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viernes, 4 de diciembre de 2009

Persiguiendo Departures


Despedidas, se llamaba la película, en español peninsular. En mexicano, Violines en el cielo.

Departures, en inglés, aunque es japonesa. La historia de esta pelicula ya viene de largo para mi, no sé desde cuando llevo intentándola ver. Debía ser desde septiembre u octubre. No antes, no pudo ser que quisiera ver una película japonesa antes de volver de Japón, y eso fue en agosto.

Primero la intenté ver en Madrid, en uno de esos cines V.O. de detrás de Plaza España que el Malabarista me recomendó. Creo que cuando no tenía mucho trabajo, tenía otros planes en Madrid, o simplemente no me apetecía meterme en una sala oscura cuando la luz del día aun estaba suficientemente presente como para disfrutarla un rato más. Y el crepúsculo se pone muy bonito en el Parque del Oeste como para perdermelo en un cine.

Ya perdí la oportunidad de verla en Madrid, y acercándose peligrosamente noviembre, y mi propia departure, fue cuando descubrí que la echaban en ese cine del área de Santiago, en Valladolid, Carrión creo que se llama. Pero eran días muy complicados y rara vez estaba en el centro antes de las ocho, que empezaba la función. Así que pensé que ya no la vería en el cine, tal vez en internet o tal vez, no era una película para que yo viera. Me conformé con haber visto Mapa de los Sonidos de Tokyo, a lo que mi hermano dice que Isabel Coixet me mandará una postal de navidad, ya que he sido el único que he ido a verla, y muy agradecida la catalana, me felicitará las fiestas personalmente. Bueno... así es mi hermano.

Quizás pase lo mismo con Departures que con Mapa de los...; la sensación de salida es relajación, y mientras, aparco la opinión para cuando el poso caiga.

Tardé un mes en darme cuenta que el off, y la imaginería de Mapa de los .. me había encantado. Como nadar en éter. Creo que fue ya estando en México, cuando fuimos a cenar al pequeño japonés de la Zona Rosa. Plato único de sushi para mi, gracias, como siempre.

Tecnologia punta mapera

Mientras espero para ir al cine a ver una japonesa, me estaba acordando de Manu, que se había enamorado de Japón, entre otras cosas, por el uso de tecnología puntera: en trenes, en el metro, incluso en las aceras de las calles.
Aquí dejo la última tecnología en intefaces interactivas hápticas para mapas holográficos, que recibimos en Aso, la caldera volcanica activa de la isla sureña de Kyushu.


vamos, ..¡perdidos de la mano de _ _ _ _ que estábamos para ver este tipo de avances técnicos!

domingo, 13 de septiembre de 2009

Mizuha-so Miyajima

El tatami da una falsa sensación de higiene, quizás por liso, y por el color crema. "Japanese tatami" dice la mujer, aganchándose para tocarlo, en un gesto que quiere decir "auténtico". La señora es bajita, rechoncha, vieja y tiene dificultades para moverse, al menos, segun evidencia la forma en que después bajaría las empinadas escaleras, de escalón estrecho y moqueta verde, que bajan al minúsculo portal. En el pasillo, el olor a cloaca deja un cosquilleo que perdura ya en la habitación. Nos miramos; debe de venir de los servicios de la planta, o de humedad que se acumula. La casa está construida contra la ladera empinada, y algunas salas, como el baño de la planta baja, ofrecen espectaculares vistas a la nada, a la roca. "Sucio", flota en el aire, dicen las paredes. La sensación es la misma que la de los hoteluchos de Londres, asfixiados de moqueta. En el servicio solo hay retrete japonés, eufemismo blanco de agujero en el suelo, y la sala incluye un ricón vallado, un altar, para rendir culto a unas telas de araña que caen sobre las flores de plástico. La señora no limpia allá, pero hay flores.
La habitacion es amplia, muy amplia, y afortunadamente escasea la decoración, que de otro modo acumularía polvo y mal gusto a partes iguales. Tras la primera impresión, tras el primer impacto, la vieja nos muestra con la mano los futones extendidos en el suelo, y supe con seguridad que aquella noche dormiríamos sobre un colchón de ácaros.
"Japanese tatami" dice de nuevo ella, haciendo gala de un inglés anoréxico y unos modales remotamente nipones. La señora es un incordio, lacerantemente repetitiva y tosca como un bocadillo de arena. Pero estamos en Miyajima, y las islas sagradas se pueden permitir que las pastoras de turistas regenten agujeros a nueve mil yenes la noche.

domingo, 30 de agosto de 2009

La gran ola de Kanagawa

El mar furioso y los montes altos, volcánicos, son dos poderosos símbolos de Japón, reunidos en un solo grabado por su autor, Hokusai. Un tsunami temible en primer plano y el monte Fuji, manso, en el fondo.
Diría que a cualquiera esta imagen le puede evocar una estampa del oriente remoto.
A nosotros nos acompañó en cada tren durante todo el recorrido por "la fuente del sol", Nihon, poniéndonos poéticos.
A mí, el recuerdo que me trae la imagen es necesariamente marino, y eso sólo se dió en la costera ciudad de Beppu.
¿Cómo sería el recuerdo?

"Mil quinientas cucacarachas blanquecinas se mueven al unisono, en coreografía centrífuga perfecta sobre el eje de nuestra sombra, que se arrastra sobre el murete del lastimoso paseo marítimo de Beppu; un minúsculo pasaje de hormigón que se escurre furtivo, arrinconado entre la línea de hoteles y el mar portuario. A la luz del farol no se ve, pero se presiente manchado de grasa y fuel. Como el ballet de cucarachas fugitivas, que no se ven, pero vibran, se intuyen, ondulan. Es como la propia Beppu, atartallada entre los montes humeantes y ese mar, aceitoso, acerado, de aire cálido..."



神奈川沖浪裏

sábado, 29 de agosto de 2009

Grandes esperanzas

Hoy estoy que me subo por las paredes. No puedo parar quieto, y confieso que no me concentro bien. Hacía que no estaba tan emocionado desde que por fin me senté en el aeropuerto de Barajas a finales de marzo, después de casi tres semanas sin parar, y darme cuenta de que iniciaba el viaje a Colombia y que además, en dos semanas me reencontraría con uno de mis grandes amores: México lindo. Ah...(sostenido)... América...(suspiro). No entiendo cómo Colón nunca quiso reconocer al continente, en vez de seguir engañándose con su Catay y su Cipango, su China y su Japón.

Por cierto, Japón estuvo muy bien, me deja un sabor a soja en la boca, un rojo bermellón en la retina, y varios pensamientos en el espíritu. Pero no es América - aunque un trocito de México lindo vino conmigo.

Y tras Japón, me inunda la perspectiva de pasar seis meses en América, ni en el norte ni en el sur, sino en ambos, a dos mil ochocientos cincuenta metros de altura...
Si creyera en Dios, en Santo Tomás de Aquino, -o en cualquier otro Inexistente-, iría a ponerles velitas. Al primero para que recé por mi para que nadie se arrepienta. Al segundo, para que no me gafe con el "Aquíno puedes venir (no tenemos presupuesto)".

Buddha, ...I love you!

lunes, 24 de agosto de 2009

Dulces japoneses

Le traje a mi hermano una caja de dulces que compré en Tokyo.

Me envía un SMS.

- "Los bombones están cojonudos. Un poco raros al principio, pero enganchan."


Respuesta:

- "Va a ser como los mismos japoneses y su cultura. Un poco raros al principio, pero luego enganchan."


domingo, 16 de agosto de 2009

I love Buddha

La noche que pasamos en Koya-san soñé. Alguien me enviaba por correo postal un paquete a uno de los alojamientos de nuestra ruta, a mi nombre. El emisor debía conocer perfectamente nuestro itinerario en Japón para saber que tal día pasaríamos por allá, para arriesgarse a hacer el envío. El paquete contenía dos camisetas, y dos polos, de igual color rojo, el bermejo de las puertas torii de los santuarios, e incluía alguna bagatela más que no recuerdo. Una de las camisetas lucía estampada la frase "I LOVE BUDDHA", al más puro estilo de la mercadería para fans. En el sueño pasaban mas cosas, pero sin duda este fue uno de los aspectos que me quedó grabado el resto de viaje, ¿quién me habría enviado ese paquete?
Lo entendí más tarde, al final del viaje, en un hotel de Tokyo, leyendo un librillo sobre las enseñanzas de Buddha, que venía de serie con la habitación. Murakami me salía por las orejas y ya no me apetecía empezar la N-ésima novela, y después de recorrer tanto templo budista, parecía adecuado conocer un poco más. Jesús me preguntó si pensaba hacerme budista; la respuesta, un no rotundo. Para mi, otro iluminado que cree que su verdad es la única, por buena bonita barata, y otras tripletas, que sea, y que busca congregar un buen puñado de fieles ceropensantes que se adoctrinen en su perorata. Apelando al instinto básico de la vida, "reproducid e infectad a otros sentientes con lo que yo os he enseñado, mi camino, la luz, mi verdad, es palabra de dios, (o en su defecto, cualquier otro eterno)". Que sí, que el budismo será más comprensivo que otras religiones, pero al final, el patrón es similar. Fumado bienintencionado que crea masa crítica de seguidores póstumos que lo divinizan y proyectan en la eternidad hacia adelante y hacia atrás para crear mito y leyenda.
Con semejante ateismo, encajé la historia del merchandising "I LOVE BUDDHA" del sueño en Koya. Lo que mi yo onírico ya presentía, que el propio Buddha me había enviado ese paquete, a ver si así conseguía mi voto. Pues lo siento, chico, pero no...

domingo, 2 de agosto de 2009

Kinkaku ji

Me encanta la metafora del Pabellon Dorado, el templo budista kyotota. La conoci cuando vi la pelicula autobiografica de Yukio Mishima, que inmortalizo en novela la historia real del monje que se obsesiono tanto con la  belleza del templo que llego a quemarlo.

Mas que su pasion por la estetica del templo, el monje descubrio que era mas bello el reflejo del templo en el estanque sobre el que se yergue, que la propia vision del objeto real.
La realidad esta llena de reflejos, y ahi quien solo la percibe,distorsionada,para bien o para mal, a traves de los mismos.