Mostrando entradas con la etiqueta san valentin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta san valentin. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de febrero de 2010

Sin aire

De nuevo en el Farolito, cenando ricos tacos al carbón. Cuando la tomo con algo, qué obsesión, creo que es la sexta vez en una semana que ceno aquí, pero es que despues de una de esas clases de natación-masacre necesitaba reponer fuerzas, y el zumo de mango está tan rico…
Hoy la entrenadora me preguntaba, al verme tan ahogado en la orilla, que qué había hecho el domingo para estar tan cansado, o mejor, que qué me habían hecho. Con segundas, muchas segundas. Claro que ayer fue el día de San Valentín, y seguro que la comadre se hizo su composición de lugar; tal vez ella se imaginó que me había pasado el domingo haciendo el amor con mi novia supuesta, o algo así, a juzgar por la sonrisa de picarona y yo, que un día de estos me hago telépata, sobre todo cuando me falta el oxígeno (todo el mundo sabe que los habilidades paranormales solo se manifiestan en situaciones extremas de supervivencia agónica) lo adiviné con solo unos parpadeos.
Y yo pensando, pobre de mí, pero si esto es innato, rendimiento bajo innato, y que si esa estampa que ella se imaginaba, o practicamente declaraba, fuera cierta, mi amante iba a estar tan decepcionada como ella, a los dos largos y medio ya medio ahogado y pidiendo un descanso, no creo que le satisfaga mucho a nadie.
Entonces me acordé de este trozo del libro de Bolaño, no sé si para animarme o quitarle tremendismo a mi asunto, que igual es que las situaciones extremas agónicas estas me ponen un poco exagerado, aparte de morado.



Barbara Patterson, en una habitación del Hotel Los Claveles, avenida Niño Perdido esquina Juan de Dios Peza, México DF, septiembre de 1976.
"...le dije a Rafael que teníamos que hablar, pero Rafael dijo que quería seguir rolando con Arturo Belano, y yo le dije, pinche cabrón, necesito hablar contigo, y él dijo, más tarde Barbarita, más tarde, como si yo fuera una niña a la que violaba todas las noches en los lugares más indecentes y no una mujer diez centímetros más alta que él y por lo menos con quince kilos más de peso que él (tengo que ponerme a dieta pero con esta puta comida mexicana quién puede), y entonces le dije, necesito hablar contigo ahora y el padrote de mierda hace como que se toca los huevos, se me queda mirando y me dice ¿qué le pasa, muñeca? ¿algún problema imprevisto? ….
…yo estaba en México dizque para hacer un curso de posgrado sobre la obra de Juan Rulfo, pero en un recital de poesía en la Casa del Lago conocí a Rafael, y nos enamoramos en el acto. Esa misma noche lo arrrastré hasta el hotel los Claveles, donde aún vivo, y cogimos hasta reventar. Bueno, Rafael es un poco gandul, pero yo me las arreglé para tenerle en forma hasta que las primeras luces del día se desparramaron (como desmayadas o fulminadas, qué amaneceres más raros tiene esta puta ciudad) por Niño Perdido…

Roberto Bolaño, los Detectives Salvajes.

sábado, 14 de febrero de 2009

El amor en los tiempos de Hollywood

Rincón me dijo: "cuando vuelvas, escríbeme un correo y me dices qué libros te has comprado". Había salido a despejarme de mi encierro, el "booking" de estos días que me tiene absorto y sin mucho tiempo libre, y me encontré con nuestra familia favorita, que estaban aprovechando una tarde soleada, de las que no hay muchas.
Vaya, Rincón, al final no compré ninguno. Vi un anuncio colgando de una farola sobre una exposión sobre Chillida en el Patio Herreriano y me acerqué a verla. No la recomiendo, un poco simple. Creo que a Chillida hay que verle en su salsa, outdoors, y desde luego encerrado en un sala -sorprendentemente atestada - no luce tanto.

Al salir del museo, compré la peli del Amor en los Tiempos del Cólera. He oido que queda muy por debajo del libro, pero me entraron ganas de verla, y ver así tal vez un poco de Cartagena de Indias por adelantado, hacerme una idea de sus calles, de sus casas, y del aire colonial según lo idealiza el cine. Seguro que es otra impresion la que se recibe in situ, en el Cartagena real, pero ahora me doy cuenta de que ni sé muy bien dónde estoy yendo, ni que facha tiene, cosa que casi me anima mucho más. Fue en parte lo que elegió el destino. Descubrir, descubrir, descubrir. Nuevo, novedad, novel.

La peli debía estar de oferta, debieron echarla el otro dia en la tele, me dijeron en la tienda. De paso, el tipo que me la vendió asumió que era para mi novia, romántico regalo, y me la envolvió con mucho primor y un lacito floripondio. ¡Que curiosa la sique del vendedor! Programados por un calendario...

película "Amor.." + San Valentín = comprador tortolo.