El sábado toreó José Tomás en Barcelona. Tal y como se hacía dos milenios atrás en los coliseos romanos, utilizó su poder y el del ¿respetable? para conceder el indulto al quinto toro de la tarde. El poco respeto que me merecen los toreros se vio ayer incrementado viendo el poder que se les otorga, el de conceder la vida a un animal por no mostrar ningún gesto de malicia.
El domingo estaba a puntito de comenzar el GP de Automovilismo de EEUU, con todos los preparativos listos para ver si Hamilton le volvía a hacer la puñeta a Alonso, este piloto español tan bueno como arrogante, con frases como "he ido más rápido que los demás, pero he quedado segundo", juas juas. Ya estaba yo como un ser primario con mi calimocho fresquito, mis aceitunas y mi portátil con la página de la formula 1 abierta para visualizar los tiempos de los pilotos en tiempo real (os lo recomiendo, mejora mucho la monotonía de Lobato y compañía). Total que unos minutos antes de la vuelta de warm-up recibí una llamada para entre otras cosas decirme que en la primera estaban dando un especial por la vuelta a los ruedos de Jose Tomás. Por mí Jose Tomás se puede ir a freir espárragos o a hacer puñetas, lo único que me causa su vuelta es indignación por saber que otro ser repelente se ganará la vida matando y haciendo sufrir a un animal con la única excusa de ser una tradición. A la mierda estas tradiciones.