundos; y lo que yo hago, lo que yo pienso, sin comillas. Todos homogéneos, clones, wannabes, quiero-ser-y-no puedo, quiero- pensar-distinto-y-no-sé. Karma.
Vas a trabajar, te comes un helado, hablas del karma con tus amigos, y te duermes por la noche. Al dia siguente, igual o parecido. Un ciclo. Si fuera un observador independiente que examinara desde la Luna el comportamiento de estos semi-monos que infestan el planeta azulado pensaría que el ciclo del pensador del karma es tan primitivo e insignificante como el del girasol.
Para lo que ambos van a servir al universo...
Post scriptum: espero que no estuvieran hablando de la ministra de Defensa.