lunes, 14 de julio de 2008

Dignidad


Según la RAE:

3. f. Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse.


Viernes, 9 de la tarde, la Latina, zona de tapeo del centro de Madrid. Estamos tres amigos tomando unas cañas y empezando a disfrutar del fin de semana, hace un tiempo estupendo, los bares están llenos, todo el mundo está en la calle de fiesta, celebrando el verano y el fin de la semana laboral. ¿Todo el mundo?, quizá no todo el mundo. Mientras estamos charlando se acerca a nosotros el sexto vendedor de rosas, es un hombre de tez oscura, asiático, y con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro, su cara me es conocida, lo he visto muchas veces cuando he estado de fiesta, esa sonrisa es difícil de olvidar. Se acerca a nosotros a ofrecernos las flores, con mucha educación y una sonrisa le decimos que no, el hombre insiste, son baratas nos dice, y además os regalo una canción, soy cantante. Nos cuenta que tiene algún problema médico, no comprendo muy bien, pero creo que el problema lo tiene algún familiar, su cara ya ha ocultado la sonrisa, el dolor pesa más que el antifaz para trabajar. Le compramos una, pero le decimos que se quede la rosa, que la venda después y así saque algo más de dinero, y que no hace falta que os cante, su cara no trasluce fiesta, sino gravedad. Él no queda conforme, no está pidiendo limosna, sino trabajando, y no aceptará dinero a cambio de nada, eso no sería justo. Cambia su cara y nos ofrece una lista de géneros de canción, escogemos folk, cierra los ojos, se concentra y tras unos segundos de silencio alza la mirada, sus ojos han cambiado, hay un nuevo brillo en ellos. De su boca comienza a salir una melodía lejana, que vuela a través del tiempo y del espacio, desde la remota India. La alegría de la música transforma a nuestro cantante, suelta su ramo y junta las manos sobre el pecho, acompaña la dulce de melodía con un pequeño baile tradicional, salta del folk al amor, cierra los ojos y sonrie mientras canta, supongo que recordando tiempos mejores, sueños olvidados, o quizá no olvidados, más bien ocultados por el peso de la vida.
Cuando termina le aplaudimos entusiasmados, ha sido precioso. Nos da la mano a los tres, le damos las gracias y le deseamos suerte, intercambiamos sonrisas y buenos deseos, y acto seguido le vemos subir las escaleras para continuar su trabajo, porque eso es lo que hace, trabajar para mantener a su familia.
Cuando se va recuerdo que me ha hablado en español y en inglés, y me ha contado que es de la India. Este hombre tiene una gran voz y habla tres idiomas, .. y se gana la vida vendiendo rosas. Quizá el mundo es demasiado complicado para que yo lo entienda,... o quizá demasiado sencillo para que lo acepte.

1 comentario:

Henry Gondorff dijo...

Está claro que la vida es una fórmula con muchas incógnitas, y muchas veces aunque tengas el valor de la mayor parte de las incógnitas quizás te falta la más importante, la suerte, es decir, el sitio y el lugar adecuado.

un abrazo sonriente.