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domingo, 22 de febrero de 2009

Espeluznante

Otro fin de semana dedicado a trabajar, a tareas de la profesión que no llenan, y con esa desazonadora sensación de ciclo; la arena-tiempo que se escurre por los dedos, esta vez sin notar los granos fluir por la piel de las manos, y la mente ocupada en el siguiente hito.
Con la intención de desbloquearlo, se me ha ocurrido la mala idea de ver a Francisco Panceta. Y es que un tipo que postula principios misantrópicos, existenciales y profundamente desmitificadores del hombre como algo más que una confluencia de huesos y carne, pues no anima precisamente el día.

En concreto, esta pintura me ha causado inquietud. Malestar, de hecho, al leer la explicación.


Una distorsión de una escultura de Miguel Ángel, en la que Bacon presenta a la figura en cuclillas, tensa, entregada a una actividad indefinida, agarrado como puede a una baranda, que le rodea, le limita. Y encima, le encajonan en un cubo-jaula. Lo inquietante es que la figura es casi translúcida, se desvanece, mientras que las aristas y barras metálicas -la jaula- están perfectamente definidas.

Una metáfora brillante.












"El Papa Inocencio X" por Velázquez


"One of the major messages that Bacon tries to convey in his work is the misanthropic idea that all humans are simply parasites upon the earth and that we have false illusions of supremacy over all other living things"


"Inocencio X" por Bacon

martes, 17 de febrero de 2009

The missing peace

Que absurdo, la rutina, el trabajo. Nos creamos unas dependencias con la tecnología, se nos ha empalado en nuestro estilo de vida que a veces resultan indispensable cosas que son meros accesorios, o que nunca importaron hace un año o dos. Y peor aún, el torbellino absorbente que crea la cultura del trabajo, la vida empresarial, las prisas. Todo corre prisa, se crea una rueda, o tal vez una cinta de Moebius, que no se sabe donde empieza el fin y donde termina el principio, quién es causa y qué es efecto.
Hace años en mi empresa -cuentan los mayores a quienes se les ha obligado a desarrollar facultades extra-humanas, como la de la adherencia (a los ERE) - no había Internet, ni correo, ni ningún tipo de comunicación electrónica. Para "mover" cualquier actividad, el medio común eran las cartas y circulares, enviadas por valija interna, a unos pocos participantes en un ámbito completamente local. Sí, se tardarían días o incluso meses en acordar actividades que ahora se deciden en cuestión de segundos, por un mayor número de decisores distribuidos en todo el globo, que pueden contestar y participar desde casi cualquier sitio y con cualquier medio, sea con un ordeador, una PDA, un teléfono o todas las posibles combinaciones y miniaturizaciones; y con mucha más fluidez, gracias sin duda a las no-tan-nuevas tecnologías. Pero esa instantaneidad e inmediatez que facilita Internet, también crea prisa, una bola de nieve que nos arrastra. A la productividad se le pide más productividad.

Tras una día repleto de reuniones, encadenadas con la comida más bien acelerada, por fin llego al hotel. Mi jornada de trabajo empieza casi a las seis de la tarde, tengo muchas cosas que hacer, un montón de microtareas, demasiados correos que enviar, y varias llamadas de teléfono por hacer. Arranco mi portátil, y mientras, me siento a mirar por la ventana una de las torres inclinadas de KIO. Pienso que estará lleno de trabajadores del "deprisa", como yo, arrastrados en el espejismo empresarial ¡qué importante es esto que hacemos! Envío un correo, y pienso que además del tiempo que me lleva a mi escribirlo, se convertirá en 3 ó 4 correos de vuelta, y tal vez una llamada, que llegarán en momentos poco afortunados ya lejanos del contexto inicial, tensando la multitarea. Dando una tecla he hecho crecer la entropía del microcosmos empresarial. El trabajo, como la energía, ni se crea ni se destruye, sólo crece. No resuelve, se empaqueta, se transforma, se devuelve y se olvida.

A las seis y algo, la conexión wifi ha empezado a funcionar mal. Ninguno de los correos de mi bandeja de salida ha logrado escaparse. Mi teléfono personal llevaba unas horas con un mensaje de erorr "SIM inactiva", y mi móvil corporativo alcanzó el límite de consumo hace días. La tarjeta 3G de mi portatil tampoco lograba engancharse a la red, ni había conexión Ethernet en la habitación. Ni llamadas, ni correo. De primeras me he cabreado. ¡Nada funciona hoy o qué! Desazón, frustración, inquietud, intranquilidad, estrés. ¡Con todo lo que tengo que hacer, y esta mierda de tecnología conspira para fallar, todas a una! Arrojado a la calle, encontré sin más que cruzar la plaza la paz perdida.



"La exposición "The Missing Peace" es un canto a la paz. Una paz entendida en toda su dimensión, ya que para lograrla- tanto a nivel personal como global- hay que considerar otros aspectos como el perdón, la compasión, el amor... El mundo adolece de paz, y esta uasencia que tantos sufrimientos causa, da nombre a la exposición."


¿Casualidades?¿mensaje divino? O tal vez, solo se trate de mi autosugestión, que acomoda las piezas del mundo al rededor para darles signicado.
Una lástima que a estas horas ya haya vuelto la luz electrónica.

lunes, 19 de mayo de 2008

El trabajo dignifica, el trabajo relaja

Otro lunes que termina. Hoy hemos pasado la tarde en una de esas reuniones-conferencia de trabajo convocadas por uno de nuestros altos directivos que reune a toda su gente para hacer, como diria el malabarista, "chiquipandi". Es decir, una arenga del tipo hablo yo y las otras 100 almas allí reunidas cual fieles de una congregación religiosa que asisten al servicio periódico de su guía espiritual, me escucháis. En este punto, me gustaría introducir una cita de Oscar Wilde, que dice:


"El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer."


No es que comparta la opinión del irlandés al ciento por cien, pero en algunos momentos converjo bastante. Especialmente hablando del trabajo ajeno, pero ése es otro cantar y no viene a cuento. En fin, ante semejante perspectiva de evento y de tarde, estuve buscando distracción y amenidades varias para pasar el rato. La verdad es que en retrospectiva, la tarde ha sido de lo más fructífera... ¿en qué momentos del día día puedo decir que tenga un rato de paz y tranquilidad para meditar,...y que pase dos horas sentado en una silla cómodamente apoyado contra la pared, mientras garabateo y pintorrajeo el cuaderno -mente en blanco- e intento pensar en unas frases que leí anoche en Rayuela -por fin, ¡lo tengo en papel!-, y en otras reflexiones sin duda intrascendentes pero tremendamente relajantes, mientras oigo la voz de un señor hablar de "cosas" en lontananza- que diría el infame otro?
¡Ay, estimado Eurípio,... hoy te tengo que dar la razón!


"El trabajo es el padre de la gloria y de la felicidad". Eurípides


Y ya que este post va de citas sobre el trabajo, como es tradición en este blog, una referencia a la definición de "trabajo" en la R.A.E.:

trabajo.

1. m. Acción y efecto de trabajar.

2. m. Ocupación retribuida.

3. m. obra (‖ cosa producida por un agente).

4. m. Obra, resultado de la actividad humana.

5. m. Operación de la máquina, pieza, herramienta o utensilio que se emplea para algún fin.

6. m. Esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, en contraposición a capital.

7. m. Lugar donde se trabaja. Vivo muy lejos de mi trabajo.

8. m. Dificultad, impedimento o perjuicio.

9. m. Penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz. U. m. en pl.

¿qué os parece? Qué apropiadas la ocho y la nueve para un lunes, ¿verdad?

Y haciendo alusión a la cuatro y a la seis, y para contradecir a Óscar, me fascina el esfuerzo de aquellos que hacen su trabajo para ofrecer algo a los demás a cambio de poco o nada. Os dejo con Son de Nadie, otro grupo de música libre.


SondeNadieYeleira


viernes, 18 de abril de 2008

Licenciado

Según el diccionario de la RAE:

* Persona que ha obtenido en una facultad el grado que la habilita para ejercerla.

Lo que no dice por ningún lado la definición de la RAE es que vayas a tener la posibilidad de ejercerla. Leo con tristeza pero sin ningún tipo de asombro la siguiente noticia:
Licenciadas se pasan a la formación profesional para encontrar un empleo. El artículo además, habla de Valladolid, tierra en la que yo nací y en la que conservo muchos amigos, y por tanto conozco la situación y cuánto hay de verdad en lo que al artículo comenta.
Recuerdo de niño, cuánto repetían los profesores a nuestros padres la siguiente frase: "los listos a la universidad, los tontos a la FP". Tanto lo repetían que los padres lo asumían como verdad de fe. Y con suma abnegación hacían esfuerzos económicos para podernos pagar a todos la univesidad y esfuerzos dialécticos para motivarnos y convencernos de la conveniencia de dicho paso en nuestras vidas. Para endulzar más si cabe la elección nos regalaban visiones maravillosas de un futuro idílico, con un trabajo motivante y reconocido, con un nivel salarial estupendo y una promesa de vida llena de felicidad y placer. Solo faltaban los sonidos de violines y los fuegos artificiales.
Pero después de unos cuantos años de estudio y sacrificio la verdad distaba bastante de las promesas. Algunos efectivamente encontraron un trabajo que les gustaba y les proporcionaba unos emolumentos más que dignos, otros en cambio tenían que conformarse con trabajos rutinarios y nada motivantes y/o salarios bastante más bajos de lo esperado, y otros después de muchos sacrificios se veían ante la desagradable situación de no poder acceder al mercado laboral en nada que tenga que ver con su formación. De hecho creo que nuestra generación es en gran parte la generación de los desengañados, muchos conozco insatisfechos y deprimidos por la realidad que han encontrado al salir de la universidad.
Visto lo visto, quizá deberíamos replantearnos aquello de listos y tontos. Muchos hay que han aprendido un oficio, se han dedicado a él y viven ahora mucho más contentos y valorados que tantos universitarios frustrados. Así que entendamos de una vez que en la sociedad no solo hacen falta médicos, abogados o ingenieros, sino también fontaneros, electricistas, albañiles,..... y que la valoración de la vida de unos y otros es muy subjetiva, y la felicidad se puede encontrar en cualquiera de ellas.