
Hace poco leí en una novela de Paul Auster que "la mente tiene mentalidad propia", frase con la que, tengo que aceptar, estoy totalmente de acuerdo. Y es que últimamente cada cosa que decido luego resulta que no la llevo a cabo. Hay que joderse.
Hace unas semanas, por ejemplo, decidí no volver a tomar café con leche (mis razones tengo), pues en los últimos 7 días ya lo he tomado 3 veces.Decidí también no hace mucho restringir la ingesta de embutidos y carne, y esta semana he rebasado el límite aconsejable según la pirámide nutricional.
Otra decisión que tomé fue la de reducir la frecuencia de llamadas al tele-pizza, tele-paella, tele-pollo y tele-chino, y sin embargo no recuerdo cenas "decentes" últimamente.
Hasta decidí dejar de fumar hace años y la madrugada del viernes al sábado casi sucumbo.
Lo que más a conciencia recientemente también me propuse fue la de no sufrir pensando tanto las cosas, y no hay un solo día o noche en el que no me den ganas de llorar (la última vez en el autobús y repleto de gente, a ver cómo disimulaba si no llevaba las gafas de sol).
El día que decido limpiar el baño, ese día seguro segurísimo que no lo limpio.
Si voy a la biblioteca por novela, saco un ensayo, y si voy a la farmacia por leche y cereales para mi hija no compro la leche y sí a cambio un cacao y paracetamol.
Tenía una boda para la que había decidido firmemente ponerme un vestido negro y una chaqueta achampanada, y terminé con un vestido azul y los hombros al aire.
Mi última decisión en firme había sido abandonar este sitio y no escribir más, y ahora resulta que a las 02:20 de la mañana estoy aquí conectada intentando decir algo coherente.
(A ver si después de haber perdido el tiempo en escribir esta chorrada decido tocar la tecla del supr. ¡Ah que no importa! Que de ser así seguro que aparece en el blog...)









