martes, 27 de abril de 2010

3 euros y un viaje de bono-bus


Hoy casi caigo en la tentación de repetir la mañana de ayer. Y es que me levanté una hora después de haber sonado el despertador, y como mi hija seguía dormida lo tuve claro, ese día hacíamos "novillos". En vez de ella ir a su guardería y yo ponerme con mi alemán, nos fuimos al centro de la ciudad para deambular bajo el azul radiante del cielo y envueltas en el calor del sol tan generoso que había esa mañana.
La nena descubría sitios nuevos, como la biblioteca de San Nicolás, aunque en ella se llevó una pequeña decepción, pues iba tan contenta con su carné naranja al mostrador, y allí nos dimos cuenta de que la zona infantil estaba cerrada al público. No abrían hasta las 16:00. Incomprensible. Pero seguimos nuestro lindo paseo.
Un grato y fortuito encuentro le sirvió a la niña para atiborrarse de "gusanitos" ajenos.
Después, para rematar la escapada matutina y prepararnos para el regreso a casa, paramos en una plazuelita para tomar un aperitivo en la calle. Qué sensación más buena y placentera. Nunca había estado disfrutando de algo así antes con mi hija, siendo ella igual de protagonista activa que yo en esa salida improvisada de la rutina diaria. Sin prisa ni preocupación alguna. Como si sólo existiéramos ella y yo.
Por eso hoy he estado tentada de volver a hacerlo, de no haber sido por un punto de conciencia y consciencia maternal que se ha presentado a la 3.ª vez que sonaba, de nuevo, el maldito despertador.

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