jueves, 29 de mayo de 2008

Liechtenstein onírico

¿No os ha pasado que cuando soñáis, justo al despertar es cuando el recuerdo de lo soñado es vívido, fresco... y os váis olvidando según avanza el día, por momentos? Estos días, cuando sueño y me levanto, intento memorizar todos los detalles y sensaciones y tomar alguna nota antes de salir de casa por la mañana, para luego tratar de reconstruir el sueño.
Esto es lo que soñe anoche.


Viajaba al principado de Liechtenstein, en tren. La estación a la que mi convoy arribaba tenía el mismo aspecto que la londinense King's Cross, antes de la reforma, pero también recordaba a esas antiguas estaciones de las primeras compañías ferroviarias de montaña, como la estación de Peruvian Railways en el Cusco. Y esos vagones incómodos de aspecto vintage eran clavados a la decoración peruana de entonces, casi un clásico de película a lo Orient Express llena de personajes refinados sociabilizando en una estampa bastante traqueteante. Ya terminando el viaje, el tren coleaba y avanzaba por unas vías estrechas, en medio de un entorno agreste justo a orillas de la nave de la estación, reminiscencias del recorrido del Vistadome que nos llevó en los Andes hasta los aledaños de la Ciudad Perdida de los Inca. Pero esto eran los Alpes, en el pequeño Liechtenstein, en Europa.
Cuando bajé al andén, cargando con la mochila de alberguista que compré el año pasado para el viaje a Rumanía con el Malabarista, les vi a lo lejos...
Amigos.
Me habían venido a buscar, ¡que bien!
Cuando uno llega a un sitio extraño, contar con la presencia de seres queridos, reconocibles, hace que el entorno sea más familiar y uno siente que hay un pedacito de casa, una isla, desplazado en lo indómito. Bueno no exageremos, de indómito poco, aquello era un continuo trasiego de gente que iba y venía, de chirridos de locomotoras ¿a vapor? (¿en el siglo XXI?) y silbidos, habituales del día a día, cotidianeidad de una estación cualquiera.
Pero ¿por dónde íbamos? Ah sí: amigos. Me habían venido a buscar a la estación. Allí estaban Henry y la parejita, Rómulo y Rincón. Después de los abrazos, los que-tal-el-viaje, que-tal-vosotros, los bien-y-vos, qué-guapa-estás, los besos y las palmadas es cuando empecé a notar cosas raras. Henry llevaba el traje "hoy vengo declaradamente arreglado" que le he visto en ocasiones en eventos, sobre todo de trabajo. Y la parejita vestía con unos ponchos étnicos muy sobrios y elegantes a la vez, demasiado parecidos entre sí si no fuera por el tocado de malla blanca, plumas verdes de ¿queztzal? un tanto desvahídas y cintas doradas que Rincón lucía. "¿De donde vendrán estos dos?" pensé. Segunda cosa rara, Rincón ya no estaba embarazada, y no había rastro de bebé alguno en los alrededores. Henry, siempre tan servicial, amarró mi mochila (como si yo la hubiera llevado todo el viaje y estuviera cansado de pujar por ella) y comenzamos andar, con Rómulo y Rincón delante
- Amic, qué elegante vienes.. - le digo mientras le doy palmaditas en el hombro revestido de americana.
- ¡Ya sabes que yo siempre vengo elegante..! - contesta Henry, riendose socarrón, con ese tono tan suyo una mezcla torrefacta entre sarcástico y Torrente. -, ¡bueno! la ocasión lo merece , ¿no?
- aaaahhhm... -debí arquear una ceja, preguntándome qué ocasión debía ser esa.

Rincón se giró para atrás, oyendonos, dirigiendo una mirada-reprimenda a Henry y soltó una risita je-je-je, mientras Rómulo, vista al frente, seguía charlando como si nada de vete a saber qué. Y yo pensaba que ibamos a una casa rural versión alpina, e iba hecho un zaparrastroso estilo xdye con los vaqueros viejos y una sudadera-chaqueta-capucha de esas que se llevan ahora.

Entonces llegamos a la rampa. Todavía estábamos dentro de la estación, que ahora recordaba a un Paddington (debe ser que en España no tenemos estaciones con solera...) demasiado dorado, un amplísimo y soleado espacio se abría para albergar una especie de muelle donde se amarra-- ¿qué es eso? ¡un edificio!. La escena me recordaba aquella de una película de Indiana Jones donde los protagonistas suben a un zeppelin. Era una especie de edificio-plataforma-flotante de dimensiones gigantes, con aspecto de carabela metamorfoseada en un aerostático verticalmente ambigüo y ondulado con trazas de casino-Hotel. Me paré sobrecogido, boca en modo buzón.
- Amic...- alcancé a decir, esperando que Henry me aclarara qué es.
- Vamos, daviz, llegaremos tarde- dijo Ricón -debemos ser los últimos ya...
- Somos los últimos- coreó Rómulo, ampliando la sonrisa que nunca pierde.

Cuando uno sueña con Liechtenstein espera un paisaje tirando a agreste en medio de los Alpes, no una especie de Dubai decorado a la mode taberna irlandesa.
- Vamos- me empujaron y caminamos hacia la rampa de abordaje.
Confirmado, es un muelle para aerostáticos y otras bestialidades volaradoras, planeadoras y aeroflotadoras operada por la compañía Liechtenstein AeroTräume GmbH, según se leía en una placa de bronce al pie de la rampa.
Había un mostrador donde una azafata nos pidió la documentación.
- Please sir , your VISA card and a phote identification - dijo la joven.
- La visa? - me extrañé.
- Just for locating your booking and for confirmation purposes.
No entendía de que iba eso, pero me resigné. "¿Quién habrá hecho la reserva? ·Qué mas da, Daviz. Paga, dásela". Saqué mi tarjetero y le fui dejando mi tarjeta de crédito en lo que buscaba el DNI. Rincón y Rómulo ya habían pasado el control y estaban a diez metros de nosotros dos. Rómulo empezó a saludar exagerdamente agitando la mano, como hacen los niños pequeños, gran sonrisa en la boca, siempre. Henry seguía conmigo, esperando pacientemente. Le doy a la azafata el carnet. Lo examinó, me observó y me lo devolvió:
-Sir, this is your library card. Can I have your official ID card or your EU citizen passport, please?
El puñetero carnet de la biblioteca, le di. Probé con otro de los carnets, pero no sé que pasó que empecé a no ver bien. Henry seguía ahí a mi mi lado esperando, él ya ha había hecho la pertinente comprobación. Oh no, los ojos me pesaban, de sueño. Pensaba que la tan manida broma de mi narcolepsia era eso, una broma. Nunca me había pasado a pleno día, pero empezaba a tener tanto sueño que apenas veía. Me pesan los párpados. Le entrego otro carnet a la señorita de AeroTräume, pero por lo visto es el carnet de conducir y no le vale. Párpados de hierro. Derrotado dejo todo el contenido encima del mostrador, ya sin apenas abrir los ojos y sumido en una somnolencia que me va venciendo. Paz, oscuridad. Ya no veo nada. Henry se ha debido hacer cargo de la situación y noto que me guía, sujetándome el codo y caminamos. Morfeo me está abrazando fuerte, y Henry me sujeta. En la oscuridad, sigo caminando, y debemos entrar en algun sitio del hotel-volador-aerostático. Oigo a lo lejos desde la espesura en la que estoy sumido voces, algo de buscar al Malabar, a Valkyria, la Doctorcita y algunos amigos suyos, que deben estar por allí. También oigo, con efecto doppler, a Isa maravillandose de las habitaciones, habéis-visto-chicos, que-lujo-chicos. Qué de gente ha venido.
Oscuridad total.
Cuando despierto, estoy solo. Ni rastro de nadie conocido. Estoy en una habitación-camarote decorado estilo victoriano, y cuando salgo al pasillo no hay más que moqueta, y la colmena de puertas se organizan en torno al inmenso hall que viene desde la planta baja hasta el último piso, vete-a-saber-cuál-es. ¡Es tan parecido al Grand Melia de Reforma! Ni rastro de mis amigos. Abajo en el hall hay una piscina, como en algunos Holiday Inn en Estados Unidos.
- Perdone, ¿donde está la recepción?, pregunto una vez en la planta baja a una asistente que pasaba- No la veo por ningun sitio, y no sé donde estan mis amigos.
- La recepción cerró al salir de Liechstesntein- me dice, curiosamente en un español de Burgos, perfecto.
- ¿¿Ah, pero es que este bicho se está moviendo??
La chica me mira de abajo arriba como si de repente hubiera visto un OVNI, un elefante rosa o a Jimenez-Losantos vestido de bailarina de ballet, tutú incluido,... ella ni se inmuta, ni contesta, y se marcha, y allí me deja. Me acerco a la piscina, pero no hay pers--
De repente la música empieza a sonar a todo trapo por la megafonía

Giggin' alone at the bottom of my hill My scavenger time it drives me so mad and ill Who brought the news today - she ran away? ....

¡¡Es Jammin*Inc y su Raggapunk!! ¡Pero si es una de mis canciones favoritas! ¿qué hace sonando aquí? Y va en crescendo...

She ran away ..she ran away from me! Where will you go? wanna dissappear.. Can't let my eyes on you
..

¿Y ese zumbido? Sale de mi móvil.. estoy ..en mi habitación.. de mi casa.. despertando del sueño. La alarma. El móvil. Claro, ...ooohh...lo que suena es la música que tengo de alarma. El sueño se desvanece, y con él, el hotel-aerostático, Liechstenstein-dubai, y el fin de semana rural-alpino.

2 comentarios:

malabarista infernal dijo...

Quiero fumar eso que fumas antes de dormir......:-)
me alegra ver que el retomado arte del dibujo va por tan buen camino, ..
un abrazo amigo

Henry Gondorff dijo...

Buff! menuda imaginación que tienes daviz-illo! y soñando! Oye estás muy creativo últimamente, me alegro un montón, por tí y por los demás que lo disfrutamos ;-)